El sabio del sonido otomano

El turco es considerado un maestro de la tradicional música del sufismo —una forma de la religión islámica— y uno de los intérpretes más relevantes de la flauta ney.

Kudsi Ergüner. / Fundación Salvi

Kudsi Ergüner nació en Diyarbakir, Turquía, en 1952. Cuando era un niño su padre, Ulvi Ergüner, conocido como el último maestro de la flauta ney, le enseñó a tocar esa flauta de caña presente en la música sufí. Cuando él apenas empezaba a conocer las enseñanzas del sufismo y a interpretar uno de los instrumentos más representativos de la tradición, la joven y secular República Turca quería romper con su pasado religioso, prohibiendo los rituales sufís y disolviendo la orden Mevleví (una orden turca de derviches), fundada por Rumi, el famoso místico del siglo XIII y uno de los poetas tradicionales más leídos en el mundo.

Sin embargo, por pertenecer a la familia Ergüner, Kudsi tuvo la fortuna de conocer a las últimas personas apegadas a la tradición, quienes secretamente conservaron sus rituales en pequeños lugares incógnitos de Estambul.

Aunque también estudió arquitectura, Ergüner empezó a construir una carrera musical en la radio de Estambul en 1969. Por varias décadas se ha dedicado a investigar las raíces de la antigua música otomana, que no sólo ha tocado y grabado, sino que también ha enseñado. Paralelamente a sus conciertos y actividades trabaja como profesor en el Conservatorio de Rotterdam (Codarts) y participa anualmente en un curso magistral (Birun) en la Fundación Cini-Venecia.

En los años 60 se mudó a París y allí fundó, una década más tarde, el instituto Mevlana, dedicado al estudio y a la enseñanza de la música clásica sufí. Junto al Kudsi Ergüner Ensemble aportó un aire nuevo a la tradición y a la diversidad de su propia cultura, interpretando formas clásicas de la música otomana, formas improvisadas y un comprensivo repertorio que se mueve entre lo moderno y lo antiguo sin problema. Tiene, por ejemplo, un disco titulado Islam Blues y al mismo tiempo ha grabado álbumes que contienen piezas musicales cuya composición se remonta al siglo XIII, el mismo siglo de Rumi, quien le dio origen a la tradición musical y religiosa de la que Ergüner forma parte.

El músico, compositor, musicólogo, profesor y autor —todo eso a la vez— ha lanzado más de cien álbumes, ha publicado cuatro libros en francés (algunos de ellos traducidos a varios idiomas), ha estudiado la música de la India, de Pakistán y de Turquía, ha fundado varios conjuntos musicales y grabado discos con artistas reconocidos como Bob Wilson, Peter Gabriel, Maurice Bejart, Carolyn Carlson, Peter Brook, Didier Lockwood, Michel Portal, Tony Gatliff, Marc Minkovsky, Alexandre Desplat, Bartabas, Sarkis, Marcus Stochausen, Nusret Fathi Ali Khan, Jordi Savall y Fazil Say.

Kudsi Ergüner es un personaje polifacético, y eso se refleja en su música, en el tratamiento e interpretación de lo más tradicional. Lleva el pasado al presente, lo actualiza, y al mismo tiempo logra mantener el misterio lejano de una tradición distante temporal, espacial e ideológicamente.

Ante los recientes y trágicos sucesos que tuvieron lugar en París, y que pusieron al islam en boca de todos, es preciso recordar lo que Kudsi Ergüner dijo alguna vez en una entrevista: “En el supuesto conflicto entre el Occidente secular y el mundo musulmán, el sufismo es presentado como una versión moderna, ligera o abierta del islam. Sin embargo, el sufismo es puro islam, como cualquier otra forma de islam. No puedes tratar de resolver el problema entre el Occidente y el islam —que además, creo yo, es un problema más de la modernidad, el capitalismo y las geopolíticas, no uno religioso—. No hay islam sin sufismo, ni sufismo sin islam”.

Pero fue el mismo fundador del sufismo —esa forma del islam que no se considera tal y que está más relacionada con una espiritualidad comercializada y “nueva era” que a la religión de la que surge— quien escribió múltiples poemas de amor. “Cuando la belleza mora en los oscuros vallecitos de la noche / el amor viene y encuentra un corazón / enredado en los cabellos. / La belleza y el amor son cuerpo y alma. / La belleza es la mina, el amor, el diamante. / Juntos han estado / desde el principio de los tiempos, /lado a lado, / paso a paso”. La flauta y la música de Kudsi Ergüner también evocan amor, no guerra.

 

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