"El chelo es mi portavoz"

El brasileño Jaques Morelenbaum, quien ha tocado con Tom Jobim, Gilberto Gil, Caetano Veloso y Sting, logra mezclar el arte del instrumento con su labor como arreglista.

Jaques Morelenbaum le encargó a un luthier la elaboración de un chelo con cinco cuerdas para demostrar que ese instrumento está en permanente evolución. / Roberto Cifarelli

Jaques Morelenbaum figura en algo más de 700 trabajos discográficos, pero siempre su nombre ha estado acompañado por el de otros músicos. Sin embargo, en agosto saldrá su primer álbum de chelo solo, todo un suceso para el músico brasileño, que piensa que la vida comienza a los 60 años y por eso tomó el riesgo de grabar, masterizar y luego publicar un disco como único responsable de su rúbrica.

Ha tocado con orquestas sinfónicas, también lo ha hecho al lado de pianistas, de bandas de rock, de jazz y en exigentes formatos de cámara, pero jamás había sentido la necesidad de conectarse con el público únicamente a través del empleo de las cuerdas de su instrumento. Algo en su interior le indicó que con la experiencia, con la sensibilidad y con su forma de entender el arte sonoro desde aristas tan distantes como la composición, la ejecución y los arreglos, podía llevar el objetivo de un disco de solo chelo a buen término, así que se adentró en esa empresa que muy pronto tendrá frutos sonoros contundentes.

“Es muy diferente escuchar la música desde la platea como violonchelista, que identificar las orientaciones armónicas en su totalidad, como lo hace un arreglador (arreglista). Cuando estoy de productor me la paso mirando las reacciones musicales y psicológicas de la gente; con eso aprendo mucho y trato de ponerlo en práctica siempre. Creo que lo más importante en la música no es saber tocar, sino saber escuchar”, comenta Jaques Morelenbaum, quien a pesar de sus ancestros musicales académicos optó por estudiar Economía.

Durante los años de universidad, este artista brasileño conoció a unos amigos y con ellos formó A Barca do Sol, un grupo dedicado a explorar diversas manifestaciones folclóricas de su país sin olvidar expresiones de corte universal. Con este colectivo identificó que lo que le movía el alma no eran las cifras, sino las notas musicales. A partir de su paso por esta formación supo que el significado de la expresión Saudade, que en castellano es algo más que nostalgia o melancolía, se equipara a todo lo vivido en el tiempo de ejercicio artístico con la agrupación.

Después de su paso por A Barca do Sol, Morelenbaum comprometió su talento por más de una década a Nova Banda, una iniciativa gestada por Antonio Carlos Jobim dedicada a inmortalizar el repertorio del destacado compositor brasileño.

“Para mí, siempre pensar en Tom Jobim será motivo de emoción. Fue un privilegio muy grande compartir música con él. Lo que más recuerdo fue la preocupación por la economía del discurso, él tenía la facilidad de decir mucho con muy pocas notas y eso lo persigo mucho yo. Creo que Jobim tenía la actitud de un genio porque eso era, ni más ni menos”, dice el chelista, que realizó con el pianista y compositor japonés Ryuichi Sakamoto una serie de registros musicales dentro de los que se destacan Casa y A day in New York.

Además de pasearse por todos los estilos de la música del Brasil y de visitar con frecuencia las obras para chelo de los más importantes compositores clásicos, Jaques Morelenbaum ha realizado arreglos para su instrumento de autores contemporáneos como el argentino Astor Piazzolla, de quien le correspondió hacer la transcripción de las Cuatro estaciones porteñas casi como homenaje póstumo. Pero así como recuerda instantes álgidos, también vienen a su mente recuerdos emotivos como su aparición en la película Hable con ella, de Pedro Almodóvar, y su participación en All this time, de Sting.

“Son momentos inolvidables y representan emociones distintas en mi carrera musical. En Hable con ella, que fue una experiencia muy divertida, tocamos la misma pieza 29 veces. Eso fue en la casa de campo de Almodóvar, donde fue filmada esa escena a partir de las 4:00 p.m. y salimos doce horas más tarde. Fue una fiesta inmensa, con desfile de artistas famosos, con comida y bebida sin control. All this time, por su parte, representó diez días de convivencia con todos los músicos que participamos en ese registro fascinante de Sting”, relata en detalle Jaques Morelenbaum.

Este músico tiene tres chelos. El primero llegó a su vida hace cuarenta años y fue amor a primera vista. Lo obtuvo después de visitar a un luthier en Río de Janeiro y él le dijo que solo podía tocarle una cuerda. Desde entonces es suyo sin restricciones. También le pertenece un chelo eléctrico, muy práctico como todos los aparatos japoneses. Ahora quiere ampliar más sus conocimientos musicales y adquirió un chelo con cinco cuerdas. Este último fue elaborado en Belo Horizonte y con él les muestra a los jóvenes que no están al frente de un instrumento estático y que ha evolucionado cantidades.

“Mi chelo es como yo. El chelo es mi voz, porque si yo pudiera cantar bien, no tocaría este instrumento y así me evitaría comprar un pasaje extra en avión para él. Dios no me dio esa cualidad, así que busco mi voz en un instrumento que se ha encargado de ser mi portavoz”, concluye Jaques Morelenbaum, el invitado de honor al 7º Encuentro Internacional de Chelistas.

 

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