El periodismo es historia

Como preámbulo del Hay Festival, Patricio Fernández Chadwick conversó, en Riohacha, con el periodista Édgar Ferrucho sobre su experiencia y su oficio en América Latina.

Patricio Fernández Chadwick, director de ‘The Clinic’. Portadas de la revista ‘The Clinic’.

Patricio Fernández Chadwick no estudió periodismo y dice que nunca se imaginó que terminaría haciendo lo que hace. Antes de The Clinic, estudió literatura y filosofía, y luego hizo un doctorado en historia del arte renacentista en Florencia. Pero en el año 98 pasó algo que lo llevaría a dedicarse al periodismo.

A finales de 1988 un plebiscito en Chile terminó con la dictadura de diecisiete años de Pinochet. “Fue una dictadura muy dura para los chilenos, que dejó 3.000 muertos y muchos desaparecidos, y bueno... De violencia, en América Latina todos sabemos”. Diez años después, Pinochet seguía siendo comandante y jefe del Ejército. Por fin, en el 98, fue detenido en Londres. Lo atraparon en un hospital, The London Clinic, que tenía un cartel en la entrada que decía “The Clinic”.

Cuando Pinochet fue detenido, los medios de comunicación en Chile, que estaban prácticamente en manos de la derecha política, no informaron bien sobre la noticia. “Nos tardamos como tres días en saber que había sido detenido. Cuando supimos, unos amigos y yo (pintores, escritores, poetas, es decir, unos tipos bastante desfachatados) decidimos hacer y poner a circular un panfleto que festejara la noticia. Al ser el exdictador el detenido había cierta nube de miedo, pero en ese momento lo que nos impulsó a hacer el panfleto eran las ganas de maltratar, insultar, ofender la memoria de Pinochet. Pretendíamos abrir un espacio para los sentimientos de irreverencia, indignación, rabia e insatisfacción que sentíamos todos los que participamos en el panfleto”.

Los primeros ocho números los regalaban por las calles y los dejaban en bares, “porque todos éramos bastante borrachos; los bares se convirtieron en un muy buen canal de difusión”. El panfleto, entonces, empezó a ganar cierto prestigio y reconocimiento. Empezaron a venderlo en los quiscos y ponían plata de su bolsillo para imprimirlo.

Cuando nació, The Clinic tenía cuatro páginas, era una hoja doblada en dos. Sus creadores robaban las fotos de otras publicaciones y para escribir se basaban en los otros medios de comunicación, que no decían la verdad, pero la rodeaban, maquillándola y escondiéndola. En el camino se fueron uniendo periodistas al proyecto y el panfleto dejó de ser panfleto y pasó a tener doce páginas. Sin embargo, en ese entonces ninguno de los participantes recibía un salario por su trabajo. Hoy en día The Clinic es la revista más leída en Chile, aunque siga sin tener mucho apoyo y promoción de las grandes empresas, “por obvias razones”, como dice Fernández.

Ahora no sólo explota el género satírico, también publica ensayos, columnas de opinión y crónicas. Pero el humor jugó un rol fundamental en los comienzos de The Clinic, pues, según Fernández Chadwick, no hay nada más lejano al autoritarismo y a las mentalidades absolutistas que el humor, y nada hiere más que la risa.

El humor tiene la facultad de poner en duda hasta las más profundas convicciones. Rechaza lo sagrado, es corrosivo, disuelve toda mentalidad monolítica. En Chile ya había una tradición de humor, existían revistas humorísticas y la poesía de Nicanor Parra, que justamente intenta disolver los discursos más pomposos y grandilocuentes. “Nosotros sentimos asco por los grandilocuentes y los grandilocuentes por nosotros; los de The Clinic somos de lo más cochino que hay”.

En relación con el poder, dice Fernández Chadwick que “todo poder tiene problemas con los periódicos. Cuando el poder es brutal, los problemas que tienen los periodistas con él son brutales. Cuando pienso en lo que han vivido muchísimos periodistas colombianos, cuya labor los ha llevado a su propia muerte, sólo puedo agachar la cabeza y sentir una inmensa admiración. Cuando el poder no quiere ser cuestionado y tiene armas, lo único que uno puede hacer es sentir el máximo respeto por quienes se atreven a poner en circulación esas realidades que algunos quisieran callar. Mientras el conocimiento se mantenga enfrascado en pocas manos, el faraón va a seguir teniendo el máximo poder, la máxima credibilidad, el máximo control”.

El periodismo y la libertad de expresión son, entonces, sin duda, centrales para la democracia. Cuando el periodismo entra a denunciar, a revelar verdades, a destapar la violencia, a disminuir el poder de quienes lo tienen, incomoda y se vuelve por ello una actividad arriesgada. “El control de la prensa, el control de las verdades circulando, es algo que no tiene color político, es más bien una característica del ejercicio del poder y de la negación de la democracia”. Fernández Chadwick guarda una esperanza en la tecnología, porque afirma que gracias a ella la posibilidad de que jóvenes y periodistas cuenten historias, muestren imágenes, pongan películas y hagan circular su voz sin necesidad de grandes sumas de dinero es cada vez mayor. “Eso es algo que nunca en la historia de la humanidad había sucedido de esta manera, nunca antes un ciudadano cualquiera hubiera podido hacer circular una verdad que constata en el camino. Hoy en día todo el que ande con un teléfono celular es un espía en potencia, y puede denunciar cosas que antes se hubieran mantenido en secreto. La tecnología e internet son armas que debemos usar bien. No son buenos momentos para la queja, para el rezongo; son momentos para la acción, para escribir reportajes reveladores que cambien algo. Es una falsedad que el acceso a internet sea un lujo. Debería ser un derecho fundamental, como se está empezando a conversar en foros internacionales. Una sociedad que impida a sus habitantes estar conectados a internet es una sociedad que les está negando la conexión con un gran universo de información, de creación, de convivencia. Creo que se nos abre allí un mundo nuevo, hay algo allí por aprovechar”.

Según Fernández Chadwick, internet facilita la inmediatez de la noticia. Por eso propone pensar en una faceta del periodismo a la que le importa contar historias. En este sentido, el periodismo no es tan distante de la literatura. En las historias se unen la ficción y la no ficción, que conviven en un mismo formato, y a veces cuesta encontrar la línea divisoria.

Lo que ha querido hacer Fernández Chadwick es contar las historias más fascinantes que se le han cruzado en la vida y que ha podido constatar. Asimismo, lo que ha querido hacer The Clinic es convertir las noticias en historias que diviertan y hagan pensar. “Si acaso los sueños de cada individuo tienen cierta complejidad, los sueños de todos los individuos tienen una complejidad infinitamente mayor. Si te imaginas lo que sucede en el trayecto de un tren, suponiendo que en ese tren vienen doscientas personas, cada una con sus conflictos personales, líos con sus hijos, sus parejas, sus padres, su gobierno, entre una estación y la otra puede haber las mejores novelas todavía no escritas. Por lo tanto, el periodismo no es solamente la noticia, es también saber hurgar en nuestra vida de todos los días como si fuera una gran novela”.

 

 

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Sara Malagón Llano

Cultura

El periodismo es historia

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