El poder de la determinación

Hace 10 años las Farc segó la vida de Consuelo Araujonoguera. Su hijo recuerda por qué fue una mujer que hizo historia.

Para intentar trazar con alguna exactitud los rasgos definitorios de Consuelo Araujonoguera hay que remontarse a la tierra que la vio nacer. Valledupar era entonces una aldea de mediana importancia económica, pero orgullosa de su espíritu republicano, alimentado gracias a la heroica figura de María Concepción Loperena, otra valiente mujer que contribuyó a la gesta libertadora.

En ese contexto casi bucólico surgiría Consuelo, la menor de nueve hijos del hogar de Santander Araújo y Blanca Noguera. De su padre —líder liberal de la región, famoso por recitar de memoria discursos enteros de Jorge Eliécer Gaitán— Consuelo heredó su prodigiosa memoria y el carácter recio que la caracterizaba, y gracias a su madre —trabajadora infatigable, lectora apasionada de poesía— incursionó en el mundo de la literatura, en el cual, de manera autodidacta, adquirió una sólida formación cultural y humanista.

Tal vez una de las más acertadas semblanzas que se han hecho de Consuelo la realizó su amigo entrañable, Juan Gossaín, quien la definió como una mujer irrepetible. Yo añadiría: auténtica, íntegra y polifacética. En efecto, fue una mujer polifacética: escritora, poetisa, periodista, folcloróloga, filóloga empírica, gestora cultural, servidora pública, católica devota, además de ama de casa consagrada, amiga leal, esposa, madre y abuela amorosa. En todas ellas, Consuelo irrumpió con una pasión inusitada y una vitalidad única.

Indudablemente, sus facetas más conocidas fueron las de periodista y de gestora cultural. A través de sus reportajes y de su columna ‘La Carta Vallenata’ en El Espectador, Consuelo se dio a conocer ante la opinión pública. Desde allí ejerció por más de 22 años un periodismo valiente y combativo, caracterizado por su peculiar estilo provinciano, audaz y mordaz, y por un valor civil ejemplar del cual dio innumerables muestras al denunciar las corruptelas al interior de la administración pública y las injusticias. Su valerosa actitud ocasionó muchas veces amenazas en su contra, pero ella, en lugar de amilanarse, persistía en su causa.

Casi simultáneamente con el inicio de su actividad periodística, Consuelo creó en 1967, conjuntamente con un grupo de amigos, entre ellos el expresidente Alfonso López Michelsen, el compositor Rafael Escalona, Darío Pavajeau, Cecilia Monsalvo y Miriam Pupo, el Festival de la Leyenda Vallenata, evento que logró posicionar como el mayor patrimonio cultural de Valledupar y como parte vital del patrimonio cultural de la nación. Precisamente, fue en un festival cuando empezaron a llamarla “La Cacica”, mote con que la bautizó su amigo periodista Hernando Giraldo, al observarla impartiendo órdenes a diestra y siniestra, regañando aquí y acullá, dándose cuenta del más mínimo detalle… en fin, sumergida en las labores propias que demandan la organización y la logística de un evento de esa naturaleza.

En el campo literario incursionó con el ensayo Vallenatología (1973), obra que tiene el mérito de ser el primer libro publicado sobre los orígenes y la evolución de la música vallenata. Posteriormente, ganaría el primer lugar del concurso Cote Lamus con el cuento “Yo sabía” (1978). Años más tarde, publicaría Escalona: el hombre y el mito (1988), un cautivante relato sobre la vida y obra de uno de los más grandes compositores del país vallenato. Su última obra, Lexicón del Valle de Upar, constituye el primero y más importante compendio filológico que se ha hecho sobre los términos, modismos y refranes de la vieja provincia de Valledupar y de Padilla.

También en otros aspectos de su vida se revelaba su espíritu visionario y su carácter aguerrido y libertario. Consuelo fue pionera en la lucha de género, al ser la primera mujer de su ciudad en separarse de su esposo, reivindicando con ello el derecho soberano de la mujer a ser independiente y feliz. Ese hecho, que parece tan común hoy, fue considerado como una herejía por la sociedad vallenata pacata y machista de entonces. Así mismo, Consuelo fue una de las primeras mujeres en usar mochila —cuando no se solía usar entre no indígenas—, como reconocimiento de nuestra herencia aborigen. Con el tiempo, la mochila se convertiría en un elemento definitorio de su imagen y personalidad, hasta el punto de que el día de su posesión como ministra de Cultura, lució orgullosa su mejor mochila, en vez de un bolso Louis Vuitton.

Consuelo parece haber vivido cientos de vidas en una: madre seis veces, abuela trece, amante de los crucigramas y de la jardinería. Tuvo una existencia plena y fructífera.

Al final de su vida fue designada, en el gobierno de Andrés Pastrana, como ministra de Cultura (julio 2000 – marzo 2001), cargo al que renunció para prevenir cualquier conflicto ético que se derivase de la elección de su segundo esposo como procurador general.

Hace 10 años, al caer la tarde del sábado 29 de septiembre, siguiendo la maldita costumbre colombiana de matar a nuestros mejores ciudadanos, la Cacica fue asesinada a tiros de fusil por las Farc, en un paraje incrustado en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, después de haber soportado cinco eternos días de cautiverio, al ser secuestrada al regreso de la tradicional misa de la Virgen de Las Mercedes en Patillal, área rural de Valledupar.

Los últimos que la vieron cuentan que murió de pie, como vivió su vida. Y así reza su epitafio.

Turno para ‘Madama Butterfly’

El segundo título de la temporada de ópera es Madama Butterfly y la encargada de encarnar a Cio Cio San será la japonesa Hiroko Morita, en escena junto a actores colombianos como Carolina Plata y Camilo Mendoza.

Esta ópera en tres actos, con música de Giacomo Puccini y libreto en italiano de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica, tiene la misión de continuar con la celebración de los 35 años de la Ópera de Colombia y, además, debe aproximarse a lo que fue Don Carlo, una súper producción sin antecedentes en la lírica nacional.

Madama Butterfly tendrá funciones el 6 y el 8 de octubre a las 8 p.m., en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán, carrera 7 No. 22-47. Informes y boletería: 593 6300 y www.tuboleta.com

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