El grito de la pirámide

Una crónica del torero colombiano Miguel Cárdenas.

Después de pasar por la sala de urgencias del Hospital Simón Bolívar, luego de que sus vecinos lo sacaran a hombros desde su casa, como en sus mejores años, el torero colombiano Miguel Cárdenas salía victorioso después de encarar el toro de la muerte, para irse a España sin tener más noticias de él. Acabábamos de pasar una Semana Santa llena de tragedia por la avalancha causada por el desbordamiento de los ríos en Mocoa, que había dejado un saldo de más de 328 personas fallecidas y un sinnúmero de heridos y damnificados, cuando escuché las noticias del lanzamiento de más de 50 misiles tomahawk ordenado por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, contra la base militar Shayrat del ejército del régimen de Sirio de Bachar El Asad, so pretexto de frenar el uso de armas químicas contra la población civil en la localidad de Jan Sheijun, al noroeste del país, lo que causaba gran tensión internacional principalmente entre los que fueran sus aliados en su lucha contra el Estado Islámico (ISIS), como Rusia, China e Israel, además de acelerar los ensayos atómicos en Corea del Norte que sigue provocando respuestas alarmantes por parte de Japón y Corea del Sur.

Entonces recordé aquel libro que había dejado impreso en aquel verano del 2009 bajo el sugestivo título de “Los doce apóstoles de la Nada”/Akhenatón y los Archivos Akhásicos, un poco resuelta a evadirme de la realidad. Pero al abrir sus páginas, me encontré con la Profecía de la Gran Pirámide que predice los hechos que sucederán en el año 2017, cuando el planeta pase por grandes desastres humanos al coincidir de nuevo uno de los miradores de su triángulo con Alfa del Dragón, llevando a cabo otra iniciación de la Iluminación en la Cámara del Rey ante el Cofre de Granito Rojo. “Así los hombres serán derrotados simbólicamente al ser usados por la Gran Luz, tras el fenómeno conocido como ´El grito de keops´ o el ´Relámpago de Pochán´, al pasar por ese vacío procedente de la estrella Alción de la Pléyades, tal como está escrito en piedra, ingresando en aquella noche oscura para doblar su rodilla por última vez antes del nuevo comienzo”; porque todo es cíclico y cinco mil millones de años son un segundo en un sistema solar.

Y como un testigo impotente de los hechos, me sentí como aquel narrador anónimo que observa un grupo de jóvenes soldados licenciados de la pasada guerra de Irak frente a las ruinas de Stonehenge de Inglaterra, intentando descifrar la semejanza entre la Cámara del Rey y el Arca de la Alianza de Moisés, cuyas medidas fueron explicadas por la clase sacerdotal. Pero el anuncio de la visita del Papa Francisco a Egipto para entablar un diálogo interreligioso con aquel mundo islámico, me sacó de mi estupor, encontrando una rara coincidencia con su mensaje y el del Faraón Amenofis IV -quien cambiaría su nombre por el de Akhenatón que significa “El Prójimo es mi Hermano”- al impulsar una reforma religiosa monoteísta centrada en el culto al disco solar Atón, para restablecer valores de tolerancia y respeto heredados de las escuelas esenias, de lo cual no quedaría vestigio alguno; pues con su muerte, su legado sería destruido por sus enemigos, militares y el clero de entonces.

“…En aquel entonces, después del equinoccio de primavera un veintiuno de marzo de 1377 a. C, en la Gran Pirámide de Keops, el maestro Men Képer Ra mandó sentar a los Doce. Eran jóvenes adolescentes provenientes de distintos lugares de Egipto, que habían sido inducidos desde pequeños en esa ciencia milenaria de los Atlantes” (...) Y leyendo esto pensaba en los jóvenes que viven en medio de la guerra sin tener otra opción, como cuando en los países del norte de África y Oriente Próximo, se quisieron imponer valores democráticos y derechos civiles, lo que se conoce a como “primavera árabe”, que se extendió como una nube de polvo desde Túnez, provocando la caída de Ben Alí (quien llevaba 25 años en el poder), las protestas en Egipto por el derrocamiento de Mohamed Morsi (primer presidente elegido democráticamente) y el asesinato en Libia de Mohamar Gaddafi (quien llevaba en el poder desde 1969), con la intervención de potencias occidentales tras una coalición encabezada por Francia, Estados Unidos y el Reino Unido.

Pero no era precisamente una primavera la que se había iniciado sino un largo invierno desde que en el 2014, el presidente Barack Obama y por razones similares, adiestraba a una oposición moderada para derrocar a Bachar Alasab y mitigar las rebeliones en Afganistán, Irán y Libia, causando la muerte a más de 250.000 personas, con un costo de más de mil millones de dólares desde el 2006, según revelaciones de Edward Snowden1 , por lo que se habrían perpetraron alrededor de 5900 bombardeos en la zona, sin lograr frenar el avance del temido grupo terrorista. Ahora a consecuencia de estas acciones, esas mismas potencias padecerían el efecto “bumerang” con atentados terroristas contra la población civil que dejaban miles de muertos en los lugares públicos más inesperados. Si Akhenatón vivió 30 años y en tan corto tiempo produjo una verdadera revolución pacífica de valores espirituales anticipándose al monoteísmo de cristianos, judíos y mahometanos, no pasaba lo mismo en estos tiempos de radicalismos extremistas, con el resurgir de nacionalismos y xenofobia generalizada, odio e intolerancia en todos los órdenes. Pues tan sólo esta guerra ocasiona que más de 3,8 millones de sirios busquen refugio en otros países, existan 6,6 millones de desplazados internos, y más de un 80% de la población vivan en la pobreza con dificultades para acceder a los alimentos. Una situación que podría empeorar por la amenaza de una tercera guerra mundial de proporciones insospechadas por el avance tecnológico de las mismas armas.

Ahora que se habla de crear zonas seguras en Siria, las cábalas suman casi siete años en guerra, siendo Egipto el predestinado a escribir gran parte de la historia del fundamentalismo islámico actual, desde que asan al-Banna fundara la Sociedad de los Hermanos Musulmanes, en 1928, lo que ha derivado en el horror de grupos como Hamas y Al Qaeda, que inspirarían a grupos yihadistas como la Yihad Islámica y el Grupo Islámico. Pero ¿acaso no es Egipto, el lugar donde se cumple la profecía? Y aunque se han destruido al menos 290 lugares o monumentos del patrimonio cultural Sirio, no así ese otro monumento circular de grandes megalitos datado sobre el año 3100 a. C, donde descansaban los soldados de Irak del relato, con sus bloques de piedra distribuidas en cuatro circunferencias en forma de herradura, que contiene aquella losa de arenisca micánea conocida como “el Altar” y servirá de observatorio cuando llegue el momento en que esa otra estructura de seis millones ochocientas cuarenta y ocho mil toneladas de piedra, replegado en esas urim middim de la que hablaron los Caldeos, cumpla el ciclo exacto para que la humanidad tome conciencia de su responsabilidad sobre la vida del planeta, después de pasar por esta NADA ABSOLUTA.