El hombre que invitaba a amar el placer

En la cabeza de Teodoro palpitan, como verdades absolutas, las enseñanzas de un maestro. El tema central de la correspondencia entre los dos es el amor que toca a la puerta del joven. Las sentencias del maestro son contundentes: “Ama el placer; no ames el amor”.

"Ibis" es una novela del escritor colombiano José María Vargas Vila.

La novicia huérfana, que Teodoro conoció el día que unas monjas visitaron a su madre enferma, le había movido el piso de sus convicciones. El maestro decía: “El instinto de la hembra palpita aún en la virgen más púdica, que se deleita en la belleza de sus formas, y en las curvas intocadas de su seno, porque sabe que el hombre ama esas formas y ese seno, y los ama con sed de posesión y amor de carne”.

Así empieza a moldearse Ibis, la novela del colombiano José María Vargas Vila, una suma de anticlericalismo y misoginia, escrita en 1900 con el tono demoledor de un hombre que abrigó la rebelión contra lo más conservador de su época.

Teodoro rapta a Adela y en esa acción lo persiguen tres voces: la del deseo, que lo arrastra al goce; la de la religión, que lo empuja al matrimonio, y la del maestro, que lo invita a seducir. Gana la piedad porque se siente incapaz de abandonar dos veces a la huérfana.

La amó muy a pesar de los consejos de su maestro: “Por el placer, la mujer es una esclava; sé su Señor; por el amor, la mujer es una reina; no seas su esclavo (…) no saques de ese fruto, sino el placer y el olvido (…) ama con los sentidos; no ames con el sentimiento”.

La sociedad cuestionó a Teodoro por haberse llevado a la virgen del Señor, pero a él no le importó. No lo tocaban las amenazas de excomunión ni los ataques de los más radicales, pero el día que Adela estuvo a punto de morir en un parto fallido fue débil y aceptó casarse para curar los pecados de la amada.

El matrimonio es la tumba del amor –decía el maestro– y la vida se lo demostraba. Adela entró en una etapa de desenfreno sexual. Hasta el hermano de Teodoro pasó por su lecho. “…de caricia en caricia, de beso en beso, se embriagó de lascivia, sació su curiosidad en los senos del secreto, desgarró los últimos velos del decoro…”.

Teodoro sentía que le había faltado a su maestro y se atrevió a confesarle que la amaba: “…conocedora de mi debilidad, arrastra su belleza desnuda de lecho en lecho, mostrando a sus amantes de una hora las huellas de mis manos en sus carnes martirizadas”. El maestro responde: “En la mujer que ama, la infidelidad es un derecho; en la mujer que no ama, la infidelidad es un deber”.

Adela no salió de su lujuria y el maestro invitó a su discípulo al asesinato o al suicidio. En esa elección termina Ibis, una de las novelas que Vargas Vila escribió en su errante trasegar por el mundo, hasta que la muerte lo agarró en Barcelona, bajo el látigo aplastante del olvido y la ceguera.

*[email protected]

Temas relacionados