El poeta Ovidio sale del exilio 2000 años después

La novela Lejos de Roma, de Pablo Montoya, narra la historia de uno de los poetas más emblemáticos de la época del imperio romano, desterrado por causas aún confusas y perdonado el pasado 18 de diciembre por el gobierno italiano. 

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“¿Y a qué le canta en esos poemas?, me pregunta. A la nostalgia, al desamparo, a la muerte, ¿a qué otra cosa se puede cantar en Tomos?”

Buscando corregir un error histórico e injusto cometido por el emperador Augusto en la época del imperio romano, el haber exiliado a uno de sus poetas más grandes, el gobierno italiano decidió indultar a Ovidio el pasado 18 de diciembre cuando se conmemoran los 2.000 años de su muerte.

El autor de Las metamorfosis fue uno de los grandes de la literatura latina. Sus obras hablaban sobre el amor, el placer erótico, el adulterio y la seducción, pero hasta la fecha no se tiene completa claridad sobre la causa de su destierro. Tampoco se sabe mucho sobre cómo fue su vida durante su última década, que es la que corresponde con su exilio. Solo se sabe que vivió en Tomis, la actual Constanza (Rumania), que escribió lamentándose de su estado y buscando el perdón, argumentando su inocencia. El resto es especulación.

Diversos autores han tratado esta historia. Algunos han intentado develar sus misterios, para encontrar la verdad que se oculta, o se torna difusa. Otros, como el galardonado Pablo Montoya, han escrito libros maravillosos recreando estos años de Ovidio tomándolo como un símbolo del exiliado, del marginado que finalmente encuentra placer en su castigo.

Lejos de Roma, la novela de Montoya, es un relato breve y poderoso. Un libro de 140 páginas que ya desde el título nos expone la nostalgia de su protagonista al tiempo que condensa y distribuye con maestría, a lo largo del relato, los últimos años de este poeta, así como algunos momentos destacables de su vida previa en la capital del imperio. Para ese juego de tiempos entre pasado y presente el autor juega con su narrador haciéndolo reflexionar para los recuerdos más personales, mientras que es en las conversaciones, a petición de algún interlocutor, cuando hablará de temas más contextuales.

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Gracias a estos intervalos de la memoria vamos conociendo más de cerca a personajes como su hermano Lucio, su amigo Higinio, al emperador Augusto, entre otros, quienes solo se presentan en los recuerdos de Ovidio, pero definen su existencia actual. Al mismo tiempo, se insinúan las posibles razones que provocaron el exilio del poeta: sus inclinaciones intelectuales, malentendidos con la familia del emperador, amistades corrosivas, sus propios escritos, entre otros.

Los recursos que utiliza el relato son propios de la literatura contemporánea: narrador en primera persona, capítulos breves y el apelativo de novela histórica, por nombrar los más evidentes. Aun así, Montoya demuestra el dominio de su oficio utilizando estas herramientas con propósitos narrativos y no por capricho personal. Por ejemplo, el narrador en primera persona facilita la identificación del lector con el personaje principal y su drama actual, permitiéndonos sentir sus dolores, así como sus felicidades, al tiempo que atestiguamos sus continuas reflexiones viviendo de primera mano la paulatina transformación que vive.

También, partiendo de una narración fragmentada, en la que puede sentirse el pasar del tiempo, es posible distinguir en los capítulos breves diferentes aspectos sobresalientes en los que el autor aprovecha su magistral uso del lenguaje para regalarnos episodios que rozan con poemas en prosa, mientras que otros se debaten con el ensayo, actúan como monólogos teatrales y hasta se independizan como cuentos breves. Esta hibridación de géneros nos demuestra que Montoya explota las diferentes posibilidades de la novela y nos invita a plantearnos la alternativa de leer cualquier capítulo de forma independiente, como si de una antología se tratara.

La unión de los dos aspectos descritos anteriormente es lo que permite que su extensión sea un rasgo distintivo con respecto a otras novelas históricas, que por lo general rozan las mil páginas de extensión, casi diez veces más. De todas maneras, hay que tener en cuenta que en diferentes presentaciones de Lejos de Roma Pablo Montoya, comparando su proceso creativo con el de Margarite Yourcenar para Memorias de Adriano, explicó que contaba con poca información documental a la cual apegarse, lo que le dio por un lado mayor libertad creativa y por otro el reto por mantener la coherencia histórica en el relato. Resulta desafiante evidenciar las vivencias personales de Montoya difuminadas en la historia de Ovidio, si él mismo no las hubiese revelado en las presentaciones.

Lejos de Roma es una novela atípica en la literatura colombiana, llena de habilidad y compromiso, es un relato capaz de trascender, de representar no solo a un poeta romano, sino a cualquier persona que se ha visto apartada de su tierra querida, una obra impecable en el manejo del lenguaje, conmovedora en el principio pero también reconfortante en su desarrollo e inspiradora en su final, una lectura obligatoria para los solitarios que necesiten consuelo por su nostalgia y un texto magnífico para acercarse a la figura de Ovidio quien por fin, después de tanto tiempo, deja de estar en el exilio.