Fútbol paradójico

El juego por el juego

Johan Huizinga escribió Homo ludens para dejar sentada una propuesta: antes que Homo sapiens y Homo faber, los seres humanos nacimos para jugar, para competir, para ser eternamente serios y rigurosos mientras nos dedicábamos a ello porque la idea era jugar por jugar, sin más.

El fútbol de potrero, el juego por el juego. Cortesía

El fútbol es un buen escenario para conocer al hombre.

Jorge Valdano.

Por eso, el deporte es una actividad física que se hace por distracción y divertimiento. Después llegaron las asociaciones, los reglamentos, el profesionalismo y el mundo dejó de ser para el juego y se convirtió en un mundo para el consumo. Deporte y felicidad responden hoy a criterios del mercado, de la inmediatez y de la política llena de intereses sin el juego. Nicolás de Cusa escribió, hace 6 siglos, De Ludo Globi. El juego de la pelota en todas sus dimensiones porque primero jugamos y después reflexionamos y fabricamos.

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Este antecedente ayuda a inferir que por vía del dolor los seres humanos hemos hecho los aprendizajes más significativos y que, en la alegría, nadie ha escrito nada que conmueva a la humanidad. Por esta razón sostengo que el carácter de los deportistas se forja en el dolor y en la derrota, así como se escribe en el desencanto.  Hoy predominan las transacciones, el dinero y la corrupción y, si nos olvidamos del deporte como negocio o como actividad comercial, el juego por el juego nos hace más humanos y nos forma porque es una escuela o una facultad del sosiego. Cuando vamos al recreo vamos a una batalla en la que se exponen los más vitales valores como la solidaridad. Recreo es creer dos veces o crear dos veces.

Cuando jugamos en la infancia lo hacemos seriamente y no queremos escuchar ese pitazo final de nuestras madres cuando gritaban: “¡Vení, culicagado, que se te va a enfriar la sopa!”. Jugar por jugar es un acto de rebeldía porque solo hay un sentido: el cuidado de sí. Cuando se recuerdan las cicatrices se vuelve al juego de la infancia en la que los padres se dejan ganar para que los niños sean felices. Si hacen memoria, van a recordar que cuando se juega futbolín con los hijos, que es la gran metáfora de un partido de fútbol, ellos narran el partido, se roban los apodos y nombres de jugadores, ellos son los mejores y el papá es el peor jugador del mundo y el gran y eterno derrotado.

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Además, narran el partido y se lo vuelven a contar a todas las personas con las que se encuentran: la narración dura varios días y, como por arte de magia, sus jugadores y sus narraciones cambian de voz. Ellos narran de una manera y sus muñecos hablan de otras formas. Mientras más deporte hay, más alegría en el corazón de un niño y los padres queremos que nuestros hijos conozcan el mundo a través del deporte. En el juego por el juego hay rebeldía.

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