El niño terrible de la danza

Mañana, en el marco del 15º Festival Universitario de Danza Contemporánea, este bailarín colombiano presentará su obra ‘Heavens What Have I Done’ (‘Cielos, qué he hecho’).

Miguel Gutiérrez, de padres colombianos, creció y se formó como artista en la ciudad de Nueva York, donde ha logrado posicionarse como una de las figuras más controversiales en el ámbito de la danza contemporánea. Aunque realizó estudios en danza en la Universidad de Brown y en la Universidad de Nueva York, la academia no fue suficiente para este bailarín que pretendía entender la vida y la danza como un proceso y no como un producto, definido y terminado.

En el 2001, interesado en conformar un grupo de artistas que se alejara del concepto de ‘compañía de danza’ —donde en la mayoría de la veces se trabaja bajo el mandato de un solo director y maestro—, Gutiérrez creó un espacio de colaboración llamado Miguel Gutiérrez and the Powerful People (Miguel Gutiérrez y los poderosos).

Bien sea en sus proyectos colectivos o en sus trabajos como solista, Gutiérrez busca que el acto creativo sea un experimento, “que prepondere el proceso sobre el producto y constantemente redefina la forma”. El bailarín afirma que la sociedad actual está invadida por una necesidad de obtener respuestas inmediatas y forjar opiniones coherentes y verdades absolutas. Con su propuesta artística, Gutiérrez busca declamar que “la confusión puede ser poética, incluso un estado de aprendizaje, y que hay múltiples verdades que pueden ser válidas”.

Heavens What Have I Done (Cielos, qué he hecho), la obra que se podrá ver mañana en el auditorio del Gimnasio Moderno a las 8:00 p.m., es una caja de sorpresas. Gutiérrez ofrecerá un performance que reflexiona sobre la ascensión de los artistas al éxito, las hipocresías de un mundo inestable y los sueños y deseos de un universo más personal.

Durante la obra, el artista recitará un monólogo atravesado por preguntas sin respuesta, cantará, junto a una grabación de la soprano Cecilia Bartoli, mientras usa maquillaje de payaso y lleva una peluca que evoca los peinados de María Antonieta.

En el proceso, los límites entre la audiencia y el artista se harán cada vez más sutiles, pues cada elemento, incluyendo el público, hace parte del performance. “No estoy tan preocupado porque mi audiencia entiende cada una de las acciones individuales de mi trabajo, ya que estoy con ellos, sintiendo el aura, tono y sensibilidad que esas acciones acumulan”, dice el artista.

 

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