El sucio negocio del sexo

La serie busca alertar sobre la trata de personas y lograr que se reduzca ese delito en Colombia.

La serie busca alertar sobre la trata de personas y lograr que se reduzca ese delito en Colombia.
La serie busca alertar sobre la trata de personas y lograr que se reduzca ese delito en Colombia.

El tema de La promesa, la nueva serie del Canal Caracol y producida por CMO que se estrena hoy, impresiona porque toca fondo y porque es algo que —sabemos— ocurre y es real. No cuenta una historia de amor, como las de siempre, aunque sí parte del amor. No hay un “vivieron felices para siempre” ni tampoco un “olvídalo(a) y vuelve a ser feliz”, porque la felicidad tardará mucho en regresar, si es que alguna vez lo hace. La serie cuenta lo que ocurre con la trata de mujeres alrededor del mundo, un drama en todo sentido. Para las que lo viven, por supuesto, por el maltrato, por los golpes y el encierro. Porque las caricias que quieren no son las que reciben, son de manos ajenas y dan asco y no hay nada que ellas puedan hacer. Pero para los demás también lo es. ¿Cómo es posible que el machismo llegue a eso y que sea una mafia tan fuerte? Las mujeres se convierten en objetos que son útiles, nada más. Mientras más juventud se vea, mientras más senos, más cola, más vientres planos, mejor: el producto es de mejor calidad. Seres pasivos, eso quieren que sean, para poderlas mirar y manejar a su gusto.

Pero se dijo que habla del amor. O de lo que se cree que es el amor. Las tres protagonistas de La promesa sueñan con irse a España a encontrar lo que se les está negando en su tierra. Una quiere encontrar al padre de su hijo y huir de una madre que la maltrata verbalmente y de un padrastro que la acosa. Otra quiere alejarse del viejo con el que la obligaron a casarse y buscar a aquel joven del que se enamoró por internet. La última quiere encontrar a una madre con la que no pudo crecer e irse lejos de su padre borracho, que nunca la tuvo en cuenta. Les crean un sueño y les aseguran que se les va a hacer realidad, que Europa va a ser el fin para todos sus problemas. Ellas creen en la promesa, pero resultan ser ellas mismas una promesa: los prostíbulos españoles las esperan.

Para Julieth Restrepo, actriz colombiana que representa a Ana Aguirre, los momentos más difíciles que tuvo que vivir durante el rodaje fueron las largas jornadas en las que tenía que estar, por las calles, en ropa pequeña: “Lo más difícil por lo que me tocó pasar fue aceptar que los hombres me tocaran, me morbosearan y me maltrataran física y mentalmente”, afirma. “Yo, como actriz, entiendo que es mi trabajo, pero llegó un punto en que eso me afectó como mujer. Saber que eso es lo que sienten muchas mujeres en el mundo, eso fue lo que más me costó entender”. Ella, junto con Frida y Seleni (nombres de los otros dos personajes), representan los padecimientos reales de mujeres que fueron objeto de este crimen y que todavía no quieren darle la cara al mundo porque sienten que les violentaron su dignidad. Restrepo dice que, en su preparación para el papel, vio videos por internet de los testimonios de las mujeres que sufrieron la trata de blancas personalmente; en ninguno de ellos se dejan ver el rostro. Tampoco pudo encontrar a alguna que le hablara personalmente: “No me pude entrevistar con ninguna porque es difícil encontrarlas, es difícil que te concedan una entrevista porque ellas se escapan de un mundo del que es muy difícil salir”, cuenta.

La producción le apostó a rodar en locaciones internacionales. Los casos no son exclusivamente colombianos —el personaje de Frida, por ejemplo, es mexicano— y por eso la grabación se hizo en los lugares reales en donde suceden los acontecimientos: España, México y Panamá. La serie parte de una investigación sólida y va de la mano con la Organización de las Naciones Unidas, que se interesó en el proyecto.

La idea es difundir lo que ocurre y alertar a la audiencia para que esté atenta frente a las señales y, de ser posible, lograr que se disminuyan las estadísticas de este delito en Colombia. La promesa le apuesta a grandes cosas. Habrá que esperar que sus ideales se cumplan, que explore, que vaya más allá, que resalte la situación y no sólo lo dramático que hay en ella. Porque de eso ya tenemos suficiente.

 

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