Lo que puede tener en cuenta para ver la película

El #Metoo, "El escándalo" y la denuncia como arma útil o letal

Para analizar “Bombshell”, película dirigida por Jay Roch, la escritora Melba Escobar respondió algunas preguntas que, además de analizar el filme, profundizan sobre el movimiento #Metoo y las que para la autora han sido sus buenas y malas consecuencias.

Charlize Theron como Megyn Kelly, quien junto a Gretchen Carlson lideró la lucha contra la cultura machista en Fox News, que detonó el #MeToo y la batalla mundial contra el acoso laboral. Cortesía

A “Bombshell” o “El escándalo” la protagonizan Nicole Kidman, Charlize Theron y Margot Robbie. Las tres representan a Gretchen Carlson, Megyn Kelly y Kayla Pospisil (personaje ficticio), tres ex presentadoras de Fox News que fueron acosadas sexualmente por Roger Ailes, quien fue el CEO de esa compañía por muchos años. Carlson, que fue la primera en atreverse a acusarlo, desató una serie de denuncias que condujeron al despido del magnate, quien quedó expuesto como uno de los mayores abusadores en la historia de la televisión norteamericana.

Para analizar la película, que además cuenta con tres nominaciones a los Premios Óscar, Melba Escobar, escritora colombiana, habló para El Espectador sobre sus impresiones después de salir de la premier del filme, que se llevó a cabo el pasado jueves 9 de enero. Escobar, que se ha reconocido feminista, también ha mencionado algunos reparos con determinadas consignas del movimiento social y político, pero, sobre todo, con el #Metoo, que ha alentado a muchas mujeres a que denuncien el acoso del que han sido víctimas. (Le podría interesar: Melba Escobar: “Las mujeres no somos una franquicia”).

¿Le gustó la película?

La película me gustó. No me fascinó pero sí me gustó. Me gusta que se haya basado en hechos reales porque hay unas heroínas detrás que vale la pena destacar. Es interesante que la película plantee unos comportamientos muy gregarios, tribales. Esa conducta viral que en sociedad nos hace repetir unos patrones que además se perpetúan. Es un poco lo que uno ve cuando se encuentra con tres generaciones de periodistas de edades distintas que han sido acosadas por la misma figura. Una de las cosas que a uno le impresiona como espectador es entender que este señor estuvo muchos años acosando a mujeres sin que ninguna rompiera el silencio. Me parece que esa es una de las cosas que más me impresiona de la historia, esa perpetuidad de la dominación masculina.

“Yo trato de estar muy de acuerdo con esto”, le dijo un joven a su acompañante cuando salió de la sala, y es claro que no se refería solamente a la película. ¿Cree que hay mucha más gente siendo complaciente con este asunto? ¿Quiere decir que aún no estamos convencidos?

Es un tema que se ha vuelto cada vez más político. Todos queremos vernos correctos y todos queremos quedar bien, y en eso, justamente, es interesante la película porque lo problematiza. No es una película binaria porque muestra que las mujeres fueron víctimas, sin discusión, durante muchos años, pero también que en algunos casos hubo algunas de estas mujeres que fueron abiertamente misóginas y machistas. Creo también que cuando el asunto se vuelve políticoentran otros factores de poder en el juego.

¿Cómo cuáles?

Eso es muy complejo porque en un momento cualquiera puede jugar la carta del sexismo o el género para tener la balanza a su favor. Es un asunto delicado. Sin duda, vivimos en una sociedad patriarcal, es un tema urgente y es positivo que existan películas como esta, pero es más positivo que más allá del ruido se revisen las repercusiones de que, por ejemplo, reconozcamos que puede salirse de control.

¿Cómo podría salirse de control?

No se puede partir de generalidades. El error siempre será  pensar que todos los hombres son violadores o todas las mujeres somos víctimas. Hay que revisar los casos particulares, los matices. Hay que respetar también el debido proceso y revisar de qué forma podemos cometer injusticias con personas que se acusan y no son culpables.

Se refiere a que existen los dos extremos: las buenas consecuencias de que una mujer abusada denuncie a su abusador, pero también las malas en las que pueda usarse el poder de la denuncia y la explosión mediática para acusar a inocentes...

Creo que la reflexión es válida, sobre todo para este momento incendiado donde la inmediatez es tan fogosa. Muchas veces se viola el debido proceso porque el ruido es más rápido que cualquier investigación, un asunto que no deja de ser grave porque finalmente hay que darle el beneficio de la duda a cualquier acusado. De todas formas, solo con revisar la conversación que estamos teniendo me parece que tanto el movimiento como la producción que se haga respecto a esto, lo justifica. En este caso, la película  nos está llevando a pensar sobre las implicaciones de vivir más conscientes: ¿Qué vamos a hacer ahora con esa información? Cada vez vemos más casos, estamos más alertas y eso es positivo, pero aún no es del todo claro cuál es el paso siguiente. 

Le sugerimos: “El escándalo”, historia sobre el acoso sexual en Fox News

La evolución que han logrado las mujeres que se han atrevido a denunciar a sus abusadores ha sido determinante. Hay unos beneficios claros para nuestra dignidad y la forma en la que asumimos la vida. El miedo, que aún existe, se ha ido apagando, pero ¿qué debemos cuidar? ¿Cómo hacerlo con responsabilidad?

El escándalo mediático es una herramienta muy peligrosa. Es súper útil, pero también hay que reconocer el peligro: es tan rápido y letal que no queda nunca tiempo de saber o de evaluar si es o no culpable al que se le acusa.

¿Cuáles son sus reparos del #Metoo? 

Cuando se parte de un caso específico para hacer generalizaciones surge la discriminación. Por ejemplo, cuando alguien parte de la base de que todos los venezolanos son unos criminales, solo porque uno cometió un error, cae en un error grave. Esa lógica binaria y sin matices que nos mantiene en unos esquemas de blanco y negro es un juego muy efectivo, pero que hace mucho daño. El machismo existe, no puede negarse, pero también es cierto que hay muchas mujeres que tienen comportamientos machistas. 

Otro comentario de un espectador sobre el filme: “La película fue hecha para periodistas, para medios de comunicación” ¿la sintió así?

Yo sí la sentí muy local. Me pareció que no es una película para todos los públicos. Muy centrada en la anécdota porque se mantuvo en el tema gringo y las lógicas de poder de esos medios tan poderosos. Uno sí lo puede sentir ajeno. A la película le faltaron líneas importantes con las que uno pudiese remembrar o emocionarse más. No conozco y no he trabajado dentro de una redacción ni de un canal, así que no sé qué tan cercana sea a la realidad. 

Hábleme más de lo que no le gustó del filme…

La película genera sentimientos encontrados. Hay una bandera muy clara, casi que propagandística. Cuando tú ves el hashtag #NoEsHoraDeCallar, el estreno lo presenta Gineth Bedoya y al final hay un mensaje explícito en el que te dan la moraleja de la historia, se pierde el rigor. Ese tipo de líneas me funcionan en un comercial. El fin último del arte es contar una muy buena historia y sin editoriales. Este lado propagandístico le quita seriedad a este esfuerzo tan valioso que es la película. Eso me chocó.

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Laura Camila Arévalo Domínguez - Twitter: @lauracamilaad

Cultura

El #Metoo, "El escándalo" y la denuncia como arma útil o letal

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