Entrevista con Fernando Aníbal Pérez Quimbaya, director y fundador

El museo del vidrio

Desde la localidad de San Cristóbal, en Bogotá, este espacio les pone la lupa a las tradiciones del sector.

El museo está ubicado en la Cra. 1A N° 6C-75 sur (en la bella casa La Eneida), en Bogotá. / Cortesía

¿Cómo descubrió que su camino vital era el arte?

La fascinación por las imágenes de algunos libros de la biblioteca paterna me llevó a entrar en contacto con un mundo no lejano a esa afición de mi familia por el arte, en especial de mi padre Vicente Pérez Silva. Los vinos de Gala, con ilustraciones de Dalí, un libro con las esculturas de Rodin, dos tomos de la Expedición Botánica, El Quijote de la Mancha, con ilustraciones de Doré, entre otros, se convertían en inspiración para entrar en contacto directo con el arte. También la influencia de la profesora de filosofía en el colegio incidió hacia el gusto por el teatro, la música y las letras. Era nuestra orientadora extracurricular de la cartelera de exposiciones en galerías y museos, la actualidad en las tablas y la cita infaltable al concierto de la Sinfónica de Bogotá los sábados en la mañana, en la Universidad Nacional. Esto me llevó a una búsqueda por la identidad artística. Experimenté con el collage, la pintura y la cerámica, pero fue en la universidad estudiando diseño industrial que surgió la inclinación por el vidrio. Debido a que no tuve contacto con ese material más que en un ejercicio de expresión, comencé a investigar y a hacer vitrales pintados y lámparas. Así recibí un encargo de un vitral para una capilla del Divino Maestro. Me asesoré del maestro Luis López Salazar y realicé mi primer vitral, descubriendo en la revelación del color y las formas bañadas por la luz mi camino hacia el arte.

¿Cuáles son las razones que lo llevaron a fundar en San Cristóbal un museo dedicado al vidrio?

La principal razón que derivó en la fundación del Museo del Vidrio de Bogotá radica en la búsqueda por trascender en el arte a través de la escultura en vidrio. Esto me llevó a visitar las fábricas y los talleres de artesanos del vidrio en la localidad de San Cristóbal, donde rescataba las piezas con defectos y formas raras que desechaban, para construir las esculturas.

En su opinión y experiencias, ¿qué papeles educativos y culturales cumple un museo en la vida de las comunidades?

Desde la experiencia que la configuración del museo comunitario aporta como mecanismo de acción participativa se puede percibir que el papel del departamento educativo y cultural pretende reconocer el valor de la colectividad, su patrimonio como un ejercicio de identidad y apropiación.

El Museo del Vidrio busca promover la identidad, a través de su narrativa “Transparencia y cuerpo”. Proponer el museo como un dispositivo didáctico que acerca a la comunidad es habitual, pero trasladar al público visitante a reconocer el patrimonio, que por afinidad destaque el sentido de las colecciones, hace posible la relación entre los bienes de interés cultural y el patrimonio cultural intangible, hacia lo que denominamos Traslación relacional del conocimiento.

¿Cuál ha sido la relación del Museo del Vidrio con la comunidad a la que pertenece?

La comunidad fundacional que rodea al museo se conforma por los artífices de oficios vidrieros representativos para la localidad y, en general, de relevancia para la escena creativa y productiva del vidrio en los niveles distrital y nacional, donde artistas y artesanos han sido parte fundamental en la salvaguardia de las técnicas; de esta manera el museo se convierte en un referente que despierta interés en la comunidad académica, museal y en general de cultores y aficionados.

La relación se remite a la trayectoria del vidrio en Bogotá, que tuvo cuna en la localidad a través del primer horno de vidrio soplado a la caña, con la Fábrica de Vidrios y Cristales en 1834. Una relación que permanece por su legado y se enriquece en la segunda mitad del siglo XIX por la presencia de talleres de vidrio al soplete. También la tradición del vidrio decorado mediante la talla, que desapareció hace 15 años y ahora se reactiva mediante los saberes de las maestras decoradoras. Ellas transmiten sus conocimientos a otras mujeres de la localidad en este espacio.

¿Qué atractivos le ofrece el museo al visitante nacional y extranjero?

De las primeras impresiones que causa el museo a los visitantes, es encontrarse con un museo especializado que viene de lo virtual y se consolida como un museo comunitario, que destaca la importancia del vidrio para el territorio, valorando y validando la trayectoria histórica y cultural del sur de la ciudad, convirtiendo la visita al museo en una experiencia de acercamiento a la Bogotá desconocida.

En este sentido, la Ruta del Vidrio se destaca como la manera idónea de reconocer lugares relacionados con el museo, mostrando un espacio que no se limita a las exposiciones y trasciende las cuatro paredes del mismo, generando un vínculo entre las diferentes técnicas del vidrio que se manifiestan en los lugares que se visitan.

Es así como el museo, de cara al turismo, ofrece experiencias significativas visitando iglesias y palacios donde se encuentran los vitrales más representativos de la ciudad, visitas al horno de Cristal Artesanal, donde se reconoce el patrimonio intangible de la técnica más antigua y la visita al Museo del Vidrio como espacio que reconoce al sujeto más allá del objeto y aún más, el oficio representado como intangible, siendo esta la manera idónea de aproximarse a la tipología de museo comunitario.

¿Por qué debería alguien incluirlo en su lista de sitios por conocer en la capital del país?

Porque es un museo de la experiencia, donde se tiene la posibilidad de interactuar con la comunidad, lo cual lo ubica como un museo vivo. Aparte, ofrece una mirada a la Bogotá inimaginada, donde se cambia el paradigma del museo estático y el estigma del sur de la ciudad, por la mirada a un museo dinámico que apropia espacios patrimoniales de gran relevancia para la ciudad y su contexto artesanal.

 

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