El Nobel chino

Uno de los escritores más respetados de su país, cuya obra, según la crítica, tiene elementos del realismo mágico.

Mo Yan se convirtió  en el segundo premio Nobel de Literatura de origen chino.   / AFP
Mo Yan se convirtió en el segundo premio Nobel de Literatura de origen chino. / AFP

Después de semanas de especulaciones y apuestas, el premio Nobel de Literatura le fue otorgado ayer al escritor chino Mo Yan (pseudónimo de Guan Moye), una de las figuras literarias más prominentes de su país. La obra de este escritor es una de las más traducidas y publicitadas de entre los autores chinos.

En su nota de prensa, la Academia Sueca destacó a Mo Yan como un escritor que con “alucinante realismo mezcla cuentos populares, historia y lo contemporáneo”. Esta breve descripción hace referencia a dos de los aspectos que más trata el autor en su obra: la vida del campo y la historia.

La literatura de Mo Yan está permeada por las experiencias de su infancia en el campo, además de la tradición oral a la que estuvo expuesto durante sus primeros años de vida. “Las bases de sus libros fueron forjadas cuando era niño. Escribe acerca del campesinado, de la vida en el campo, tiene un gran interés en la gente ordinaria que lucha por sobrevivir, por su dignidad. Es un narrador muy avezado”, en palabras de Peter Englund, presidente de la Academia Sueca.

Mo Yan nació en 1955 en un hogar de granjeros. A los 12 años abandonó la escuela para trabajar en el campo con los adultos. Con 21 años se unió al Ejército y fue por esos días que arrancó su trabajo de escritura. Su primer éxito, al menos en China, llegó en 1984, aunque su debut literario fue en 1981.

“Tiende a ser más ‘histórico’ que sus contemporáneos. Se ve más a gusto manejando una perspectiva histórica. Pocos de sus trabajos tratan temas urbanos, que parecen ser la mayor preocupación de los escritores hoy en día”, aseguró en una entrevista al diario China Daily, Howard Goldblatt, reconocido experto en literatura china y quien oficia como traductor del autor al inglés.

Bajo la lectura de ciertos críticos, la literatura de Mo Yan es cercana al realismo mágico, una opinión compartida por Fan Ye, traductor de Gabriel García Márquez al mandarín.

“Mo ha admitido la influencia de William Faulkner y García Márquez. El lector puede encontrar algunos elementos peculiares de estos dos escritores en sus trabajos, como los pueblos pequeños en los que toman lugar sus historias, una imaginación muy rica e incluso algo del estilo del realismo mágico”, de acuerdo con Shelley Chan, una de las alumnas de Goldblatt y quien ha estudiado a fondo la obra del nuevo Nobel.

La catalogación de Mo Yan dentro del realismo mágico es una visión que no le hace justicia a la obra de un autor que ha sido traducido a seis idiomas y cuya obra se puede encontrar completa en países como Francia y Japón, según la visión de Englund: “Lo que Mo Yan hace en su escritura es algo único que contempla un diálogo entre lo sobrenatural y lo ordinario”.

“En algunos países, tal vez, un premio Nobel de Literatura es visto como un premio a un individuo creativo, algo sin ningún simbolismo colectivo más amplio. No sucede así en China”. Julia Lovell habla en el periódico inglés The Guardian de un síndrome que se ha llegado a conocer como el “complejo chino del Nobel”.

En un mundo en el que la cultura se usa como un método de poder y supremacía, un vehículo para expandir ambas categorías, el premio Nobel de Literatura es un símbolo plenipotente del avance de todo un país; un país, por cierto, con duras normas contra la libertad de expresión y la creación artística, contra una visión que pueda pasar por crítica o disidente.

Tanto así que hay libros en China que omiten la edición del año 2000 del premio Nobel, cuando lo ganó Gao Xingjian, autor nacido en China (lugar en donde vivió durante al menos 50 años), pero que para ese momento ya había adquirido la nacionalidad francesa.

Por esos días, un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China declaró que la premiación de Xingjian “muestra de nuevo que el premio Nobel de Literatura ha sido usado para fines políticos y no vale la pena comentar al respecto”.

Hoy, la historia es otra. La prensa china celebra por lo alto el galardón otorgado a Mo, quien al recibir la noticia por parte de la Academia Sueca se declaró lleno de alegría y asustado. El autor vive en un área rural con su padre de 90 años.

Polémicas aparte, el premio debería ser considerado en sus justas y merecidas proporciones, como escribe Evan Osnos, corresponsal de The New Yorker en China: “El triunfo de Mo Yan es significativo para China. Reconoce una vida de escritura en un lugar que resulta difícil para un escritor”.

O en palabras del profesor Goldblatt: “No tengo un problema con el premio. Lo que encuentro objetable es la obsesión popular con él. Para la gente de países como China y Corea del Sur, se ha vuelto un tema de validación nacional, si hay un triunfo, o de desprecio nacional, si no. Por favor: es un premio individual para el trabajo de toda la vida de un autor”.

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