El infierno del ser humano

El actor John Malkovich interpreta al enigmático Jack Unterweger en el montaje ‘La comedia infernal’, que se presenta en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo.

En este montaje las más versátiles son las cantantes Laura Aikin y Aleksandra Zamojska. Ellas son quienes tienen la responsabilidad de interpretar a varios personajes durante las casi dos horas del montaje La comedia infernal, dirigido por Michael Sturminger. Las dos son madres, amigas, amantes, desconocidas y prostitutas que rodean el entorno de un personaje tan infantil como cruel.

Él se llama Jack Unterweger. Existió en la vida real en Europa y la definición de las aristas para hacerlo apto a la representación artística estuvo en manos del estadounidense John Malkovich, quien le aporta los visos más contrastantes a un hombre que fue culpado y encarcelado por homicidio, salió de prisión después de 16 años de encierro y continuó matando mujeres, convirtiéndose así en asesino en serie. A pesar de sus características psicológicas particulares, que lo impulsan a disfrutar del dolor femenino, el Unterweger de La comedia exhibe cualidades humanas que lo perfilan como un ser humano bueno, tierno y sensible, capaz de contar su vida sin problema. Se confiesa con la gente, se disculpa por no saber hablar el inglés adecuado, expone las razones por las que jamás ha entendido el funcionamiento de los equipos Mac y asegura que no tiene el valor para quitarse la vida delante del auditorio que lo ve y lo escucha con atención.

Jack Unterweger luce pantalón blanco y una chaqueta del mismo color. Su camisa es negra con puntos blancos y, cuando aparece en escena, el director de la orquesta, Martin Haselböck (uno de los gestores de la realización de esta idea en las tablas), hace que sus músicos se detengan y le den la bienvenida de pie. En la piel de su personaje, Malkovich agradece la presencia del público en el teatro, cuenta que sus memorias están consignadas en las páginas de un libro y que sabe la traducción de su nombre en varios idiomas. Pero, además, deja en claro que está sindicado de haber matado a varias mujeres, ahorcándolas con sus propios sujetadores.

“Este personaje es al mismo tiempo bobo, encantador y gracioso. Tiene mucho de tonto, se la pasa bromeando y es claro que está bastante atormentado por sus acciones y su torpeza. Sin embargo, también es inteligente y divertido, pero luego, tarde o temprano, muestra que su vida está llena de cortinas: detrás de aquella cortina de bonachón está el monstruo, y detrás de ésta es una persona transparente, y detrás de ésta vuelve a ser un monstruo”, comenta John Malkovich, el único actor en el que se pensó para llevar a cabo este montaje que fusiona las destrezas de la actuación con las amplias posibilidades del arte sonoro.

La iniciativa es tanto dramática como musical pues, además del estadounidense, quien realiza una suerte de monólogo mientras su única interacción es con las sopranos que contribuyen al desarrollo de la historia con sus cantos en inglés, italiano y alemán, la música instrumental es protagonista y la orquesta, dirigida por Haselböck, cita obras de Vivaldi, Boccherini, Haydn, Beethoven y Mozart.

“Aparte de muy pocas clases de apreciación de música en la escuela, La comedia infernal ha sido para mí el primer y verdadero contacto con cualquier clase de ópera o de música clásica. Yo, realmente, no tenía ninguna idea de cómo podía resultar. Ha sido como mi iniciación en este oficio y me ha gustado mucho. Creo que ha estado bien, a pesar de mi carácter de neófito”, dice Malkovich, y asegura que el montaje no es una antología de Jack Unterweger sino una mirada a las pasiones y a los mundos infernales por los que se mueven todos los seres humanos, sin importar su nacionalidad.

La comedia infernal muestra a Unterweger tal y como creen los realizadores que fue. La historia llegó a manos de Martin Haselböck y de John Malkovich hace unos años y la principal demora fue encontrar a alguien que se encargara de la puesta en escena y los detalles dramáticos, alguien que supiera establecer el equilibrio entre el drama propio de las tablas, las capacidades interpretativas de las sopranos Aikin y Zamojska y la potencia de una orquesta. Finalmente dieron con el nombre de Michael Sturminger y con él pudieron hacer esta pieza para un actor, dos cantantes y música en vivo, que se grabó en Viena, Austria, en julio de 2009.

Con la dirección de Sturminger, Malkovich se sintió seguro para enfrentarse a un proyecto teatral, luego de varias temporadas dedicado a actuar en cine.

“Creo que la actuación misma es efímera. Siempre comparo la interpretación con el surf o la equitación, que no practico, solamente miro. En estos terrenos el ejecutante no es la ola. La ola es creada por la colisión del material que uno exhibe con el público. Y luego uno solamente la monta, y sí, a veces se cae y a veces uno se equivoca, pero es como montar a caballo, que a veces se hace mejor que otras. Eso es lo que la interpretación de teatro es para mí. Lo que hace que una producción esté viva, es que el público no sabe qué va pasar, pero cuando pasa lo entiende”, afirma Malkovich. Ya está listo para debutar en Colombia y mostrar su versatilidad en un solo papel, mientras que las cantantes Laura Aikin y Aleksandra Zamojska interpretan varios roles a la vez.

Viernes 28 y sábado 29 de octubre, 8 p.m. Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, calle 170 No. 67-51. Informes y boletería 593 6300 y www.tuboleta.com

Algunas películas de John Malkovich

Como actor, el norteamericano ha tenido participaciones en: ‘Transformers’ (2011); ‘The dark of the Moon’, ‘Red’ y ‘Secretariat (2010); ‘Jonah Hex’, ‘Afterwards’, ‘Disgrace’, ‘Quémese después de leerse’, (2008); ‘Beowulf, la leyenda’ (2007); ‘Drunkboat’, ‘Eragon’ (2006); ‘El arte de la seducción’, ‘Colour me Kubrick’ (2005); ‘Sendero de sangre’ (2002); ‘Hideous man’, ‘Ajuste de cuentas’ (2001); ‘La sombra del vampiro’, ‘¿Quieres ser John Malkovich?’ (1999); ‘El hombre de la máscara de hierro’ (1997); ‘Retrato de una dama’ (1996); ‘En la línea de fuego’ (1993); ‘El imperio del sol’ (1987) y ‘En un lugar del corazón’ (1984).

 

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