El otro encuentro de Ramón Hoyos Vallejo y García Márquez

Una entrevista con el pentacampeón del ciclismo colombiano.

Ramón Hoyos Vallejo pentacampeón de la Vuelta a Colombia. Foto: Archivo El Espectador

En su casita de campo, en el municipio de Guarne, oriente cercano de Antioquia, enfundado en un suéter azul celeste, con textos en inglés alusivos a la moda y a la prensa, encontramos al pentacampeón, fallecido el 19 de noviembre de 2014, Ramón Hoyos Vallejo.

Dentro de su aparente hosquedad se escondía el espíritu de un ciclista antioqueño de proyección internacional en los años 50, dispuesto a compartir su pasado con ánimo de presente. Y de igual manera, en la mirada y en el tono de las palabras de “Don Ramón de Marinilla”, se evidencian un sentimiento de tristeza y, por qué no, otro de amargura, cuando el país ciclístico del 2006 ya no lo recordaba como triunfador; tal vez, el común de los colombianos, con los antioqueños incluidos, sabrá que hace 50 años existió un ciclista de Marinilla que ganó cinco vueltas a Colombia, cuatro de ellas sucesivamente, en una época en la que las regiones se imponían -¿igual que hoy?-, en medio de un contexto de violencia partidista, la misma que acentuaba la fragmentación política, social y cultural que aún hoy padecemos.

Cuatro factores, de una u otra manera, y por obra de la fatalidad –aquello que inevitablemente ha de suceder-, coincidieron en una coyuntura y en un contexto con un año escaso de diferencia, y desencadenaron acontecimientos presentes y futuros que, difícilmente, la mente más brillante habría imaginado: el reportero estrella del diario liberal El Espectador, Gabriel García Márquez; el joven ciclista campesino que a sus 23 años ya había ganado tres competencias nacionales; la tragedia de Media Luna, ocurrida el 12 de julio de 1954 en las afueras del oriente de Medellín, la cual cubrió en directo el escritor de Aracataca; el encuentro García Márquez-Hoyos Vallejo, ocurrido a finales de junio de 1955; el Premio Nobel de Literatura 1982, el primero obtenido por Colombia, país más conocido en ese momento por las luchas guerrilleras, paramilitares y la guerra del narcotráfico, con Pablo Emilio Escobar Gaviria a la cabeza. Ese encuentro directo e indirecto entre dos personajes de la historia colombiana de los años 50, dio lugar a una serie periodística de 14 entregas en el periódico de la familia Cano.

Fue tan completa la seguidilla de reportajes de García Márquez, que, con esta nota, no pretendemos llenar vacíos o corregir supuestas imprecisiones; nos proponemos, simplemente, compartir un apartado de lo que fue nuestra charla con Hoyos Vallejo en Guarne, sobre todo en lo concerniente a su encuentro con García Márquez, en particular los detalles que rodearon esa relación de trabajo entre dos figuras de nuestra historia nacional.

- La pequeña gran letra menuda del encuentro García Márquez - Hoyos 

                                                       Vallejo   

“La que tiene el principal significado es la vuelta del 55, que hay una canción que dice: “la quinta Vuelta a Colombia es algo sensacional porque le ha dado vuelo  internacional, el equipo colombiano no se deja dominar, adelante Ramón Hoyos hasta la meta final”; entonces venía mucho el ciclista extranjero, es la vuelta a la que más extranjeros vienen, y tengo tres récord mundiales y no se habla de esos records ahora, nadie dice nada, de mí ya nadie habla porque ya estoy viejo, pero cuando estaba joven hablan de uno por todos lados.

En el 55 vinieron de Argentina, de México; el mejor ciclismo que ha tenido este país en su historia, lo obtuvo en esa época; tenía a Rafael Vaca, Mauricio Liñán, Román Teja; todos ellos vinieron aquí, corrieron, pero México hoy ya tiene esa categoría, porque si  Colombia ha mermado en jerarquía, en el ciclismo, México también. Vale la pena señalar que yo he sido el corredor en el mundo que más ventaja le ha sacado al segundo en una competencia, en este caso a otro antioqueño llamado Honorio Rúa Betancur: hora 30 minutos 5 segundos.

De diecisiete etapas ganaba quince y el difunto Julio Arrastía, el técnico en ese momento y el comentarista después, me paró en tres veces para que ganara otro antioqueño que iba conmigo, porque como fuera yo ganaba. En esa época ya se dopaban los ciclistas, pero en especial los extranjeros que venían a correr aquí. Debo reconocer que el difunto Julio Arrastía, cuando era técnico de los equipos de Antioquia, llegó a pedirles drogas a los ciclistas italianos; pero yo no necesitaba nada de doping; más bien, yo andaba más sin droga que los otros corredores extranjeros que se dopaban con droga”.

El asombro que causó en el país este fenómeno de las carreteras, llevó al diario El Espectador a desplazar hacia Medellín a uno de sus mejores reporteros: Gabriel García Márquez:

El especial periodístico del futuro Nobel de Literatura sobre el campeón Ramón Hoyos Vallejo, en 1955, tuvo como curioso antecedente la serie de entregas que el mismo García Márquez escribió sobre la tragedia de Media Luna, ocurrida el 12 de julio de 1954. Perecieron 70 personas, entre ellas la mamá y otros familiares del nuevo ídolo deportivo nacional:

“Recuerdo que pasó el avión por Media  Luna; el barrio estaba lleno de gente porque sabía que Ramón Hoyos venía a ver su mamá y a su hermana muertas y al novio de mi hermana; es un drama un poquito maluco, esa fue parte de la vida mía en la Vuelta a Colombia, tanto que cuando yo participé en una carrera a Media Luna, ese mismo año, tenía que pasar por el mismo sitio, y no era Media Luna, era una cosa que llamaban Rancho´e Lata; cuando pasé por ahí, me bajé de la bicicleta, recé dos padrenuestros, arrodillado en el asfalto,  y cuando arranqué ya no iba de punta, iba como de  sexto o séptimo, y empecé a pedalear duro pensando en que mi mamá, desde el cielo, me ayudaba y me ayudaba.

¿Cómo presintió y cómo vivió Ramón Hoyos Vallejo su propia tragedia?

“Yo estaba prestando servicio militar en 1954, cuando corría por las Fuerzas Armadas; yo había tenido un accidente de carretera yendo al municipio cundinamarqués de Mesitas del Colegio, cuando iba para unas piscinas con una española que era cabaretera en el bar Gato Negro. Me decían que tenía puerta franca en el batallón, pero no por escrito, o sea que en esa ocasión incurrí en el delito de deserción. Íbamos unos 10 motociclistas por El Salto del Tequendama. Y en una curva me resbalé y perdí la conciencia.

En la Clínica Marly me atendieron. El 11 de junio de 1954 salí del hospital militar y me fui para el batallón Francisco José de Caldas, en Puente Aranda, cuando en esas oí la noticia de Media Luna. Pensé en mi familia. Y esa noche soñé que mi mamá y mi hermana habían caído ahí, pero que no les pasó nada. Desperté y hablé con el general Rafael Navas Pardo, comandante del batallón, quien fue el que me dijo que habían muerto mi mamá, mi hermana y mi cuñado en el deslizamiento de Media Luna, un lugar que está cerca del corregimiento de Santa Elena, en el oriente de Medellín.

Entonces salí como a las 4.00 de la tarde en un DC4 para Medellín. Y resulta que el avión pasó por Media Luna; el barrio estaba lleno de gente y esperando a Ramón Hoyos Vallejo. Recuerdo que después, durante una competencia en Media Luna, pasé por allí, me bajé de la bicicleta y recé dos padrenuestros. Y luego me volví a meter en la carrera, y le di y le di pedal hasta que logré alcanzar a Aureliano Gallón Cañas, el líder de la carrera y quien luego sería entrenador de ciclismo en Antioquia”.

Cuando Gabo fue huésped de Hoyos Vallejo

García Márquez llegó desde Bogotá a Medellín, expresamente para entrevistar como reportero de El Espectador al fenómeno del ciclismo colombiano: “Gabriel García Márquez vivió 10 días en mi casa del barrio Alejandro Echavarría, # 15-08, situado en el oriente de Medellín, cerca del corregimiento de Santa Elena y del escenario de la tragedia en la que yo perdí a mi señora madre, mi hermana y mi cuñado. Él era un periodista común y corriente, aunque dotado con una inteligencia superior, pero a la hora de la verdad era un reportero más que El Espectador mandó para hablar conmigo y publicar un especial de 14 entregas.

Yo le advertí a García Márquez: “Está bien, yo acepto hablar con usted sobre mi vida; pero le voy a dedicar solo una hora diaria porque yo tengo otras cosas para hacer; usted verá cómo se entretiene el resto del día”. Además, él sabía que yo era un radioaficionado, o sea que yo salía por la noche a funcionar como radioaficionado porque me encantaba comunicarme con personas y lugares de muchas partes del mundo; mi distintivo era HKRH4H, el cual incluía las iniciales de mi nombre y primer apellido”.

A mí me daban 2.500 pesos por las entrevistas, que era mucha plata, mientras que a  él le pagaban no sé cuánto; la serie periodística que García Márquez escribió sobre la vida mía, fue traducida en el mundo en diez idiomas. Tengo en mis archivos, por ejemplo, la traducción al alemán de esa serie; recuerdo, incluso, que la señora que lo tradujo del español al alemán, vino después a conocerme”. El final de esta nota no puede ser otro que el remate de la serie escrita por Gabo en 1955, la XIV, titulada “Al conocer la tragedia”, la cual tiene un tono más reflexivo, por parte de Ramón Hoyos Vallejo, en su confesión hecha al entonces sencillo reportero de El Espectador. “Hoy me siento en forma. Es mucho lo que se habla de mis proyectos. Se dice que pienso casarme. Que pienso retirarme del ciclismo y un millar de cosas más. Pero solo dos cosas son ciertas: no pienso casarme por ahora y deseo seguir corriendo. Creo que todavía puedo rendir varios más. Solo que cuando pienso que tendré que participar en otra Vuelta a Colombia, me da una pereza terrible. Me alarma mi compromiso con el público. Con este público colombiano que cada día exige más y más, cuando ya uno solo sirve para darle a ese público todo lo que puede”.

 

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