'El páramo', una experiencia visceral

Esta película colombiana es el primer proyecto de Jaime Osorio, una apuesta por explorar el género del horror con el trasfondo de la guerra.

La vista se aparta, las manos se aferran y el pulso se acelera. Esos son, al menos, los efectos físicos al enfrentarse a las imágenes de El páramo, donde se reconfirma que la humanidad es lo mejor y lo peor que le ha pasado a la especie.

La angustia de la guerra está marcada en las caras de cada uno de los soldados que conforman el comando de alta montaña que llega a una base desolada en un páramo. El único sobreviviente del lugar les cambiará el rumbo físico y mental.

La paleta cromática de grises, negros y verdes, las respiraciones sofocadas por la altura y el miedo, el claroscuro constante, las actuaciones comprometidas de caras que refrescan la pantalla, la cuidada arquitectura de las tomas, los planos cerrados y la música que acompaña el compás del suspenso son los ingredientes que forman el cuadro de horror de El páramo. Aunque se exagere el recurso de la música incidental y haya ciertas escenas predecibles, la película logra su cometido. Es justamente lo que no se ve, es lo invisible lo que logra mantener la tensión. El enemigo real no será el peligro exterior, sino los vericuetos mentales: la locura como el arma más letal.

Jaime Osorio, quien se ha formado en el mundo de la publicidad, se subió a 4.600 metros de altura para realizar su primer largometraje.

En su opinión, ¿cuál es el gran acierto de la película?
La película genera un impacto en el espectador lo que hace que la experiencia de verla sea activa. Creo que son pocas las películas que logran eso y agradezco mucho cuando salgo del cine sintiéndome diferente de como entré.

¿Cuál ha sido su relación con las películas en el género del horror?
Realmente mis referencias en este género son más literarias que cinematográficas, como las obras de Maupassant o Henry James, o hasta Lovecraft, que son quienes realmente me han influenciado. En cuanto al cine tendría que nombrar algunos clásicos como El resplandor, El exorcista y El bebé de Rosemary.

Cada vez más, el conflicto colombiano es tratado como trasfondo y no como asunto directo.
Es natural y necesario que el cine refleje la sociedad, así que el conflicto debe estar presente en nuestra pantalla directa o indirectamente. El cine no debería ser una evasión de la realidad, sino una inmersión en ella. No mostramos lo que queremos ver, sino justamente lo que no queremos reconocer.

¿Cuáles fueron las reacciones más destacadas de su estreno en el Fantastic Fest, el festival de género más grande en EE.UU.? ¿Qué lo sorprendió?
La gente con la que hablé y las críticas que leí entendieron perfectamente el fondo y se conectaron emocionalmente con la película. La gente la acogió muy cálidamente y los aplausos y los comentarios me llenaron de satisfacción. El Fantastic Fest, a diferencia de los demás festivales, no gira en torno a un jurado sino a la audiencia y a la manera como se relaciona con las películas. El haber presentado por primera vez El páramo, frente a una audiencia acostumbrada a ver lo mejor del cine de género de todo el mundo, y que haya sido acogida de una manera tan calurosa, es una gran recompensa, después de todo el trabajo que significó la realización de la película.

¿Cómo fue el manejo de los actores? ¿Qué les implicó antes de filmar?
Decidí no darles el guión para que no se preocuparan por el texto sino por encontrar la verdad en sus actuaciones. Ensayamos todas las escenas durante meses, antes de empezar a filmar, para descubrir las verdaderas relaciones entre los personajes y las acciones. Durante el rodaje partíamos de lo alcanzado en estos ensayos y a partir de improvisaciones ahondábamos cada vez más y más en esa búsqueda de nuestra veracidad.

No es una película para todos. ¿Qué tipo de público esperan captar?
Esta película puede ser entendida y disfrutada en diferentes niveles, así que no creo que esté dirigida a un público en particular. Puede que la gente aparte la vista de algunas escenas, pero se conecte sensiblemente con otras, o con el fondo de la historia.

¿Qué le trae la publicidad a su manera de hacer cine?
Es una buena escuela, porque enfrenta a los directores a diferentes tipos de géneros, locaciones, tonos, y maneras de filmar. El Páramo, sin embargo, es un ejercicio de puesta en escena basado en la dramaturgia, lo cual está en la esquina opuesta de la publicidad.

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