El escritor que desnudo recorrió el mundo

Mark Haskell se despojó de su ropa para meterse en la piel de un nudista.

 Haskell, un fascinado con las subculturas, no encontró mejor forma que la inmersión para preparar la escritura de su libro “Naked at lunch”. Durante un año anduvo por distintos parajes al interior del mundo de los nudistas. Su expedición sin ropa empezó en las playas californianas, naturalmente, el nudista debutante estaba aterrorizado y su primera salida al ruedo fue vergonzosa. Pero se repuso y retomó su rumbo en Europa.

Visitó Cap d'Agde, al sur de Francia, uno de los centro nudistas más famosos del Viejo continente, en donde una valla de seguridad divide a los nudistas de los “textiles”, como denominan a los que usan ropa. Finalmente, ese par de mundos no son tan distintos, al otro lado de la barrera, que mantiene a raya a curiosos y paparazis, sucede todo tal cual se considera “normal”, “excepto que todo el mundo está desnudo”, le dijo Haskell a Sara Lentati, periodista de la BBC: "Incluso hay una lavandería, aunque no sé qué lavan", añadió el escritor.

Pero andar sin ropa en un centro nudista no suena como una gran aventura. Así que el escritor dejó a un lado la comodidad y se fue a recorrer las montañas de los Alpes durante una semana, acompañado de otros 19 nudistas, en una experiencia que resultó más agradable de lo que se esperaba. "El aire es muy limpio y el ejercicio es muy duro porque estás subiendo en altitud, pero no transpiras, por lo que no se siente incómodo. La piel es un gran termostato para el cuerpo".

Cuando el grupo de Haskell se encontraba en el camino con “textiles”, la reacción de los excursionistas “vestidos” solía ser tranquila, tal vez curiosa, no pasaba de un par de sonrisas y alguna foto. Sin embargo, la casualidad los hizo encontrarse con un grupo de excursionistas cristianos. “Su líder hizo que todo el mundo girara la cabeza y mirara hacia el otro lado mientras pasábamos. Yo no lo podía creer. Luego, más tarde, cuando estábamos haciendo un picnic junto a un lago, los vimos de nuevo y oraron por nosotros", contó el escritor.

El viaje llegó a su punto cumbre durante un crucero por el Caribe al que fue junto a su esposa y otros dos mil nudistas. "Para mí, lo mejor fue una noche que fui a la discoteca y había una mujer de unos 70 años vestida con un traje de sirvienta francesa transparente. Estaba con un andador, en el medio de la pista de baile moviendo el esqueleto. Me dije a mí mismo: 'Es la cosa más horrible y más inspiradora que he visto jamás'. Espero que cuando llegue a su edad tenga el coraje para hacerlo".

En su travesía desnuda, en busca de respuesta al cuestionamiento de “por qué la gente hace lo que hace pese al estigma”, Haskell concluyó que el nudismo tiene poco que ver con el sexo. Sin embargo, asegura, eso no significa que los nudistas nunca se miren. Además, percibió un fuerte sentido de la comunidad entre los nudistas y concluyó que "la gente desnuda en realidad se ve como cualquier otra persona. Creo que la idea de aceptar tu cuerpo y los cuerpos de otra gente como son es realmente saludable. Nuestra sociedad necesita todo tipo de tolerancia y este es un buen lugar para empezar".

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