El Bosco: basta con el asombro

Un repaso por algunas obras de uno de los pintores más importantes del Renacimiento, a 500 años de su muerte.

“El jardín de las delicias” está en el Museo El Prado, Madrid.
“El jardín de las delicias” está en el Museo El Prado, Madrid.

“…sólo a través del arte es posible recobrar el tiempo perdido y saber lo que otros piensan de este universo, que nunca es el mismo para cada uno de nosotros”.

Marcel Proust

Hieronymus Bosch, El Bosco, es uno de los pintores más fascinantes de la Historia.

Inútil pretender descifrar los laberintos de su mente. Después de incontables horas de estudio y observación de sus obras, he comprendido que la mejor manera de abordarlas es bajo la perspectiva del asombro.

Desde luego existen múltiples teorías acerca de la clave de los símbolos que podrían representar sus extrañas criaturas, curiosos animales e inverosímiles objetos.

Así por ejemplo:

Las fresas: la fruta del deseo

El cristal: la fragilidad del amor

Los peces: la sensualidad

El huevo: el secreto de la vida

El embudo invertido: el falso conocimiento

Los árboles secos: la muerte

Los dados: el azar

El heno: los bienes terrenales

El fuego: el castigo eterno

El cuchillo: la violencia masculina

El búho: la sabiduría … (tan difícil de alcanzar)…

Nunca acabaré de encontrar, en el fantástico universo de su imaginación, nuevas formas con nuevas alusiones, pero sí tengo muy clara una idea: el pintor se llevó consigo, hasta el territorio de la muerte, los secretos fundamentales de sus sueños y sus pesadillas. Creo, además, que ese era su propósito: crear un código secreto de imágenes, una zona de tensiones metafísicas, un alfabeto de incógnitas que por siglos y siglos siguieran inquietando la conciencia de los hombres.

El jardín de las delicias, la más célebre de sus creaciones, es un alucinante reflejo de la humanidad.

El paraíso, en el panel izquierdo, muestra un paraje aparentemente idílico pero donde ya existe la simiente del mal: el gato da muerte al ratón… La tabla central puede leerse –según el enfoque vivencial de cada observador– como el delirante goce de la vida o como el clímax de la lujuria y el pecado. El panel izquierdo representa un infierno aterrador donde existe un castigo para cada culpa.

El jardín es uno de los mayores tesoros del Museo del Prado y en este año se ha organizado allí una exposición realmente única que reúne gran parte de las obras del maestro. Es un homenaje al quinto centenario de su fallecimiento.

Hoy sus pinturas intrigan, y cada vez más profundamente, a observadores, analistas y amantes del arte.

Pienso que las más hermosas y emblemáticas son:

El jardín de las delicias - Museo El Prado, Madrid; Las tentaciones de San Antonio - Museo Nacional de Arte Antigua, Lisboa; El carro de heno - Museo El Prado, Madrid; Visiones del más allá - Palacio Ducal, Venecia.

Hace algunos años realizamos un viaje inolvidable que llamé Bosco-Safari. Comenzamos el itinerario en Hertogenbosch, pequeña ciudad holandesa, cuna de Hieronymus Bosch y sus ancestros. Recorrimos varios países europeos visitando grandes museos y pequeñas galerías, buscando originales del maestro flamenco y tengo la felicidad de haber visto un alto porcentaje de éstos.

Qué maravilla es poder afirmar, al final de la vida, que el mundo aún ofrece grandes emociones estéticas y poder gozar con la huella que dejaron los artistas, cuyo talento no es preciso ni posible esclarecer: saber que para aproximarnos a su genio basta con el asombro.

 

 

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