El canto del cambio

Nacida en Girardot, radicada en Barcelona, esta artista se ha convertido en la nueva voz de la canción social, con proyectos multidisciplinarios.

/ Archivo particular

En la canción hay una mujer, un hombre atormentado y una niña de cuatro años. Hace siete años que ocurrió. Marta Gómez grabó El círculo, un tema compuesto por Kris Kristofferson. La canción —inspirada en la pintora iraquí Layla Al-Atar y en los desaparecidos de la dictadura argentina— gira alrededor de preguntas que siguen la línea continua de una espiral sin fin. ¿Quién apagó la luz? ¿Quién mató a esa mujer y huyó como una bestia en la noche?

Era la noche del 26 de junio de 1993. Más de una veintena de misiles guiados fueron lanzados por el ejército de los Estados Unidos al cuartel general del Mukhabarat (servicio de inteligencia iraquí). Los relojes de Bagdad marcaban las dos de la mañana del 27 de junio cuando veinte misiles alcanzaron el objetivo. Tres misiles se desviaron. Uno de ellos destruyó la casa de Layla Al-Atar. La pintora y su esposo perdieron la vida. Rema, la hija de la artista, sobrevivió a la explosión. Permaneció enterrada bajo los escombros de su casa durante cinco horas. Cuando la encontraron, había perdido la visión de un ojo. El ataque provocó la muerte de ocho civiles y alrededor de trece personas resultaron heridas. La muerte de Layla Al-Atar causó gran conmoción en su país. La artista fue directora del Museo Nacional Iraquí de Arte y estaba involucraba en acciones que promovían la paz.

¿Quién apagó la luz? ¿Quién mató a esa mujer y huyó como una bestia en la noche?

Poco tiempo después de grabar la canción de Kristofferson, Marta Gómez recibió un mensaje, una confesión: “Yo tengo la respuesta a tu pregunta: soy yo. Yo soy el soldado que apretó el botón del misil”. Randy Abel le contó a Marta Gómez que se sentía atormentado, perseguido por el fantasma de Layla Al-Atar. La artista iraquí se había convertido en su condena y al mismo tiempo en su salvación. Empezaron a intercambiar mensajes. Randy Abel estaba obsesionado con promover el legado artístico de la pintora. La cantante, que también atravesaba por una situación personal difícil, trataba de encontrar palabras que pudieran aliviar su sentimiento de culpa. Y había una niña, una niña de cuatro años que asistía a todos los conciertos de Marta Gómez en la ciudad de Boston. Una niña que la miraba fijamente, que apenas parpadeaba entre canción y canción. Al final de cada presentación, se acercaba a la cantante y le “salvaba la vida” con sus abrazos largos y apretados. En una ocasión, la cantautora quiso saber su nombre: “¿Cómo se llama tu niña?”, le preguntó a la madre. “Se llama Layla”, le contestó ella.

Marta Gómez escribió una canción para Randy Abel y para las dos Layla. Para la pequeña Layla, la de los abrazos largos y reconfortantes, y para la Layla que castiga al soldado que la recuerda y la busca con obstinación. Para la Layla que suspira escuchando sus canciones y para la que se fue en un sueño, la Layla que ya no siente nada.

Para Marta Gómez, la guerra es un esfuerzo inútil, un total desperdicio de imaginación y de recursos. Durante el verano de este año, la cantante y Julio Serna —su compañero— lanzaron una invitación a sus amigos artistas, a sus seguidores en las redes sociales, a todo aquel que quisiera sumarse a su propuesta: “He invitado a amigos artistas de todas partes, a cantarle a la vida y a decirle, a gritarle, a cantarle al mundo que no queremos ser parte de esta guerra ni de ninguna otra, nunca más. Empecé con un verso y a ese verso se le fueron sumando otros y luego otros, y así, nuestras voces se hacen fuertes y cantan a coro: Para la guerra, nada”. La pareja se encuentra inmersa en la promoción de Este instante, el nuevo disco de la cantautora, pero se mantienen muy atentos a los progresos de un proyecto que, sin lugar a dudas, ha conseguido superar sus expectativas. El pasado 4 de noviembre compartieron un mensaje a través de las redes sociales para reiterar su agradecimiento: “Queremos agradecer a los que se siguen sumando a esta iniciativa con sus propios videos, poemas y demás expresiones artísticas. Nos encontramos de gira por América y nos queda difícil seguirlos a todos para agradecer uno a uno. Siete mil quinientos miembros en el grupo, más de 65 mil reproducciones en Youtube, un sinnúmero de videos, poemas, versos, fotos, ilustraciones. El mensaje sigue siendo el mismo: Ni un segundo de nuestro tiempo para dedicarlo a la guerra”.

 

* Escritora y colaboradora de El Espectador especializada en música.
 

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