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El día que la historia se hizo café

El 01 de octubre se celebra el Día Internacional del Café, bebida magna y emblemática de la cultura en Colombia.

Este año, la celebración del Día Internacional del Café busca resaltar la labor e influencia de las mujeres en el proceso de elaboración de esta bebida. AFP

El punto de partida del encuentro aún es un mito. Unos dicen que el silbato inicial se dio 1983 en Japón, cuya zaga la comprendían cinco elementos impenetrables: la asociación nacional de tostadores, la asociación de café instantáneo, la asociación e industria de café regular al por menor, la sociedad de importadores, y la sociedad nipona de café verde. Espectacular línea defensiva para cubrir el proyecto que tenía en mente aquella valla.

Sin embargo, blindar la semilla mediante una oda, solo podría desarrollarse en un marco global. En consecuencia, esta confluencia de habilidades, en la cual no importaba el poderío físico del grano 'robusta' o la filigrana característica de un cafetal 'arábica', dio paso a lo que hoy conocemos como el día Internacional del café.

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Así entonces, tras la 'International Coffee Organization', se planteó en 2014 un día para la bebida de los sueños. Debido a esto, se celebra la primera versión del mismo en Expo 2015 ante la voraz ansiedad del 'tifoso' italiano frente a la exposición de los mejores azahares a nivel mundial sobre las calles de Milán.

No obstante, el 2018 se tiñe con el dulce aroma femenino. La semilla de una idea, la curva del tostado, el cuerpo de un varietale inexplorado, el dulzor de una sonrisa diluida al contacto del agua y la molienda, el roce con el humor del oxígeno reaccionando al calor; un bello paralelo promotor de equidad e igualdad bajo la contundente oración: "mujeres en el café". 

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Cabe resaltar, que el café es la voz de nuestra realidad. Es el espejo de cada sociedad de la cual parte y a la cual llega. Una taza la primera vez toma sentido al pensar en colores, en formar figuras en la mente; se vuelve arte por los sentidos y el tacto se vuelve olfato con la misma facilidad que la visión se convierte en gusto. El conocimiento está en el sabor, y después, la lectura parte de un grano, no de una letra. El café es primera y última vez, es un reencuentro y una despedida, es día y noche, es oxígeno o una cueva, el café es, no sin antes ayudar a ser.

"Una buena taza de su negro licor, bien preparado, contiene tantos problemas y tantos poemas como una botella de tinta" diría Rubén Darío en su libro 'El viaje a Nicaragua'. Pues bien, sin espacio para más dilaciones, la tinta agota, mientras las ideas abundan; el tinto enfría, mientras las palabras permean la brasa del papel ante el incansable ataque; pero lo único que no cambia, es la vitalidad cuando el pitazo final deriva en una taza de café.

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Sebastián Londoño Velásquez

Cultura

El día que la historia se hizo café

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