El Festival es la primera gran muestra del Año Colombia-Francia

Durante el primer semestre de 2017, una Francia solidaria, contemporánea e innovadora hará presencia en Colombia, y de julio a diciembre, una Colombia pacífica, creativa y diversa estará presente en Francia.

/ Ilustración: Juliana Pedraza

Cuando tuvimos que decidir con qué país íbamos a organizar en 2017 las Temporadas Cruzadas, que el gobierno francés lleva realizando desde hace 30 años con diferentes naciones del mundo, hubo muy poca vacilación. Sería Colombia, por el momento histórico que está viviendo, y por la densa cooperación cultural, universitaria y económica que tenemos. Fue así que se firmó el 25 de enero de 2015 un acuerdo entre los presidentes François Hollande y Juan Manuel Santos, para que el 2017 sea el Año Colombia-Francia. Es la segunda vez que organizamos las Temporadas con un país de América Latina, después de Brasil, lo que demuestra la importancia de la relación franco-colombiana a nivel del continente. (Lea también: Programación con el Cartagena XI Festival Internacional de Música)

El Año Colombia-Francia no es solamente un proyecto de gobiernos, sino un programa de diplomacia cultural, el cual trata de promover intercambios y colaboraciones a nivel de ciudadanos. Gran parte de la programación tendrá un componente pedagógico y reflexivo, al igual que un objetivo de creación conjunta. Tenemos mucho que aprender los unos de los otros, y esta solidaridad del pensamiento y de la creación es indispensable en el tenso contexto mundial que conocemos. (Vea también: Conciertos gratuitos del Cartagena XI Festival Internacional de Música)

Otra prioridad del Año es mostrar una cara diferente de cada país, menos conocida, más sorprendente, y derrocar los clichés, positivos o negativos, que todavía afectan su percepción. Durante el primer semestre de 2017, una Francia solidaria, contemporánea e innovadora hará presencia en Colombia, y de julio a diciembre, una Colombia pacífica, creativa y diversa, estará presente en Francia.

En materia cultural, Francia se hará presente en las principales fechas del calendario cultural colombiano: invitada de honor en la Feria del Libro de Bogotá, en el Festival de la Imagen de Manizales, en la Bienal Fotográfica y, por supuesto, en el Cartagena Festival Internacional de Música, que será el primer gran evento de la programación francesa después de la inauguración en Bogotá, el pasado 16 de diciembre, con la Fiesta de las Luces de Lyon.

Francia nunca había sido invitada de honor del Cartagena Festival Internacional de Música, había que llenar este vacío. Así lo decidimos durante mi primer encuentro con Antonio Miscenà, director del Festival, que me convenció de la importancia de presentar al público colombiano, los grandes talentos de la música francesa. La presencia de una Orquesta excepcional, Les Siècles, y de 15 músicos de reputación mundial, permitirá no solamente disfrutar de una calidad musical altísima, sino también descubrir un repertorio poco conocido en Colombia, el del cambio de siglo, cuando el símbolo y el sonido se unían para producir una música innovadora –Debussy, Ravel y también Satie, Hahn, Milhaud, Poulenc, Chausson o Chabrier, entre otros–.

Pero esta participación de Francia en el Festival Internacional de Música de Cartagena no se limita a la presentación del pasado musical de Francia. Es más bien un homenaje de Colombia a una Paris abierta a la diversidad de las culturas, que acogió a grandes compositores latinoamericanos, como Heitor Villa-Lobos o Reynaldo Hahn, así como a los colombianos Guillermo Uribe Holguín y Luis Carlos Figueroa, alumnos de Vincent d’Indy y Nadia Boulanger. Es también un homenaje de Francia al país de los 1.000 ritmos, cuya música sintetiza la diversidad del continente. Compositores franceses se dejaron influenciar por la alteridad cultural tan fructífera de los trópicos, desde Las Indias galantes de Rameau hasta la ópera Bolívar de Darius Milhaud. Los compositores colombianos contemporáneos Luis Rizo Salom y Juan Pablo Carreño continuaron esta tradición al establecerse en Francia, donde sus obras se nutrieron de la vitalidad creativa de ambas culturas.

La participación de Francia en el Festival aparece, así, como una demostración más de su apego a la diversidad cultural, que es un eje fundamental de su diplomacia. La música no tiene fronteras pero necesita protección para ser tocada libremente, con todos sus matices. Es lo que permite el Cartagena Festival Internacional de Música.

*Comisaria general francesa del Año Colombia-Francia 2017

 

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