El héroe loco

“El pasajero de Truman”, reeditado en 2014 por Dahbar Narrativa, cuenta la historia del candidato presidencial de Venezuela Diógenes Escalante en 1946.

Humberto Ordóñez y Román Velandia son los personajes que cuentan la historiadel candidato presidencial de Venezuela Diógenes Escalante. / Cortesía
“El presidente no se ve a sí mismo como un ciudadano con la responsabilidad de administrar el Estado sino como el dueño de una hacienda, el hombre que es dueño de la tierra, de la bolsa, y reparte los reales”: El pasajero de Truman”
 
Mi tío se fue a vivir a otro país cuando “vivir en otro país” era como cambiarse de planeta. En 1975, irse de Colombia a Venezuela era dejarlo todo y llamar cada mes o cada quince días a la familia. Se podían escribir cartas con noticias viejas de dos semanas, regresar cada año en Navidad para volverse a ir después del 2 de enero y darse cuenta de que nadie se acostumbra a despedirse. Pero como Venezuela estaba a un paso, aquí nada más, se imaginaban planes de viaje por carretera Bucaramanga-Caracas. Tristes los que emigraban a Europa; ellos cambiaban de galaxia.
 
Dos personajes, Humberto Ordóñez y Román Velandia, se encuentran para hablar de un acontecimiento de la historia de Venezuela, el cual, según ellos, hubiera cambiado para bien lo que sucedía en su país en los años cuarenta, y quizás este mismo presente cuando alguien lee El pasajero de Truman y cree que le están contando la historia de la Venezuela de hoy. Ordóñez relata en forma detallada su vida como mano derecha de Diógenes Escalante, el candidato escogido para frenar el regreso del gomecismo. Escalante es el arquetipo del salvador que pierde la razón al final del camino. Y ver cómo eso ocurre, a través del relato de los protagonistas, son trescientas hojas de encuentro con los ciclos de la realidad venezolana escritas por el periodista Francisco Suniaga en El pasajero de Truman.
 
Así de pasada el apellido “Truman” se completa con “Capote”, pero el título de la novela se refiere a Harry S. Truman, el trigésimo tercer presidente de Estados Unidos, que llegó a serlo cuando Franklin D. Roosevelt murió poco después de posesionarse en su cuarto mandato consecutivo. El “pasajero” de su avión privado no es nadie menos que el candidato, por tercera vez, a la Presidencia de Venezuela del que hablan los protagonistas del libro: Escalante, el héroe trastornado, el que casi tuvo la oportunidad de cambiar el presente de su país. De todas formas, Chávez hubiera sido Chávez y Maduro lo que ha demostrado ser. “Pobres pueblos que necesitan héroes”, una frase de Bertolt Brecht que cita el argentino Ricardo Piglia en su ensayo: Ernesto Guevara, el último lector, y que podría estar escrita en un separador al leer este libro.
 
En algún momento de la novela uno de los personajes dice: “Ya pagamos el alto precio de soportar un régimen dictatorial durante treinta y cinco años para recuperar algo perdido desde la Independencia... por lo visto no hemos aprendido la lección… no se puede aceptar que se destruya a Venezuela a razón de una vez por siglo”. Esta parte es tan actual que entristece. Y es entonces cuando aparece otra vez mi tío, piensa en el país al que llegó en los setenta y al que se aferra en 2015. Imagina posibles versiones de su vida si hubiera regresado a Colombia, que también sigue siendo su patria; piensa en sus hijos, futuros emigrados a Estados Unidos o a España, como tantos venezolanos. Cuando él era un recién graduado con honores de una universidad pública, se dio cuenta de que el futuro estaba cruzando la frontera. Muchos lo estaban haciendo. Quería llevar a su padre a Caracas, a la Isla Margarita, a Puerto La Cruz, a El Morrocoy, a El Ávila. Entonces trabajó, ahorró todo lo que pudo y lo hizo. Decidió quedarse allí; la distancia era el precio. Ahora el futuro parece estar otra vez cruzando la frontera.
 
Francisco Suniaga (1954) es abogado y profesor universitario, aunque siempre fue un gran lector y periodista. Escribió su primer libro a los cincuenta años, La otra isla. Había escrito ficción casi en secreto. Afirma que Cien años de soledad es el libro que más lo ha influenciado. Lo leyó a los dieciséis años, recién llegado a Caracas desde su natal Isla Margarita. El pasajero de Truman fue reeditado por Dahbar Narrativa en 2014. Mientras tanto el “dueño de la hacienda” sigue repartiendo la tierra, los reales, insultos, cárcel, corrupción, desabastecimiento, amenazas y opresión. La gente sigue emigrando, luchando por su país y resistiendo. Ninguno se ha resignado, nadie puede aceptar que se destruya a Venezuela a razón de una vez por siglo.
 
Temas relacionados