Iván Duque es el nuevo presidente de Colombia: Marta Lucía Ramírez, su vicepresidenta

hace 4 horas

El secreto detrás de los peinados afrodescendientes

Identidad, historia, tradición y vanidad es lo que narran los estilos de peinados que llevan las mujeres negras. Una crónica en la que cada una cuenta lo que significa llevar trenzas, turbantes, extensiones y el pelo afro.

-¿Ve ve vos, ese pelo es tuyo o es presta'o?
-Es mío porque yo lo compré.

Selva, Longaniza, Plátano. Río Condoto, rio Atrato, río San Juan. Quibdó. Tadó. Santo Ecce Homo. Viche, chirimía. El Chocó.

En una tierra donde a las mujeres les gusta sentirse y verse como lo que son: seres delicados y femeninos, el uso de extensiones se hace frecuente para intentar verse más bellas y estilizadas, algunas lo logran.

No a todos les gusta, el chocoano Alex Pichi, en una mofa rítmica, habla del uso de las extensiones, los cuidados y las cosas de las que se pueden perder por usarlas, en su canción “La chinininga”:

A las chicas de hoy en día les gusta la perfección, lo primero que te dicen es regálame una extensión, pero solo pa' lucirla en muy poquita situación, te llevo a piscina no bañas, si cae aguacero te encerrás, te llevo al bunde no saltas, porque la gente ya te empieza es a gritar el pelo te huele rico, me lo lavo con Tampico, el pelo te creció mucho, la mano bendita de mi tío perucho, que come poco pero peina mucho, pero ese pelo no es natural…. respétame y si querés tocá, tocá…… el pelo te huele a coco, respetare so baboso.

4:00 p.m., todo perfectamente arreglado, aguja, hilo negro, secador, plancha, peinetas y lo más importante: El pelo.

El cabello de Johanna no mide más de 5 centímetros. Se lo ha lavado el día anterior y ahora lo tiene envuelto en una pañoleta rosa de pepitas blancas. Entra en cuadro por la izquierda Melissa, una amiga de la familia quien va a arreglarle el cabello a Johanna.

Una práctica muy común entre los afrocolombianos es que las mujeres con "buena mano", expresión que se le atribuye a cierto don para tratar el cabello, peinen a domicilio a sus clientas. En Cartagena, por ejemplo, muchas mujeres peinan a sus parientes y allegados a cambio de dinero-cobrando menos que en un salón- aunque muchas mujeres sepan el arte de peinar, no todas tienen la facultad de hacer que el cabello crezca rápido, fuerte y negro.

Johanna tiene 33 años, vive con su madre, su hijo Pipe de 4 años, quien lleva el chulito de la marca Nike en la cabeza, y su marido Jimmy.

Melissa es muy cercana a la familia y desde hace 3 años arregla las uñas y cabellos de todas las mujeres de la familia. La pañoleta rosa de pepitas cae, se asoma el pelo chuto y pequeño de Johanna, chuto se le llama al cabello muy crespo, con el que nacen la mayoría de las mujeres negras.

Peineta, vaselina, trenzas, la mujer que peina logra unir todo el cabello de Johanna en escasas nueve trenzas pegadas al cabello en dirección a la nuca. Ese estilo de trenzas es conocido en el mundo de los negros como Tropas: Son trenzas tejidas con tres gajos de pelo, tienen un sentido histórico relacionado con la resistencia a lo dominación. Las tropas funcionaban más o menos así: Se sentaban las viejas con alguno de los jefes de los hombres, y hacían la tropa, se escapaban de cierta parte [la frente] y se encontraban en otro [la nuca] entonces a las muchachas las peinaban y los hombres miraban- porque siempre han tenido la mala maña de mirar- y ya sabían dónde encontrarse.

4:40 pm, las tropas están hechas. Melissa selecciona unos tirajes de pelo y empieza a peinarlos para ponerlos en la cabeza de Johanna. Los mechones de pelo no son de la cabeza, son unas extensiones hechas de pelo natural que usan muchas mujeres para que su cabello se vea más largo. Hilo y aguja, delicadamente Melissa cose con hilo negro las extensiones de pelo a las tropas en la cabeza de Johanna. 5:00 pm, Johanna es una mujer con el cabello hasta la mitad de la espalda. 7 de la noche, ella no para de verse al espejo, se ve hermosa, su hijo se lo dice y ella lo sabe, toma fotos con su celular y las publica en la red.

Es una mujer coqueta, le gusta sentirse sexy. El cabello no determina la belleza de una mujer, dice, "la belleza de uno va por dentro, pero uno sí cambia demasiado con el tipo de peinado que tenga, yo no me atrevo a salir de mi casa sin mis extensiones, no porque me sienta fea, sino porque la gente se acostumbra a verme de pelo largo, un día no puedo salir calva, pues con mi pelito natural, y al otro, con una melena hasta la cintura".

Ella dice que no todas las mujeres tienen que verse iguales, es una cuestión de gustos y diversidad. "Soy negra desde que nací y lo seré orgullosamente hasta el día que me pongan tierra encima, así que a mí nadie me venga a decir que eso del pelo alisa'o es pa' negras que quieren parecerse a las blancas", dice con una cerveza en una mano y manoteando con la otra. "Mientras las extensiones existan yo tendré pelo largo... que pelo presta'o ni que nada, ese pelo es mío porque la que saca la plata del bolsillo pa' comprarlo soy yo".

Calle 19 con carrera 7A

En el escenario se presenta el grupo de danzas "Palenke", tambores, currulao, marimbas, pies descalzos. Nadia se baja del escenario. Esa fue la primera vez que la vi, en la media torta un 21 de mayo, establecido en la ley 725 de 2001 como día nacional de la afrocolombianidad.

De todo su parche, ella es la única negra que lleva su cabello natural, lo luce con la frescura y espontaneidad que la caracteriza. "Me siento orgullosa, me siento yo misma. Sabía que nunca me pondría extensiones, porque ahí yo ya no sería yo. Imagínate que se me caiga la extensión en una rumba, ¿cómo queda uno?", dice.

Caminábamos por la carrera 7ª y por la misma cera, venía una mujer negra de cabello largo, la miramos en silencio, cuando ella pasa Nadia me dice en voz baja: "por ejemplo, aquí mi amiga tiene su extensión y fea no se ve”. El uso de la extensión y el alicer, es considerado por algunos como una práctica muy “blanca”, es esconder el cabello natural por vergüenza, a algunas mujeres les parece feo el cabello apretado y buscan parecerse a las blancas, igual uno lo respeta, decía mientras caminábamos y la gente que pasaba se quedaba mirando su pelo afro.

Mi cuerpo, mi lienzo

El cuerpo puede usarse como un escenario, brinda la posibilidad de hacer instalaciones y exposiciones. Las marcas en él expresan aspectos importantes de una cultura o un sentir individual. Los sucedidos, como se le llaman a los estilos de peinados, cuya característica es reflejar los diálogos entre la persona que peina y la que es peinada, son el tejido oral y físico de un andar por la vida. Por medio de estas trenzas las mujeres contaban lo que les había sucedido durante el día, cómo les había ido en la mina, por ejemplo. Si les tocó excavar y la mina era de agua, tejían las trenzas y pasaban el pelo por debajo. Y eso quería decir que habían estado buceando o metiéndose en el canalón. Sonia no trabaja mina, y si lo hiciera posiblemente a Andrea no le importaría llevar el itinerario de un día de trabajo de Sonia en su cabeza.

Andrea vive en el sector de Suba, y una vez cada dos meses va a Bosa a la peluquería de Sonia. Para los que no conocen, Suba es a Bosa, lo que el Cabo de la vela es al delfín rosado. Antes de llegar a la peluquería, Andrea recibe una llamada, alguien quería invitarla a algo, pero ella niega con la cabeza y dice: "hoy no puedo, tengo el cabello desbaratado".

Cuando Andrea era niña su mamá la peinaba, de hecho nos peinaba a las dos siempre con unas moñas o cachitos, el cabello de ambas era chuto y alborotado, la única forma de tenerlo bien arreglado era amarrando con trenzas y cauchitos. La tarea era incómoda, el peinado diario incluía jalones, mechoneadas y a veces una que otra lágrima, en esa época ella solo deseaba crecer para alisarse el pelo. Al cumplir quince años, Andrea decidió alisarse el cabello. En la cultura afrocolombiana es tradición que las niñas lleven su cabello natural hasta la adolescencia, en su niñez las madres cuidan demasiado de su cabello y solo ellas las peinan o pueden autorizar a otra mujer cercana a la familia para que lo haga, generalmente en las reuniones o festejos llaman a una peinadora para que le haga algún peinado especial a la infanta, eso sí manteniendo el cabello natural.

No es un rito de iniciación a la adolescencia o algo que se practique obligatoriamente, pero al cumplir quince años la mayoría de las niñas tienen la autorización de sus padres para alisarse el cabello, es como el cambio de zapatilla, pasar de zapato plano a tacón, pasar de cabello natural a alisado y verse más grande. El alisado se realiza con productos químicos, cremas con componentes especiales para dejar el cabello chuto, liso como el de una muñeca; el alisado es permanente, después de aplicada la crema alisadora el cabello no volverá a ser igual.

Después de haberse alisado a los 15 años, Andrea pasó por un proceso de arrepentimiento, tener el cabello alisado significa tener más cuidado, hay que cepillarlo, alisarlo periódicamente y enrularlo (como doña Florinda) para que no se enrede por las noches y amanezca con volumen. Y ella no quería ser una mujer esclava de su cabello, le daba pereza peinarse y estar preocupada por la lluvia. "Me da pereza tener que pasarme un peine por la cabeza todos los días", decía. Así que decidió cambiar de look, hacerse trenzas con cabello sintético.

Las trenzas tienen varias significaciones según su forma, Lina Maria Vargas hace un recuento de ellos en su libro Poéticas del peinado afrocolombiano.

Embutidos: Pequeños moños hechos sobre la cabeza, se realiza el moño o puchito y luego se inserta la punta dentro del mismo, por eso solo quedan pequeños bultos en la cabeza. El cabello aparte de ser usado como lienzo también cumplía una función de monedero, hubo mujeres que escondían en sus trenzas una pequeña parte del producido de la mina, para ahorrar y así pagar la libertad.

Esperanza Biohó, es directora y fundadora de la fundación cultural Colombia negra. A lo largo de su vida ha llevado su cabello de todas las formas posibles, ella tiene otra teoría acerca del significado de las trenzas, dice que en la cabeza no se dibujaban las rutas de escape, porque sencillamente ellos no tenían tiempo para peinarse y hacerse tantos moños. Eran esclavos, trabajaban todo el día, así que las mujeres andaban con su cabello afro y se cubrían con trapos o pañoletas. De ahí el uso de los turbantes, la tela amarrada alrededor de la cabeza tenía una razón espiritual y una religiosa: Las mujeres de raza negra son o eran más sensibles a las energías y estas entraban por los poros de la cabeza, así que usaban turbantes para no permitir el ingreso de energías negativas en el cuerpo. Se usaban dentro de los cultos religiosos, quien lo llevaba gozaba de una categoría espiritual más elevada.

La peluquería de Sonia

El lugar está lleno, la champeta suena a todo volumen. Hay tres hombres negros con una camisa que lleva en la parte inferior trasera el nombre de la peluquería "JERSEY". Era una peluquería de negros, pero en la banca esperaban su turno dos mestizos. El fenómeno de las peluquerías afro en Bogotá no surgió de la idea de proponer nuevas estéticas, sino como respuesta a una demanda del negocio, por la llegada de afrocolombianos a la ciudad. En la carrera décima con calle 18 está Galaxcentro, un centro comercial que a principio de los años 90, comenzó a llenarse de peluquerías afro y se volvió el sitio de encuentro para ellos, para nosotros, para los afrocolombianos.

"JERSEY", la peluquería donde Andrea va a peinarse no queda en el centro, sino en el sur de la ciudad, sin embargo, el ambiente que se respira es casi el mismo. Música del pacífico o de Cali, negros, risas, sabrosura, alcohol, parqués, dados, máquinas para peluquería, corrinche, arrechera y bochinche (Estas tres últimas palabras son expresiones que se usan dentro de la cultura para referirse al desorden y la rumba). Hay aproximadamente 15 personas, el que la peluquería esté llena de gente no significa que el negocio venda, muchos de los que llegan, van de visita a charlar un rato, estos lugares se convierten en sitios de interacción social para los afrodescendientes que llegan a la capital provenientes del Valle, El Chocó y la costa Atlántica. Sonia, la dueña del salón, dice que el trabajo allí es muy bueno, “nos va bien pa´qué le digo que no, si sí, pero los fines de semana se toma más de lo que se trabaja".

Con un tono un poco burlesco contaba que allí llegan unas blanquitas con ganas de que las peinen como negras y a los 7 días de haberse trenzado el cabello vuelven peleando porque se les desbaratan muy rápido, “el asunto es que el cabello de ellas es muy liso, ese tipo de peinados se lucen y duran más tiempo con el cabello crespo”, dice Sonia con las manos en el cabello de Andrea.

Había que esperar el turno, en el trono le estaban poniendo extensiones a una mujer, las extensiones no tienen distinción de edad alguna, por su apariencia la mujer a la que peinaban cuando llegamos tenía entre 45 y 50 años. Pasa una hora, es el turno de Andrea, se quita el gorro, de inmediato Sonia le mete peineta. Sonia niega con la cabeza y le pregunta quién la había estado peinando, afirma que tiene el cabello comido. Andrea le responde que la última vez la peinó una tía; esa tía suya tiene una mano muy mala, le dice. Julanita llega con Zutano y Perano, Zutano se va, Mengano llega. Perano se emborracha, Zutano vuelve, Pepe se peluquea, el tiempo corre, María gana la partida de parqués, Julanita se va. Andrea está peinada. El diseño es sencillo, no significa nada relacionado con rutas de escape o resistencia esclavista, es sólo resultado de la creatividad de Sonia.

Soy negro

Un plano medio de Javier Angola, muestra sus dreadlocks (rastas) que le llegan hasta el coxis. Las rastas las llevan mestizos y negros, es un peinado que usan las personas que siguen o tienen una afinidad con el rastafarismo. Javier es uno de los 10.562.519 afrocolombianos que habitan en Colombia y luchan por representar su raza donde quiera que vayan, es modelo de profesión, bailarín por vocación, y negro de nacimiento y corazón. Esto último lo menciono porque Javier empezó a reconocerse como negro cuando tenía 15 años. Cuando era niño, él sabía que era negro de por fuera, pero no lo sentía por dentro, y le daba pena porque en el colegio se reían de él. En su adolescencia empezó a leer libros sobre historias de líderes afrodescendientes y a documentarse sobre la llegada de la raza al continente americano. Ahí se sintió orgulloso de sus genes y con la frente en alto y el corazón contento dijo: "soy negro, orgullosamente negro". Le pregunté acerca de la denominación "Negro", si le molesta, lo ofende o le agrada, dice que no le molesta, esa es una palabra de doble sentido y mal usada puede llegar a ofender.

Las formas del lenguaje que usan para autodenominarse son muy variadas, el 31.3% se autodenominan negros porque desconocen el significado de afrocolombiano: 8% sostiene que la raza afrocolombiana no existe: 20,7% afirman: "ni persona negra ni afrocolombiano, simplemente persona humana", el 1O% usa el término afrocolombiano por un supuesto origen africano. Digo "supuesto", porque si hacemos un análisis del origen de toda la humanidad, concluimos que el primer ser humano fue africano y de ahí descendemos todos, por eso se conoce a África como la cuna de la humanidad.

Los flujos de información y la vida urbana actual han hecho que las identidades sociales e individuales se hayan fragmentado, diversificando las prácticas culturales y adaptando algunas que antiguamente no se concebían. Hoy cualquier persona de la raza puede acudir o concebir productos culturales diversos que podrían asumirse como una contradicción. En el caso de la estética afrocolombiana asociadas al cabello, el uso de extensiones o alisado permanente para algunos es símbolo de negación y vergüenza de las raíces.

Los peinados y la estética de los afro no sólo responden al gusto por llevar su cabello o los estilos de moda, sino que llevan en sí mismos elementos que dan cuenta de los procesos de resistencia africana cuando llegaron a América, esta población cuenta, contamos - aquí debo hacer una excepción y meterme en el relato, porque más allá de ser la cronista soy afrodesendiente y no debo hablar de "ellos" sino de "nosotros". Retomando el relato, nosotros contamos una historia que enlaza la dominación y la liberación, combinada con elementos de nuestra tradición cultural.

El pelo no se ha escapado de las garras del comercio y el consumismo, por eso es común que algunos estilos se popularicen en algunos sectores no afro, y que las tradiciones de los peinados se mezclen con las otras. A pesar de eso los peinados no han perdido su valor histórico y artístico, podrían tomarse como un documento que relata un recorrido a través de costumbres africanas y vivencias de la esclavitud, incluso de "chocoanidades" que ahora se reinterpretan y se mezclan con otros elementos, con el objetivo de mantener la historia viva.

El cabello no miente

Cuando tenía el cabello natural, Victoria Lozano pasaba mucho trabajo para peinarse, y vio que era más fácil alisar y peinarse cada 20 días. Pero al año se arrepintió porque la mitad de su cabeza estaba lisa y la otra crespa, decidió raparse "si el pelo de uno es crespo, por más alisado que uno se haga, buscará su naturaleza, el cabello no miente siempre quiere mostrarse tal cual es".

Depende cómo cada mujer lleva su cabello, éste tiene un sentimiento o una emoción. Cuando decidió raparse sabía que se vería como un niñito, pero también sabía que todo era cuestión de actitud. Ser o no ser negra, liso o no liso. Vituka, como le dicen sus amigos, piensa que el cabello es una cuestión puramente estética, y claro que sí influye en la identidad, pero esta no se puede determinar a partir de un detalle como el pelo. A ella la conocí aquí en Colombia, con trencitas en la mitad de la cabeza y afro o "crespitos" en la otra, ahora ella vive en Rosario Argentina y seguido le dicen ¡hay los rulitos, mirá cómo los tenés¡ allá le ha tocado aprender a peinarse sola, no es un problema, lo disfruta y se divierte, no me lo dijo ella, eso lo sé porque la conozco y la vi caminar por las calles de Condoto (un pequeño municipio del Chocó) con las manos en la cabeza arreglando sus crespos.

*Estudiante de la Universidad Jorge Tadeo Lozano

 

últimas noticias

Gambeta por la paz

Mircea Cartarescu y la utopía de la lectura

La Rusia que García Márquez conoció

Marta Lucía Ramírez: fe y política