El "hombre más feliz" no quiere irse de Nepal

La clave parece ser un tipo de meditación profunda llamada 'mindfulness'.

Matthieu Ricard en las montañas que lo inspiran. Con la venta de sus libros quiere ayudar a los damnificados de la tragedia. Archivo

Los diarios The Guardian, de Inglaterra, y Clarín, de Argentina, publican hoy simultáneamente un reportaje sobre el monje budista Matthieu Ricard a raíz de que los científicos siguen investigando cómo funciona su cerebro.

Desde 2008 fue declarado “el hombre más feliz del mundo” y sigue llamando la atención del mundo científico. Cuenta el artículo que “empieza el día sentado en una pradera frente a su ermita de Nepal y contempla cientos de kilómetros de picos himalayos que relucen frente a él bajo el sol naciente”. Vive en la zona del Himalaya arrasada por los recientes terremotos que afectaron sobre todo a Nepal.

Se cree que la fortaleza de su espiritualidad reside en la relación que ha establecido con las montañas más altas del mundo. “En los últimos 40 años, Ricard ha dedicado más de 10.000 horas a la meditación: es el máximo practicante de lo que ahora se conoce como ‘mindfulness’, la capacidad intrínseca de la mente de estar presente y consciente en un momento determinado. Cuando no mira las cumbres del Himalaya, es probable encontrar a Ricard en las salas de directorio y las cenas de los ricos y famosos. Desde que fue diagnosticado como el “hombre más feliz” en 2008 –tras días de estudios cerebrales en el Laboratorio de Neurociencias Afectivas de la Universidad de Wisconsin– es motivo de fascinación para los poderosos”.

La investigación sobre este personaje dice que “resolver el problema de la felicidad humana ahora figura firmemente en la agenda de los líderes mundiales gracias a Ricard, los científicos que midieron sus ondas cerebrales y economistas como Richard Layard”. Su experiencia ha llegado a los más altos niveles de poder: “Con sus túnicas marrones y naranjas, Ricard se destaca en las reuniones de enero del Foro Económico Mundial en Davos, donde participa regularmente. Conduce allí sesiones de meditación para los capitanes de la industria, académicos ganadores de premios Nobel y jefes de Estado antes de que comiencen sus deliberaciones, y después se une a ellos para debatir la ‘Economía de la Felicidad’”. Luego regresa a Nepal.

¿Por qué les interesa? “Vender ideas de felicidad es parte de la vida moderna y la clave para el marketing de bienes de consumo, desde los suplementos vitamínicos a los autos y los iPhone. Pero hasta ahora, la felicidad en sí es escurridiza por definición. La promesa del trabajo que se hizo espiando el interior del cerebro de Ricard es que la felicidad ya no sea un continente desconocido. Pronto las neurociencias y la psicología, en alianza con la economía social, habrán ubicado, definido y medido la felicidad”.

Según el artículo, este hombre representa una revolución porque “hasta hace poco, la única herramienta eficaz para medirla –como explica el cientista político Will Davies en un impactante libro nuevo, ‘La industria de la felicidad’– era el dinero. El valor de un objeto está determinado por la cantidad de dinero que la gente está dispuesta a pagar por él. Lo desagradable de un trabajo –cavar tumbas o recolectar residuos– puede medirse por cuánto hay que pagarle a la gente por hora para hacerlo. Los gobiernos usan estos principios de ‘medición de la felicidad’”.

Lea el artículo completo, en español o inglés

 

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