El ruido de un arbusto punzante

Mark Atkins, intérprete destacado de este instrumento ancestral de Australia, se presenta en el Teatro Mayor con Robert Parris Macleod (piano) y Mattew Goodwin (batería).

Mark Atkins ha tocado su didgeridoo al lado de artistas como el compositor contemporáneo Philip Glass, el jazzista Ornette Coleman y los rockeros Robert Plant y Jimmy Page. / Cortesía Teatro Mayor

El didgeridoo hasta ahora empieza a sonar en el mundo contemporáneo, a pesar de ser un instrumento casi tan ancestral como la voz humana. Las fronteras cada vez menos visibles en la música le han permito entrar al universo sonoro y mezclarse con entonación en escenarios como el jazz, el rock y las piezas de autores con rigurosa formación académica.

Lo único que exige el didgeridoo es que lo dejen hablar. Implora un diálogo fluido, y así como guarda respetuoso silencio cuando la partitura general se lo solicita, también pide su tiempo para expresarse. Sin afanes, sin presiones, como lo hace cualquier veterano que se siente, como es costumbre por su linaje, por encima del bien y del mal.

En el proceso de divulgación sonora de este instrumento adscrito sin tapujos a la historia de Australia, el intérprete consagrado Mark Atkins ha tenido mucha responsabilidad. Él, intrépido como pocos, ha aceptado invitaciones para dictar sobre la tarima cátedra de conversación musical en escenarios ajenos, como el jazz, género del que se apropió guiado por el saxofonista estadounidense Ornette Coleman. Los dos dialogaron a través de sus instrumentos durante varios minutos y desde ahí se estableció una relación especial entre el didgeridoo y el denominado estilo de las síncopas.

Atkins, descendiente de los yamitjis, indígenas de la región occidental de Australia, escuchó por primera vez un didgeridoo cuando tenía tres años. Un tío lo interpretaba en medio de una algarabía extraña de varios instrumentos, pero lo único que llegó de manera directa a sus oídos fue el sonido especial de esta madera alargada y hueca. Luego de digerir lo escuchado, estableció que ese sonido era la evocación perfecta de lo que se puede oír en un monasterio, así hasta ese momento nunca hubiera pisado uno.

“Lo que más me gusta de mi instrumento es que puedo decir que tiene la personalidad de un arbusto punzante. Cuando tomas un didgeridoo, cada uno tiene su historia, puedes escuchar su relato y establecer de dónde viene. Cuando lo tocas estás teniendo una conversación, estás compartiendo eso con los demás. Todos los sonidos vienen de un lugar particular. Son instrumentos realmente expresivos. Es sólo un ejemplo, porque el didgeridoo tiene la facilidad de llevarme a diferentes lugares”, cuenta Mark Atkins, quien además de estar comprometido con la interpretación de este instrumento tiene una actividad consagrada como artista visual, compositor y luthier.

Casi el mismo tiempo que lleva Atkins tocando el didgeridoo, lo ha invertido en la elaboración de este tipo de instrumentos. Le gusta buscar una madera especial, para que no tenga un registro similar a otro, y modificar sus características. Algunas personas le piden que lo pinte, que emplee en ese trozo de árbol sus habilidades como artista visual, pero ahí sí tiene sus reservas. Para él el dibujo sobre el didgeridoo debe contar una historia, incluir un comienzo, un desarrollo y un final, y pocas personas en realidad saben lo que quieren expresar.

“Incluso cuando no toco, estoy interesado en las historias de los ancestros de mi país. Aún deseo volver a ellas con sonidos y con imágenes, y por eso soy tan celoso con lo que plasmo sobre el instrumento. No es que termine mi trabajo como músico y hasta ahí llegue todo. Ahora tengo la intención de incorporar la música al teatro y a actos visuales de una forma más agresiva. Ese será mi próximo objetivo”, comenta Mark Atkins, quien realizó junto al compositor contemporáneo Philip Glass el registro Voces para didgeridoo y órgano, y ha participado en varios proyectos de Robert Plant y Jimmy Page, los dos líderes de la banda Led Zeppelin.

“Lo que intentamos hacer con Robert Parris Macleod (piano, guitarra) y Mattew Goodwin (batería) en nuestra presentación en Colombia es combinar los instrumentos, en cualquier caso, la percusión, el piano y el clásico didgeridoo. Los combinamos en una forma en la que podamos tomar algo de los sonidos contemporáneos, un poco de clásico y otro poco de jazz. Pero lo importante es que hay que dejar que el didgeridoo fluya. Buscamos llevar el instrumento a todo el mundo al mezclarlo con otros que la gente acepta y entiende”, concluye Mark Atkins, un australiano con madera.

 

Mark Atkins y sus amigos. Sábado 12 de octubre, 8:00 p.m., Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, calle 170 Nº 67-51. Informes y boletería: www.primerafila.com.co.

 

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