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El eterno delirio

La Ópera Metropolitana de Nueva York presenta “La flauta mágica”, de Mozart, una partitura en la que el compositor logró mezclar con maestría elementos fantásticos, filosóficos y divertidos.

El príncipe Tamino, interpretado por el tenor Charles Castronovo, pone a prueba los poderes mágicos de su flauta, rodeado por algunas de las criaturas fantásticas concebidas por la directora de escena, Julie Taymor. Cortesía

El 30 de septiembre de 1791 se estrenó en Viena la ópera La flauta mágica. Era imposible saber que apenas dos meses después fallecería su compositor Wolfgang Amadeus Mozart. Quizás algunos sospechaban que algo no andaba bien con la salud del músico: un obituario de la época hablaba de “un trabajo arduo y una vida agitada en compañías malamente escogidas”. Pero su deceso fue, en general, sorpresivo. 

Eso sí, Mozart parece haber dejado “pistas” en sus últimas obras acerca de su partida de este mundo. Las claves más estudiadas se encuentran en el Requiem K626. Dicen los musicólogos que estaba componiendo su propia misa de difuntos. Menos tenida en cuenta en ese sentido es La flauta mágica K620. Y, sin embargo, está cargada de imágenes propias de un delirio febril: hay serpientes gigantes, hombres-pájaro, diosas lunáticas… ¡Ah! Y, por supuesto, una flauta con poderes mágicos. Si la misa era la despedida espiritual, esta ópera era la apoteósica despedida de su imaginación.

La reina de la noche persuade al príncipe Tamino para que rescate a su hija Pamina del cautiverio en que la tiene el sacerdote Sarastro. Para lograrlo, el príncipe debe pasar una serie de pruebas, a lo largo de las cuales se va convenciendo de que Sarastro no es tan malo como parece, y que su verdadera meta ha de ser desbancar a La reina de la noche. En su aventura lo acompaña Papageno, un ser mitad humano y mitad ave, que parece anticiparse un siglo y medio a Birdman, el superhéroe de los dibujos animados de Hanna-Barbera.

Y, en general, toda la historia tiene el tinte de un sueño alucinógeno. Desde el primer minuto del primer acto, en que Tamino está luchando contra una serpiente gigante, hasta una batalla celestial en que los bandos se atacan con rayos, pasando por el idilio de unos pájaros (a todo Papageno le llega su Papagena) que se declaran su amor cantando un simple, casi infantil “pa-pa-pa-pa-pa”. ¿Cómo se ha visto históricamente este desfile de alucinaciones? Se habla de simbolismos. Unos dicen que hay influencia de la masonería y otros que es el abrazo de la filosofía de la Ilustración. Ambas visiones pueden ser ciertas, pero casi nadie menciona un posible detonante: el “vaso de ponche” que Mozart llevaba casi siempre en su mano, según la biografía escrita por Stendhal. 

Alguna vez dijo Leonard Bernstein que la primera incursión de la música clásica en la psicodelia había sido la Sinfonía Fantástica, de Hector Berlioz, estrenada en 1830. Parece haberse olvidado de las exquisitas y estéticas locuras de La flauta mágica, que evocan algo así como la mitología de un pueblo que existió en un mundo paralelo. No es fácil imaginar cómo recibieron esta ópera sus primeros espectadores, pero una carta de Mozart fechada en octubre de 1791 habla de su complacencia frente a “la aprobación silenciosa” del público. Es decir, que más que un estallido de efusividad, la obra parecía generar una transformación interior. Una historia que no termina de entenderse tan pronto baja el telón, sino que el espectador se lleva a casa para seguir meditando sobre ella. El profundo testamento de un genio que se iba de este mundo a los 35 años.

El biólogo evolucionista Stephen Jay Gould estudió con asombro el caso de Mozart, compositor desde la tierna edad de 5 años, y se preguntaba qué música le habría dejado a la humanidad de haber vivido diez o quince años más. Su respuesta es especulativa, pero con alguna base de su formación científica: una ópera basada quizás en el universo de Shakespeare. De seguir por este camino de la fantasía, tal vez habría adaptado El sueño de una noche de verano. De explorar más bien el drama, una versión de Macbeth. Como sea, más vale agradecer lo que en efecto llegó hasta nuestros oídos: ese eterno delirio que es La flauta mágica.

*La flauta mágica” (“Die Zauberflöte”)
Transmisión en directo: 14 de octubre de 2017. 12:00 m.
Transmisión en diferido: 25 de noviembre de 2017. 12:00 m. 
Compositor: Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791).
Libretista: Emanuel Schikaneder
Ópera en dos actos
Idioma: alemán (subtítulos en español).
Estreno mundial: Teatro auf der Wieden (Viena), 30 de septiembre de 1791. 

Elenco
Director musical: James Levine
Directora escénica: Julie Taymor.
Soprano: Kathryn Lewek (Reina de la noche).
Soprano: Golda Schultz (Pamina). 
Tenor: Charles Castronovo (Tamino) 
Barítono: Markus Werba (Papageno). 
Bajo: René Pape (Sarastro).

 

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