El poder del signo

Las letras manuscritas y la escritura son la tinta y las líneas de los dibujos de Johanna Calle. La exposición presenta varias de sus series, que revelan sus preocupaciones más allá de lo formal.

Es la creación de pequeños universos en cada serie lo que sorprende en la obra de Johanna Calle. Todos cobijados por ese hilo conductor, ese lenguaje común donde la escritura se vuelve dibujo y línea, con el que lleva trabajando por más de una década y que se ha vuelto su sello inconfundible.

La exposición ‘Signos’, que se presenta en la Galería Casas Riegner, concordó con el lanzamiento del libro de artista Abecé en el país, pues ya se había presentado en la XII Bienal de Estambul, donde la artista tuvo una presencia importante con 17 obras. La serie que lleva el mismo nombre está expuesta en una parte de la galería. Son las letras del alfabeto, cada una en un cuadro separado, las que conforman este conjunto que de lejos parecieran texturas, crecimientos orgánicos, abstracciones en papel y sólo de cerca se aprecia cada letra dibujada en distintos tamaños, puesta a gravitar sobre sí misma, caminando al revés, acostada o en su posición habitual. Para eso, Calle utilizó un cuaderno destinado para coleccionistas de estampillas de 1920 y partiendo de la trama de las hojas empezó a jugar con el alfabeto.

Con su esposo, que es dueño de un anticuario, comparten esa misma afición por los objetos que tienen marcado el paso del tiempo. Los mercados de pulgas son mundos perfectos para perderse en historias de antaño, para crear ficciones a partir de un hallazgo y encontrar esos tesoros que muchas veces inspiran su obra. Fue en uno de ellos donde encontró unas láminas botánicas de quinas (árboles muchas veces utilizados para fines medicinales) hechas por un alemán. De ahí nació la serie de quinas trabajadas en alambre, de esa preocupación ecológica y por el medio ambiente que permea otros de sus trabajos. “La clasificación de la quina de propiedades medicinales, no era tan clara y por lo tanto se empezó a talar indiscriminadamente”, explica la artista.

Y así, con esa sensibilidad por el mundo que la caracteriza, pasa de la botánica a la Ley de Víctimas. Leyendo ese documento se dio cuenta de que era muy confuso y enredado. “¿Cómo se va a reparar e indemnizar a la gente? ¿La plata del Estado alcanza para cuántas víctimas?”, se pregunta Calle. Simbólicamente representó estas inquietudes en unos ovillos dibujados con el texto de la ley.

Cada trabajo supone una dedicación extrema, una investigación previa. Cada pequeña letra revela miles de minutos gastados por la artista enfrentada con el papel. Quizá la comparación caiga en un lugar común, pero el panal de abejas con su perfección orgánica se asemeja mucho al recorrido de creación de la obra de Johanna Calle.

Casas Riegner. Calle 70A N° 7-41.

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