El retratista de Gabo

Enrique Estrada es un reconocido pintor de México que se atrevió a retratar al óleo a García Márquez si más pistas que su obra.

Perdido y extasiado en los laberintos mágicos de Cien años de soledad, el maestro y pintor Enrique Estrada (Tapachula, Chiapas, 1942) creyó quedar condenado al influjo de Gabriel García Márquez y entendió que sólo había un camino para llegar, si pedir permiso, al corazón del Nobel: retratándolo.

No sabía cómo hacerlo. Los únicos referentes que tenía de Gabo eran su obra y unas cuantas fotografías tomadas a destiempo y malgastadas por el uso de los periódicos. Pero fueron suficientes. De la primera, desnudo el alma del escritor y, con las segundas, la vistió de cuerpo completo.

“Por ésta y otras causas menores o puedo imaginarme cómo hizo Estrada para tener una visión confiable cuando emprendió la aventura de pintarme de memoria con los fragmentos casuales que podía tener de mí, y si las claves recónditas que tal vez o se presienten en el retrato: mi fidelidad encarnizada a los amigos, el miedo al amor y una timidez irreparable que en más de una ocasión me ha salvado la vida”, escribió Gabo en “Autorretrato de mi retrato”, a propósito de su crónica publicada el pasado domingo en la revista Cambio, en alusión al cuadro del pintor mexicano.

La aventura artística comenzó para Estrada hace poco más de cinco años, cuando llegó a sus manos un retrato de Gabo pitado por un autor del que se reserva el nombre y pensó que ese no era el García Márquez que él descubría e su obra literaria.
Por casualidad apareció un escrito del Nobel que hablaba de Goya, y Estrada, permeado por el estilo barroco de éste, encontró la clave para retratar a Gabo: luces y sombras para que la cabeza modulara en armonía con el pensamiento del autor.
“No había necesidad de retratarlo de cuerpo entero, porque su cabeza de inmediato remite a su obra”, asegura Estrada y agrega que el cuadro tiene ua perspectiva que no está al nivel del espectador. “García Márquez es de esos escritores que hacen colectiva la experiencia individual”, dice.


* El encuentro

Enrique Estrada sintió temor de entregar el cuadro, pese a que durante muchos años se enfrentó al peso de la historia de México y a las imágenes míticas de Emiliano Zapata y de Pancho Villa, dos de sus referentes más fuertes como pintor.
Esperó encontrar un conocido común y lo tenía más cerca de lo que pensaba. Era su secretaria, Libia, amiga personal del Nobel. Pero ella, conocedora como pocos de esa “errancia de náufrago” que siempre acompañó a Gabo no le dio mayores esperanzas de hacerlo personalmente.

Estrada se cansó de esperar y tal vez “careado” desde el infinito por su mítico Zapata, se lanzó a la aventura de llevarlo a casa del Nobel, sin más pretensiones de una cortesía y un saludo de admiración a su obra literaria.
García Márquez no estaba y él decidió dejarlo con una “carta cordial” que no invitaba a la contestación.

Pero la hubo. Y de viva voz. Gabo lo invitó a su casa y cuando Estrada entró en ella vio dominante su cuadro, en un nicho que no podía ser mejor, y a un García Márquez agradecido y sorprendido por la fidelidad de su retrato, que para el escritor era una especie de radiografía sicológica traducida e arte e un espacio de 50x35 centímetros.
Pero Estrada jamás imaginó que años después fuera el propio Gabo el que alejara para siempre sus temores, cuando leyó de puño y letra del Nobel: “El hecho es que este retrato magistral llegó a mi casa con el derecho bien ganado de entrar sin anunciarse ni sorprenderse siquiera de que lo invitaran a entrar por derecho propio y lo pusieran en su nicho para quedarse siempre con la autoridad legítima de lo que ya era él en la vida real: el dueño de la casa”.

De padres ecuatorianos y marcado por la cultura de Brasil y Bolivia, Enrique Estrada es la simbiosis misma de un soñador que se mueve entre Tijuana, en la frontera con Estados Unidos, y Chiapas, en el extremo sur que linda con Guatemala.
Es el segundo de nueve hermanos, y sus padres ya fallecieron. Además del retrato que le hizo a García Márquez, el maestro Enrique Estrada no descarta la posibilidad de hacer otros con reconocidos escritores y pintores colombianos.

“Soy un admirador de Álvaro Mutis y de los maestro Alejandro Obregón y Fernando Botero. La obra de García Márquez alcanza para poder pintarlo a él, a su Aracataca de Vivir para contarla, y su Simón Bolívar del general en su laberinto”, confiesa el retratista de Gabo, el de las luces y las sombras.

 

* Publicado el 28 de septiembre de 2003