El chelo en crecimiento, Santiago Cañón se presenta en Bogotá

El músico colombiano se presentará en el Teatro Mayor al lado del violinista ruso Yuri Bashmet, quien lidera el colectivo Los Solistas de Moscú. Perfil de un joven talento.

Santiago Cañón. /Archivo El Espectador


La música es tan habitual en su casa como la comida. Por eso Santiago Cañón no recuerda muy bien cuándo fue su encuentro con el arte sonoro, aunque si tiene muy claro que su primera dolencia, a los 5 años, fue una tendinitis leve ocasionada por la ejecución de un instrumento que en ese entonces lo superaba en tamaño.

Esa inflamación del tendón es, tal vez, la única molestia que le ha ocasionado el ejercicio de la música porque de resto le ha traído momentos memorables y muchas sorpresas, la que le dio su colega chileno Andrés Díaz al regalarle, en pleno concierto en el auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional, el chelo con el que ha realizado los recitales más importantes en América y Europa. En esa oportunidad se estaba celebrando la noticia del premio otorgado a Santiago Cañón por parte de los empresarios Mayra y Edmundo Esquenazi, con el que podía continuar sus estudios con todos los gastos cubiertos en la Universdad de Waikato en Nueva Zelanda.

Con ese obsequio, Cañón quedó con cuatro chelos. El primero fue el que le ocasionó la tendinitis y con el que su mamá, su primera maestra en el instrumento, le impartió las lecciones iniciales. El segundo lo acompañó en una etapa de mucha exigencia en la que empezó a interiorizar su deseo de vivir de la música. El tercero es un chelo polaco fabricado en 2005 y que él define con dos palabras que resumen también su personalidad: callado y noble. Y el cuarto representa un abrazo entre colegas, uno consolidado, exitoso en todas las latitudes; y el otro en plena formación pero con un futuro brillante. Lo curioso de este instrumento es que su actual poseedor no tiene la menor idea de dónde salió, ni quién lo hizo porque no tiene ninguna marca... pero eso sí, suena de maravilla.

“El chelo se parece a la voz humano, en él se pueden encontrar tanto los registros altos como los bajos entonces puede haber voz de hombre y de mujer también. El violín solo tiene la gama femenina y el contrabajo la masculina, pero en el chelo están todas reunidas”, comenta Santiago Cañón quien integra una familia de músicos porque su papá, Ricardo Cañón García, es clarinete bajo de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, su mamá, Rocío Valencia, es también chelista, y su hermana estudia violín en los Estados Unidos.

A los 9 años, Cañón se presentó con la Filarmónica e interpretó el Concierto en ‘Do mayor de Joseph Haydn’ (1732 - 1809), una obra que los más grandes críticos opinan que solo se puede ejecutar con varias décadas de ejercicio profesional. Tres años más tarde fue invitado en la modalidad de Joven Talento al Cartagena Festival Internacional de Música y allí su fama se incrementó gracias al dominio del instrumento. Desde entonces la Fundación Salvi, organizadora y gestora del encuentro musical, ha creído en su talento y lo ha apoyado en la realización de conciertos en Colombia y en el mundo.

Los instrumentistas más intensos ensayan 16 horas al día, hay otros que por rutina o exigencia propia necesitan de ocho. Sin embargo, para Santiago Cañón cuatro son suficientes. Él comienza con el repaso de la técnica. Escalas. Dobles cuerdas. Ejercicios de velocidad. Luego viene la preparación del repertorio específico para el concierto y listo.

“Conozco muchos músicos que están muy pendientes de la técnica pero creo que la música es mucho más que notas. Si quieren que no se desafine nunca y que la ejecución sea perfecta, pues que pongan un computador a tocar. Creo que la técnica está en la base y luego el camino más largo es meter la música en el abrigo de los sentimientos”, dice Santiago Cañón quien afirmó que sus cellistas favoritos son el chino y norteamericano Yo-Yo Ma, el holandés Pieter Wispelwey y el español Pau Casals.

El futuro de Santiago Cañón en la música solo augura aplausos y aclamaciones. Sus proyectos, además de continuar con éxito se preparación en Nueva Zelanda, incluye la realización de su primer registro discográfico para el que ya tiene el repertorio seleccionado: ‘Puneña’ de Alberto Ginastera, ‘Suite para cello solo’ de Gaspar Cassadó, y la ‘Sonata’ de Zoltán Kodály.
 

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