Leonard Cohen, el poeta de la depresión

El músico y escritor canadiense, uno de los ejes del rock y del folk, murió a los 82 años en Los Ángeles. El lunes 7 de noviembre ocurrió su deceso, pero la noticia se supo tres días después. Sus versos fueron reconocidos desde el Salón de la Fama hasta por el Príncipe de Asturias de las Letras.

Algunas de las canciones más importantes del artista canadiense Leonard Cohen son “Suzanne”, “I’m Your Man”, “Hallelujah” y “Avalanche”./ AFP

Leonard Cohen fue silencio en una época de su vida. En su proceso de composición, las pausas eran elementos importantes porque, según su concepto, hacían sentir el mensaje de una manera más contundente. Durante esas ausencias instrumentales, el público tenía la oportunidad de digerir, asimilar y degustar cada palabra escrita por este músico, poeta y novelista canadiense. Por eso no fue gratuito que, después de un receso voluntario en el que se internó en un monasterio para reflexionar sobre su actividad y contemplar la atmósfera con mayor tranquilidad, se le adjudicara el nombre Jikan, cuya traducción al castellano es “silencio”. 

Del silencio partieron las creaciones más importantes de Cohen tanto para la literatura como para la música. Gracias a él pudo contar que una fuente inagotable para su creación estuvo relacionada con su origen múltiple, en el que confluyen raíces lituanas, polacas y canadienses. Esa riqueza lo impulsó siempre a ir más allá y a buscar el carácter universal de la música. Para él, el arte sonoro no solo debía ser el lenguaje común para todo el planeta, sino que debía ser la lengua primaria y la forma genuina de comunicación de la especie humana.

Su condición de ciudadano del mundo lo llevó también a probar y a querer vivir al límite. La poesía de Federico García Lorca lo cautivó, así como el denominado “duende” de la música flamenca, pero también encontró en las conversaciones en bares y burdeles el material casi cinematográfico que caracterizó su propuesta musical. Las esquinas peligrosas en distintas ciudades del continente, los gángsters, las prostitutas, los proxenetas, los habitantes de la noche que tienen la rutina establecida de visitar un lugar de mala muerte fueron modelos para la construcción de personajes en sus iniciativas musicales y literarias.

Cohen estudió poesía en Montreal y a comienzos de la década de 1950 publicó sus primeros versos. La presencia de su padre fallecido durante sus años de adolescencia marcó el derrotero de su inspiración temprana. Más adelante se inscribió en la facultad de derecho en una universidad de Nueva York y a los pocos meses se dio cuenta de que los juzgados no tenían suficientes historias para contar. Por eso regresó a la calle, tomó su guitarra y empezó a hace una radiografía fiel de lo que veía durante su vida cotidiana, aunque sus composiciones no tuvieron el impacto esperado y muy pronto regresó a la escritura de ficción.

Sus múltiples derrotas en la poesía y en la prosa obligaron a Leonard Cohen a reconciliarse con las notas musicales. En 1967 publicó su primera trabajo discográfico, Songs of Leonard Cohen, y a partir de ese momento el género de folk tuvo un habitante constante y activo. Sus propuestas sonoras tenían, en la plenitud de los años 60 y comienzos de los 70, la particularidad de sonar casi igual cuando sus letras estaban arropadas únicamente con las cuerdas de la guitarra o cuando su voz se complementaba con una instrumentación más compleja.

Temas como la religión, el sexo, la política y la soledad fueron recurrentes en las canciones de Cohen. Muchos rockeros legendarios lo definieron como enigmático, mientras que otros prefirieron aplaudir la facilidad con la que transformó la depresión en poesía. Ahí se centró su poder y por eso algunas de sus creaciones más reconocidas (Suzanne, I’m Your Man, Hallelujah y Avalanche, entre muchas otras incluidas en sus más de 14 álbumes de estudio) han tenido múltiples versiones, algunas a manera de homenaje para el autor canadiense.

La facilidad asombrosa con la que el artista canadiense podía diseñar mundos de ficción en la literatura se comparaba con su habilidad para estructurar relatos sensibles y cotidianas mediante la música. Lo fantástico y lo real se mezclaban en la cabeza de Cohen y al desalojar ese cubículo brillante desaparecían los límites como por arte de magia. Desde el folk, desde el rock o la literatura, el artista se quitó de encima cualquier prejuicio y habló de lo que quiso de la manera como mejor se le dio, de la forma única de Leonard Cohen.

La melancolía, la depresión y el tono oscuro que caracterizaron al músico desde sus inicios y que se mantuvieron hasta su recién publicado álbum, You want it darker, lo convirtieron en un personaje enigmático. Todo alrededor de Cohen fue misterioso. Su origen, la devoción por las guitarras flamencas, las inclinaciones literarias, las pasiones por lugares clandestinos y, sobre todo, el guiño con lo impolíticamente correcto hacían que se despertaran comentarios de todo tipo acerca de su vida personal. Incluso su muerte es una gran incógnita porque sucedió realmente el lunes 7 de noviembre, pero la familia quiso que se filtrara la noticia tres días después.

Con todo y su poder enigmático, su nombre forma parte del Salón de la fama del rock y su aporte fue reconocido en 2011 con el Premio Príncipe de Asturias a las Letras. Dos de los galardones relevantes para Leonard Cohen, quien murió a los 82 años, tan solo un mes después de lanzar de manera oficial su álbum You want it darker, con el que rompió el silencio, esa característica musical que lo hizo grande durante su paso por el mundo de los vivos. 

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