El explorador constante

El violinista finlandés representa una aproximación distinta a un universo con normas ampliamente establecidas.

El violinista finlandés Pekka Kuusisto durante el concierto inaugural del Festival en el teatro Adolfo Mejía. / Joaquín Sarmiento

Improvisación podría ser una buena palabra para definir al violinista finlandés Pekka Kuusisto. En los muchos matices del lenguaje, el término habla de la capacidad de buscar nuevos caminos para sonidos cientos y miles de veces escuchados. El intérprete como una especie de explorador constante, así la exploración parezca darse en lugares menos clásicos de lo usual.

Kuusisto es una de las estrellas actuales de la música clásica en Finlandia, un país que consistentemente ha venido invirtiendo en la formación de artistas y público y que desde hace unos años exporta directores e intérpretes a manotadas, si se tiene en cuenta que la nación nórdica tiene menos de seis millones de habitantes.

La tierra de Sibelius tiene varios festivales de música clásica en los que suelen aparecer constantemente varias piezas del compositor, algo que no es de extrañar: hace unos años, una encuesta reveló que ocho de cada 10 finlandeses consideraban a Sibelius la figura más importante en la historia nacional finlandesa; no un soldado ni un político, sino un músico.

En ese contexto, Kuusisto emergió como una de las figuras más notables y refrescantes del violín en el mundo. El primer finlandés en ganar la Competencia Internacional de Violín Jean Sibelius, con estudios en el East Helsinki Music Institute, la Sibelius Academy y la escuela de música de la Universidad de Indiana.

Quizá fue allí donde el violinista emprendió una ruta que lo ha llevado a interpretar y dirigir piezas en ensambles electrónicos, realizar presentaciones con malabaristas o formar parte de conjuntos que son descritos como “ruido nórdico”. Sus profesores de ese entonces no lograban clasificar y entender algunas de las particularidades de sus interpretaciones, hasta que lo oyeron tocar jazz y ahí la cosa quedó algo más clara. Kuusisto es un músico que parece enfocarse mucho más en la experiencia de la interpretación que en la ejecución como tal de una pieza. No es una negligencia calculada con la partitura, sino apenas un enfoque diferente.

El resultado es algo que la crítica reconoce como una suerte de apertura musical en el violinista, una sensación de novedad que emerge de sus aproximaciones a partituras con algunos cientos de años detrás. Nada de esto parece hacer del finlandés un músico menos clásico, sino tan sólo algo más arriesgado, levemente experimental, innovador.

El mismo Kuusisto ha confesado que sus experimentos musicales, por llamarlos de alguna forma, a veces no son bien recibidos por una parte del público, aunque también por directores, críticos y colegas, quienes están acostumbrados a escuchar piezas clásicas interpretadas de una manera previamente determinada; algo así como la interpretación canónica del canon musical.

Esto, claro, ha hecho que Kuusisto haga frecuentes excursiones por el trabajo de compositores contemporáneos, como el Concierto para violín de Sebastian Fagerlund, que fue especialmente escrito por el compositor para el violinista. Sus aproximaciones frescas al repertorio clásico han permitido que el violinista de 38 años crezca en prestigio y fama, dos asuntos bien diferentes, aunque comúnmente confundidos. Kuusisto ha dirigido orquestas de cámara en Austria, Londres, Australia e Irlanda, además de ser artista residente de la Tapiola Sinfonietta, entre una larga lista de logros y reconocimientos en el competido circuito de la música clásica en el mundo.

 

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Hoy, 7:00 p.m. Teatro Adolfo Mejía (Cartagena).Concierto Julio Mario y Beatrice Santo DomingoA la turcaPekka Kuusisto, violín.Orquesta de Cámara Mahler. Dirige Teodor Currentzis.