El retorno de Andrés de Santa María

El artista colombiano, fallecido en Bruselas, fue una figura fundamental del arte moderno colombiano en el siglo XIX y parte del XX. El curador de la muestra cuenta su historia.

‘Las segadoras’ (1895, óleo sobre lienzo). / Reproducciones: Cortesía - Mambo

Andrés de Santa María fue el primer artista colombiano que trabajó empleando los lenguajes propios del arte moderno europeo y, posiblemente, el pintor más enigmático, incomprendido y mitificado del siglo XX en el país. Aunque algunos historiadores han afirmado que su presencia fue efímera, que su obra nada tuvo que ver con Colombia y que no dejó seguidores, lo cierto es que sus estudiantes de la Escuela de Bellas Artes de Bogotá recordarían largamente sus enseñanzas, allanando el camino para la construcción de una nueva sensibilidad y la instalación de una modernidad plena.

Santa María, nacido en Bogotá en 1860 y perteneciente a una rica y cosmopolita familia local, partió a Inglaterra a la edad de dos años con sus padres y hermanos. Luego de estudiar en la Escuela de Bellas Artes de París y con el bagaje europeo a cuestas, regresó a Colombia en 1893 en compañía de su esposa, su prima hermana Amalia Bidwell Hurtado, con la intención de construir un hogar, criar sus hijos, arreglar negocios familiares y dedicarse a la enseñanza de pintura en la recién creada Cátedra de Paisaje de la Escuela de Bellas Artes de Bogotá.

Durante esta primera etapa en Colombia (1893-1901), Santa María introdujo los avances de la pintura impresionista: pincelada pastosa, rapidez en la ejecución, colores puros, pintura al aire libre, bordes inacabados, aspecto abocetado, el reflejo de la luz en diferentes momentos del día y la preocupación pictórica por la vida íntima, tematizando su propio entorno doméstico, algo sin precedentes en la pintura local. Este influjo ayuda a explicar que haya representado repetidamente a su esposa, hijos, sobrinos, primos y amigos más cercanos.

Santa María pasó unas largas vacaciones en Europa (1901-1904) y regresó para ser nombrado director de la Escuela de Bellas Artes de Bogotá, cargo que desempeñó hasta 1911. Durante sus vacaciones en el Viejo Mundo, su pintura se contagió del simbolismo, el fauvismo, el postimpresionismo y el expresionismo de París, Londres y Bruselas. Sin embargo, a su regreso a Colombia, estas influencias no fueron transportadas literalmente, sino transformadas por el universo local, una altiplanicie fría y solitaria de ambientes domésticos oscuros, cortinajes pesados, abolengos extintos, cacicazgos conservadores y referencias hispánicas. Santa María partió de Colombia en 1911, país al que nunca más regresó, y se estableció con su familia en Bruselas (Bélgica) hasta su fallecimiento en 1945.

La exposición Andrés de Santa María: los años colombianos (1893-1911), realizada en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, revisa los años de permanencia del pintor en el país: cómo Colombia marcó su obra (durante y después de su estadía) y cómo el artista marcó indeleblemente el arte colombiano de su época, razón por la que se presentan varias pinturas ejecutadas por discípulos y amigos. La exposición, un proyecto transversal, no pretende ser una retrospectiva y mucho menos una exposición convencional de corte cronológico. Por el contrario, pretende mostrar una visión pausada, construida a partir de ciertas obras claves, no siempre las más “bonitas”, visibles o recordadas, recalcando en todo momento la preocupación del artista por la naturaleza y la vida íntima, y estableciendo conexiones no siempre evidentes entre diversos objetos, dibujos y pinturas.

En su mayoría, las obras proceden de colecciones privadas cerradas al público: sólo 10 de las 73 piezas exhibidas provienen de museos y las 63 obras restantes provienen de 20 coleccionistas que amablemente decidieron prestarlas. Asimismo se presentan las intervenciones de cuatro artistas contemporáneos, con el ánimo de poner en diálogo las preocupaciones del arte de nuestro tiempo con las inquietudes de Santa María y su época: José Luis Bongore (cuatro videos), Nicolás Gómez Echeverri (una instalación de cinco piezas), Andrés Orjuela (dos collages) y Andrés Matías Pinilla (una escultura de gran formato).

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En 1989, cuando se habían escrito y publicado casi todos los libros relativos a Santa María, el crítico de arte José Hernán Aguilar publicó el artículo “Santa María sin biografía”. Aunque Aguilar no desarrolló las preguntas que el título de su artículo ponía sobre el tapete, planteó tácitamente un interrogante mayúsculo: si Santa María no tiene biografía, ¿qué ocurre con los ensayos que sobre el artista han escrito André de Ridder, Francisco Gil Tovar, Eugenio Barney Cabrera, Germán Rubiano Caballero, Marta Traba y Eduardo Serrano, este último autor de dos voluminosos libros en 1978 y 1988? Aunque nadie ha contestado la pregunta abierta por Aguilar, esperamos que la exposición y el libro sobre Santa María que publicará próximamente Proyecto Bachué ayuden a solventar esta pregunta y a develar los misterios que, a pesar del tiempo y la distancia, siguen envolviendo la enigmática figura de Andrés de Santa María.

 

 

*Curador, crítico e investigador sobre arte. Escribe también para Arcadia y Esfera Pública. *

 

 

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