El Poema del Mío Cid (Clásicos)

El texto que cuenta la vida y hazañas de Rodrigo Díaz de Vivar, un caballero castellano que se convirtió en el emblema de la Reconquista de España, es el primer monumento de la literatura española. El autor del texto es anónimo pero se cree que lo realizó un juglar hacia 1140.

El Cantar de Mio Cid constituye la primera gran obra de la literatura española escrita en una lengua romance.Cortesía

"El Cid entrañable, querido, amable y amado, que todos llevamos dentro del alma es el que Menéndez Pidal (filólogo, historiador, folclorista y medievalista español que vivió entre 1869 - 1968 ) nos ha regalado. El Cid castellano, personaje importante de la historia de la España del onceno siglo, no es una entelequia histórica, sino un personaje vivo que pica las piedras de sus molinos del Río Ubierna, sonríe y llora, haciendo historia de España al trotar de su caballo Babieca".

El filólogo español Amancio Bolaño, en el prólogo del libro que estudia las complejidades de El Poema del Mío Cid, pone sobre la mesa las dos visiones históricas sobre el personaje que protagoniza el texto. 

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Y entonces podríamos empezar por decir cosas varias. Que "Cid" es una palabra de origen árabe que significa 'señor'; que "Campeador", como también se le llamó a Rodrigo Díaz de Vivar, es el significado de 'luchador', 'batallador' o 'experto en batallas campales'; (el verdadero señor de la guerra); que aún después de más de ocho siglos aún no se sabe con precisión quién escribió esas líneas o para qué lo hizo. pero, quizá, eso es lo que hace que la historia en torno a estos cantares de gesta recopilados en "poema del Mío Cid", aún susciten tanto interés. Que sea mágico. Eso sí, nadie discute que dicha obra es el primer monumento de la literatura española. ¡El primero!

Alberto Montaner Frutos, filólogo hispánico, heraldista y arabista especializado en literatura e historia hispánica medieval, explica que  "El Cantar desarrolla tras la conquista de Valencia toda una trama en torno a los desdichados matrimonios de las hijas del Cid con los infantes de Carrión que carece de fundamente histórico. Así pues, pese a la innegable cercanía del Cantar a la vida real de Rodrigo Díaz (mucho mayor que en otros poemas épicos, incluso sobre el mismo héroe), ha de tenerse en cuenta que se trata de una obra literaria y no de un documento histórico, y como tal ha de leerse".

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El Poema se divide en tres partes o cantares: cantar del Destierro, Cantar de las bodas y Cantar de la afrenta de Corpes.

El primer cantar narra las aventuras del héroe en el exilio por tierras de la Alcarria y de los valles del Jalón y del Jiloca, en los que consigue botín y tributos a costa de las poblaciones musulmanas.

Fragmentos literarios:  Cantar 1

"El Cid deja sus casas y tierras De los sus ojos tan fuertemente llorando, volvía la cabeza, se las quedaba mirando: vio puertas abiertas, postigos sin candados, y las perchas vacías, sin pieles y sin mantos, o sin halcones, o sin azores mudados. Suspiró mio Cid, que se sentía muy preocupado; habló mio Cid, bien y muy mesurado: "grancias doy, señor padre, que estás en lo alto, esto me han urdido mis enemigos malos".

El segundo se centra en la conquista de Valencia y en la reconciliación del Cid y del rey Alfonso, y acaba con las bodas entre las hijas de aquél y dos nobles de la corte, los infantes de Carrión.

Fragmentos literarios:  Catantar 2. Las pretensiones de los infantes de Carrión

De los infantes de Carrión yo os quiero contar, Hablando en consejo con todo secreto están: La nuevas de mío Cid muy adelante van; Demandemos sus hijas para con ellas casar; Creceremos en nuestra honra e iremos adelante. Venían al rey Alfonso con esta puridad: (Los infantes de Carrión proponen al Rey la solicitud de matrimonio con las hijas del Cid. El Rey trata el asunto con Minaya y Pero Bermúdez, y pide vistas con el Cid, que comunica por escrito la respuesta al Rey). Merced os pedimos, como a Rey y a señor natural; Con vuestro consejo lo queremos hacer nos, Que nos demandéis las hijas del Campeador; Casar queremos con ellas a su honra y a nuestra pro. Una gran hora el Rey pensó y meditó: Yo eché de tierra al buen Campeador, Y, haciéndo yo a él mal y él a mí gran pro, Del casamiento no sé si tendrá sabor; Mas, pues vos lo queréis, entremos en la razón. A Minaya Álvar Fáñez y a Pero Bermúdez, El rey don Alfonso entonces los llamó; A una cuadra, él los apartó: Oídme, Minaya, y Pero Bermúdez, vos:

El tercero refiere cómo la cobardía de los infantes los hace objeto de las burlas de los hombres del Cid, por lo que éstos se van de Valencia con sus mujeres, a las que maltratan y abandonan en el robledo de Corpes. El Cid se querella ante el rey el rey Alfonso, quien convoca unas cortes en Toledo, donde el Campeador reta a los infantes. En el duelo, realizado en Carrión, los infantes y su hermano mayor quedan infamados; mientras tanto, los príncipes de Navarra y Aragón piden la mano de las hijas del Cid, que las ve así casadas conforme merecen.

Fragmentos literarios: Catar 3 - El rey restablece la honra del Cid y de su familia

He aquí que dos caballeros entraron en la corte; al uno dicen Ojarra, de Navarra embajador, al otro Iñigo Jiménez, del infante de Aragón. Besan las manos al rey don Alfonso, piden sus hijas a mío Cid el Campeador, para ser reinas de Navarra y de Aragón y que se las diesen con honra y bendición.

Las discusiones en torno a la figura de Rodrigo Díaz de Vivar aún están lejos de extingurise pese al paso del tiempo. ¿Fue el Cid un héroe, un símbolo de la cristiandad cruzada, tal y como a menudo se le ha querido pintar?

El historiador extremeño David Porrinas acaba de publicar "El Cid. Historia y mito de un señor de la guerra". En escencia este nuevo texto analiza al personaje desde el punto de vista biográfico junto con sus debilidades y fortalezas, una figura que se aleja del mito y/o la leyenda que se ha cimentado a su alrededor.

"Rodrigo Díaz ganaba porque tenía mucha capacidad de aprendizaje y mucha capacidad analítica de las circunstancias, por complejas que fueran. También vencía por la hibridación que consiguió en su contacto con los musulmanes. Muchas de sus tropas eran musulmanas y con ellas aprendió técnicas y pudo formar un ejército permanente que funcionaba gracias a los botines de las razias y los tributos. Tenía una visión militar global: empleaba cualquier recurso a su alcance. Por ejemplo, la psicología humana. Cohesionaba a sus hombres, aterrorizaba a los enemigos, los manipulaba... Además, encontró un mundo propicio para ese talento: el de Al Andalus fragmentado. Su éxito no habría sido posible ante un califato unido".

Según explica Álvara Alcazar en Todo Literatura, "el arduo reto de revertir la realidad de un personaje histórico devorado por su propio mito en un libro donde el lector no encontrará al héroe del Cantar, ni a un personaje de ficción, ni a un símbolo nacional, sino con un ser de carne y hueso, producto de su propio tiempo y su coyuntura".

 

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Joseph Casañas - @joseph_casanas

Cultura

El Poema del Mío Cid (Clásicos)

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