"El cine está en crisis": Juan José Campanella

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El director de la aclamada película argentina 'El secreto de sus ojos' viajó a Turbaco para conversar con decenas de niños sobre su película animada 'Metegol'. Desde allí habló con El Espectador.

“Don Campanella, ¿cómo así que en su película trabajaron personas, si yo sólo vi muñequitos?”, le preguntó un niño de Turbaco (Bolívar) al director de cine latinoamericano más reconocido del momento. Detrás de ellos se proyectaba una serie de imágenes que revelaban el proceso de doblaje, animación y musicalización de Metegol, la más reciente producción del argentino.

Cerca de 200 niños cartageneros habían visto en pantalla gigante la historia de Amadeo y su amistad con los jugadores de futbolín que cobran vida, y ahora tenían en frente al creador de esa aventura que los había deslumbrado.

“Bueno, lo que pasa es que detrás de todos esos personajes hay humanos. Unos los dibujan, otros recrean las voces y otros hacen la música”, le respondió al sorprendido entrevistador.

Juan José Campanella, que en 2010 recibió el Óscar a mejor película extranjera por su extraordinario drama El secreto de sus ojos, renunció un par de horas a la ciudad amurallada y a los aplausos y ovaciones del Hay Festival para irse al sur, a uno de los municipios con más conflictos sociales del departamento. Invitado por el Hay Festivalito y la Fundación Plan, se encontró con un auditorio colmado de niños y preguntas. Quedó fascinado con esa “otra Cartagena”.

Les confesó a los pequeños que no es bueno para los deportes, les contó que aparte de Metegol había hecho otras películas y que su amor por la escritura nació el día en que recibió su primera máquina de escribir, a los siete años. Escuchó los cuentos que los chicos habían hecho para él, inspirados en sus personajes animados. Metegol para niñas, Pasión y amor, fueron algunos de los títulos.

Campanella permitió que lo acompañara de regreso al centro histórico. Durante veinte minutos hizo otras confesiones a El Espectador. “Desde hace dieciséis años no veo una buena película en el cine; hasta he perdido el hábito de entrar a una sala. El cine está en crisis”, me dijo.

Le repele el cine estadounidense y a la vez le encantan sus series televisivas. ¿Cómo explica lo que está ocurriendo con la producción audiovisual en EE.UU.?

Ha habido una migración de poderes. Hace unas décadas veíamos cine controlado por los actores, en los setenta disfrutamos del cine de director y ahora se impuso el del marketing, el de ejecutivos que tienen muy poca creatividad. Las películas estadounidenses de hoy, comparadas con las de los setenta, causan vergüenza. Su liderazgo artístico ha muerto. Desde hace diez años no veo una película de Martin Scorsese (El aviador, Hugo, El lobo del Wall Street) porque creo que no aporta nada, son historias destruidas por los ejecutivos. En cambio, en la televisión el autor es el jefe, los guionistas lo controlan todo. Esto ha llevado a que esté pasando por una época que, si antes fue de oro, ahora es de platino. En lo audiovisual, es lo mejor del mundo.

¿Cuáles son sus series preferidas?
Breaking Bad, Game of Thrones, 24. Esta es una serie que te hace “hinchar” por una persona que en la vida real despreciarías, pero que está hecha con una calidad y una adrenalina que no hay película de acción que sea igual de potente.

¿Qué diferencia encuentra entre dirigir una película y un capítulo de una serie?

Dirigir televisión es como jugar ajedrez con reloj: hay que jugar bien y a la vez rápido. En el cine hay más tiempo para pensar en todo. Esa es la diferencia principal; el resto son diferencias cosméticas.

¿Cree que hay un país en Latinoamérica que esté escribiendo la historia del cine hablado en español?
¿Que esté haciendo historia? Me estás pidiendo demasiado. No creo que exista ese país. El cine está en crisis, yo hasta he perdido el hábito de ir a las salas. Después de que vi Il Postino, en 1996, no he vuelto a ver una película que me modifique la vida. Sé que muchos críticos me van a matar por decir esto, pero esa historia me emocionó profundamente. Creo que hay obras que resultan bien cada tanto, pero no hablaría de ningún movimiento cinematográfico.

¿Cómo puede decir eso un director de cine?
Precisamente hago películas que a mí me gustaría ver. El secreto de sus ojos no es una película que intente abrir nuevos caminos sino que vuelve al camino viejo. Es una película que hice a partir de lo que fueron los setenta, la década en la que el cine hizo historia.

Y terminó llevándose el Óscar a mejor película extranjera, a pesar de que usted pensaba que no reuniría más de 800.000 espectadores...

Aún puedo explicar lo que ocurrió con El secreto. Era una película sin ningún elemento comercial que luego se vio en todo el mundo. La mayor enseñanza fue convencerme de que las fórmulas comerciales son una gran mentira. Simplemente hay que hacer lo que a uno le guste.

¿Le cambió la vida ese Óscar?
Le cambió la vida a la película. Permitió que llegara a muchas más personas. Los premios es mejor ganarlos que perderlos, y este es el único galardón que puede motivar al público a elegir tu película en la sala. A mi vida le entregó tranquilidad. Estás todo el tiempo probándote y llega esto que te quita algunos inconformismos. Finalmente, tu trabajo está siendo reconocido.

¿Cuál es la historia detrás del video musical que dirigió para Calle 13?
Un día, de la nada, recibí un mensaje de texto: “Hola, soy René Pérez, quiero hacer un video contigo”. No tenía en la cabeza quién era René Pérez, ni por qué tenía mis datos. Le pregunté a mi socio y me dijo: “Es el de Calle 13”. Me sorprendí un montón. Me gustaban sus letras y resultó que él era un fanático de El secreto de sus ojos. Querían hacer un video para su canción Darle la vuelta al mundo, tan potente como el de Latinoamérica, pero uno que tuviera actores, así que les propuse esta idea y lo grabamos en Argentina. La protagonista es su esposa. Es el único video que he hecho. Tampoco voy a hacer carrera en eso.

Y ahora, ¿qué viene para usted?
No sé. No tengo un proyecto claro y ni siquiera estoy seguro de si voy a seguir haciendo cine.

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