"El sol es un pan de oro..."

Veintiún poemas inéditos del chileno Pablo Neruda, descubiertos en el archivo de la fundación que lleva su nombre, conforman este volumen junto con una edición facsimilar de los cuadernos del poeta. ¿Qué hay en ellos?

Pablo Neruda en Budapest (Hungría) en mayo de 1956. Al fondo, el Puente de la Libertad. / EFE

Los poemas que alimentan Tus pies toco en la sombra y otros poemas inéditos, de Pablo Neruda, fueron descubiertos en los archivos de la fundación encargada de honrar la memoria del poeta, que tiene sede en Santiago de Chile y controla la Casa Museo de Isla Negra. Allí, en otro tiempo, Neruda fundó un hogar junto con su esposa, Matilde Urrutia. Los poemas escaparon a la revisión exhaustiva que Urrutia realizó después de la muerte del poeta en septiembre de 1973, poco después de que Augusto Pinochet subiera al poder a través de un golpe militar. En un nuevo examen de los archivos, en junio de 2011, sus herederos encontraron 21 poemas (seis dedicados al amor, el resto a temas diversos como la naturaleza, la rebeldía, la vanidad) que no habían aparecido en ninguna otra edición previa.

“Advertíamos, además, otros detalles —escribe Darío Oses, director del archivo de la fundación, en la introducción del poemario—, como la presencia de los materiales de escritorio con los que trabajaba el poeta: cuadernos escolares de los años cincuenta y sesenta, papeles sueltos, blocs de distintos formatos, algunos con marcas extrañas (...). En algunas ocasiones el poeta escribía en los menús y en los programas musicales de los barcos en que viajaba, y sus versos transcurrían entre las opciones de entradas, platos de fondo, postres y vinos que mostraba la carta”.

Esta publicación, aparte del azar que determinó su encuentro, no es inocente: este año se cumplen 110 años del nacimiento del poeta y 90 de la impresión de Veinte poemas de amor y una canción desesperada, quizá uno de los poemarios más exaltados en el siglo XX en América Latina. Tus pies toco en la sombra contiene una edición facsimilar de los manuscritos originales y dos textos introductorios.

Hay poemas fragmentarios que terminan en una coma sin camino, y hay poemas definidos con la precisión verbal que caracteriza la literatura de Neruda. Sea cual sea su acabado, los 21 poemas refieren temas comunes a sus aprehensiones: la tierra, Chile, los trabajadores, el amor, el cuerpo, la conciencia social de los hombres, los hombres mismos. Los primeros seis recuerdan al Neruda más querido: aquel que escribía poemas de amor. “Nunca solo, contigo / por la tierra, / atravesando el fuego. / Nunca solo. / Contigo por los bosques / recogiendo / la flecha / entumecida / de la aurora”, reza en el poema dos. El número cuatro viene de esta suerte: “No importa, mis pasos antiguos te irán enseñando y cantando / lo amargo y eléctrico de este tiempo impuro y radioso que tuvo / colmillos de hiena, camisas atómicas y alas de relámpago”. En estos, Neruda utiliza símiles y metáforas que tienen plasticidad, que tienen un sabor: “El mar / sacudirá su campanario. / El sol es un pan de oro. / Y está la fiesta de mundo”.

Después de ese Neruda tan conocido viene otro más tangible, más cercano a la experiencia física del mundo, lejos de esas comparaciones tan útiles en los poemas de amor. El séptimo poema versa: “muchacho, / hay que ser en la vida / buen fogonero, / honrado fogonero, / no te metas / a presumir de pluma, / de argonauta, / de cisne, / de trapecista entre las frases altas / y el redondo vacío”. Este poema es casi una revisión de su propia juventud: los poetas deben vivir antes de escribir. Ese pensamiento está en consonancia con todo cuanto pensaba Neruda de la labor del poeta. Su trabajo no era más ni menos que el trabajo del panadero, el herrero o el carpintero. Su material no era la harina, pero sí las palabras; su pan, era el verso. El poema 18 dice: “Regresa de su fuego el fogonero, / de su estrella el astrónomo, / de su pasión funesta el hechizado, / del número millón el ambicioso, (...) / y como todos ellos me desnudo, / hago en la noche de todos los hombres / una pequeña noche para mí”.

El estudio de los integrantes de la fundación, entre ellos Darío Oses, recuerda que estos versos nacieron en la época en que Neruda ejecutaba poemarios como Odas elementales y Memorial de Isla Negra. La forma de los versos, casi todos breves, a veces de apenas dos sílabas, y los objetos que menciona en ellos (la oreja, el teléfono) dan cuenta de un estilo que Neruda desarrolló en los años sesenta, pero no se limitan a ese período. Tus pies toco en la sombra, retrata a un poeta en varios estados de ánimo, con necesidades muy diversas: encontrar su propia razón de ser en el pueblo, en los Andes, en el amor hacia un ser ideal y terrenal a un mismo tiempo.

El poema 14, de versos eneasílabos (de nueve sílabas), presenta justo esa búsqueda de conciencia del hombre: “está ocupado el hombre ahora / y no mira el bosque profundo / ya no investiga en el follaje / ni le caen hojas del cielo / el hombre está ocupado ahora / ocupado en cavar su tumba”. Este poema fue escrito en dos programas musicales que se ofrecían a bordo del barco Augustus, de la Italian Line, en abril de 1967. Otros más se colaron entre cuadernos marcados con el título Odas, y unos fueron escritos a 3.500 metros de altura, según anota Neruda al margen, en un viaje entre Recife y Río de Janeiro antes de encontrarse con Urrutia en Uruguay. Hay, entonces, una diferencia menor entre el panadero y el poeta: a las palabras se las puede invocar en cualquier lugar.

 

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