Entre razón, curiosidad y presente

“El libro de las revelaciones”

El escritor Mario Mendoza presenta su nueva obra, en la que persiste en las dudas y, a través de historias y ensayos sobre hechos, personajes y circunstancias inexplicables, demuestra la fragilidad del ser humano.

Escéptico y ateo desde sus días de estudiante en el colegio Refous, pero con fascinación por el misticismo y las religiones, el escritor bogotano Mario Mendoza reincide en el universo de lo inexplicable. Hace tres años, su libro Paranormal Colombia recibió críticas de quienes lo calificaron como promotor de superchería o superstición en un mundo ávido de ciencia, tecnología y racionalismo. Pero él asumió que, a pesar del realismo absoluto que se impone, existe una sombra por explorar.

Esa es la razón de ser de su nueva obra, El libro de las revelaciones, en la que vuelve a poner en duda las versiones inequívocas de la realidad, para aportar 88 historias divididas en seis capítulos, con múltiples experiencias personales, teorías y fenómenos misteriosos, que demuestran cómo, a pesar de que él va por la vida sin escudos religiosos, coincide con Jorge Luis Borges cuando afirmó que la religión es una rama de la literatura fantástica, porque en todo tipo de fe siempre existe una fuerza poética que ilumina la vida.

No es una secuencia de historias situadas al azar, sino ordenadas de acuerdo a una estructura personal argumentada. Empieza en “las puertas del cielo”, porque recorre proyectos, rituales u órdenes de acceso a conocimiento extraviado; luego pasa por “adhesiones espirituales” o “monjes y maestros” que han dejado huellas de percepciones distintas, y termina en “las puertas del infierno”, que Mario Mendoza asocia al presente, cuando Occidente parece haber perdido su brújula y Siria demuestra el fracasode todos.

En el fondo, es la misma línea de su literatura enfocada en el asombro o las tinieblas, que emprendió desde la primera mitad de los años 80, cuando decidió que su tesis de pregrado en filosofía y letras en la Universidad Javeriana fuera sobre los aquelarres. Desde entonces, en un escenario urbano en el que Bogotá predomina, sus novelas y libros de cuentos tienen un denominador común: la búsqueda de caminos sorprendentes en los que existen seres y circunstancias que rompen los moldes de la certeza.

Aunque a finales de los años 90 viajó a Toledo (España) para complementar sus estudios de literatura en la Fundación Ortega y Gasset, y también pasó por Israel y Estados Unidos con los mismos objetivos, en su larga obra se advierte el influjo de sus vivencias juveniles, cuando escribía día y noche en pensiones universitarias, y entre talleres literarios, travesías intelectuales o la calle misma, fue conociendo las historias y personas que hoy constituyen la materia prima de sus ensayos y reflexiones sobre la fragilidad humana.

Cuando publicó su primera novela, La ciudad de los umbrales, en 1992, marcó un estilo que mortificó a algunos críticos remisos al curioso laberinto de sus protagonistas. Con Scorpio City, la controversia fue mayor. Siete editoriales la rechazaron por su extrema violencia. El reconocimiento llegó cuando obtuvo en 2002 el premio Biblioteca Breve Seix Barral, con su novela Satanás. Una obra basada en Campo Elías Delgado, el tristemente célebre asesino de la masacre de Pozzetto en 1986, a quien conoció personalmente como inofensivo contertulio.

Esa novela fue llevada al cine en 2007, con dirección de Andy Baiz y actuación estelar del mexicano Damián Alcázar. Para Mario Mendoza fue la carta de presentación para que sus trabajos comenzaran a verse impresos. Así llegaron Cobro de sangre (2004), Los hombres invisibles (2007), Buda Blues (2009) y Apocalipsis (2011). A pesar de la resistencia de algunos críticos, sucedió algo inusual: se convirtió en autor taquillero, al punto de que sus presentaciones en la Feria del Libro se caracterizan por auditorios repletos.

Mario Mendoza tiene una explicación: “son mis lectores de los colegios, universidades y bibliotecas que nunca he abandonado”. Y explica que suele ir a las bibliotecas de El Tintal o La Victoria, o acudir a reuniones de talleres en Bogotá, en busca de los lectores que las editoriales no convocan. Luego agrega que es increíble que el sur de Bogotá no tenga, por ejemplo, una librería, apenas papelerías, y que en medio de esa discriminación cultural, los autores no acudan a aquellos escenarios donde puedan encontrarse con su gente.

Por eso, la editorial Planeta lo respalda y sabe que va a la fija con él y su nueva apuesta literaria: El libro de las revelaciones. Un trabajo en el que cada relato, ensayo o referencia está basado en experiencias personales, infatigables búsquedas intelectuales o personajes encontrados en su avidez por entender qué o quiénes envían señales desde otro lado, y a pesar de la realidad que hoy es agobiante. Como reza el epígrafe de Edgar Allan Poe, que encabeza la obra, “Todo lo que vemos o imaginamos es sólo un sueño dentro de un sueño”.

Algunas historias o protagonistas son conocidos. El papa Juan Pablo II y sus dos exorcismos certificados; el psiquiatra Brian Weiss, que revolucionó a su gremio con su libro Muchas vidas, muchos sabios, con evidencias de reencarnación; el Bardo Thodol, más conocido como El libro tibetano de los muertos, al que llegó por sugerencia de su amigo, el maestro colombiano de la comunidad soto zen, Densho Quintero, o la increíble historia de Viktor Frankl, médico prisionero en los campos de concentración del nazismo, y su impresionante testimonio de dolor y dignidad.

En este recuento de revelaciones no podían faltar el buscador espiritual de origen armenio George Gurdjieff, quien además de su misión nunca dejó de practicar e inculcar su talento mayor como maestro de danzas. Tampoco el psicólogo Carl Gustav Jung, quien viajó por el mundo buscando las claves para descifrar el inconsciente colectivo, los vínculos con la magia y los fenómenos parapsicológicos. O el chamán Juan Matus, más conocido como Carlos Castaneda, cuyas enseñanzas marcaron una época y a varias generaciones.

El libro de las revelaciones aborda inquietudes universales sobre temas polémicos. Los años perdidos de Jesús, entre los 12 y los 30, de los cuales no hablan los Evangelios, pero dejan advertir eventuales contactos con místicos y monjes de diversas culturas. La historia del poeta de origen canadiense Leonard Cohen y su crisis espiritual en los años 90 hasta internarse en un monasterio budista. O la saga de Dokusho Villalba, el primer maestro zen español, reconocido por las antiguas tradiciones japonesas, pero que fue primero líder de la teología de la liberación.

Junto a estas historias, Mario Mendoza agrega las de sus encuentros personales. Con los chamanes de la tribu nukak makú. Con su contertulio y compañero de universidad Fernando Baena, protagonista de inolvidables tardes de literatura o música de Pink Floyd y quien ahora se llama Swami Gavasksha y viaja por el mundo dando seminarios de meditación o “abrazado a santones y gurús en la India”. Con el predicador musulmán Ahmed Al-Hayek, que conoció en Toledo (España), oyó su sabiduría, pero ni en las redes del internet actual ha vuelto a encontrarlo.

En síntesis, a través de 88 relatos, evocaciones o vivencias, todos enmarcados en su estética literaria, Mario Mendoza insiste en que, antes que rendir una apología ciega a la razón, debe admitirse que los seres humanos, en medio de sus mentiras, hipocresías o falsedad, esconden rincones oscuros o iluminaciones interiores que desbordan los límites de lo creíble. Y en el mundo actual, cuando persisten sensaciones de extravío o de orfandad, otras dimensiones de conciencia surgen para invocar el regreso al humanismo combativo.

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JORGE CARDONA ALZATE

Cultura

“El libro de las revelaciones”

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