El teatro San Jorge, un gigante que se despierta

Después de muchos años bajo los escombros y el abandono, el sitio, ubicado en el centro de Bogotá, reabrirá sus puertas y alumbrará nuevamente la calle 14 con carrera 15.

Para la década del 30, con la construcción de la Avenida Caracas, el sector Los Mártires se desprendió del centro bogotano y fue entonces cuando empezó a llenarse este espacio de ferreterías y comercio. / Ilustración por Juan Carlos Opina

La extinción del sombrero y el abrigo

Ya son dieciséis años condenado al abandono absoluto. Si, así está el teatro que en 1940 tuvo su época de esplendor siendo visitado por la clase alta de Bogotá y que poco a poco fue quedando en el olvido, enterrado entre escombros y basura.

El arquitecto Alberto Manrique Marín llamó la atención de los bogotanos con la estructura inspirada en la corriente artística Art Deco del teatro San Jorge en el año 1938, que ideó como un espacio inigualable para la época dedicado al arte, la lectura, el café espeso y el romanticismo dándole al sector Los Mártires un estilo cultural y bohemio socialmente reconocido.

‘Marie Antoinette’, una cinta dirigida por Woodbridge Strong Van Dyke II y Julien Duvivier fue la encargada de abrir las puertas del teatro a un gran público, lleno de clase y distinción, de esta manera consiguió posicionarse como el sitio más influyente y frecuentado por los amantes del cine y el glamour en la década de los 40, donde los caballeros de sombrero, traje elegante y corbatín casi perfecto llevaban a sus damiselas para conquistarlas, ellas con sus peinados que las dotaban de hermosura, sombrillas y largos abrigos que exaltaban la elegancia y las protegían de la fría Bogotá, la misma ciudad que con su romanticismo, hizo de esa época uno de los mejores momentos en la vida de Danilo Londoño, un bogotano elegante de saco y sombrero que conquistó al amor de su vida de esta manera, en cine, teatros, con cartas, flores y cafés calientes con los que forjó una relación que ha perdurado por más de 60 años con aquella mujer que se enamoró de un hombre con mal carácter pero encantador y especial tal como ella, lo afirma con voz de dulzura y brillo en sus ojos, al preguntarle por su esposo, un caballero que la llevaba a los lugares más románticos, tal vez sencillos pero que logró fortalecer un amor eterno para acompañarse juntos por siempre; y es ella, Araceli Reyes, quien aún demuestra amarlo igual o más a como lo hacía hace 60 años no solo por los mágicos y seductores lugares a los que iban sino porque a pesar de los años siguen siendo ellos mismos, como jóvenes enamorados, con una gran sonrisa en sus rostros aún iluminados de ternura mutua, pero con unas canas y arrugas que no esconden su belleza.

De la elegancia al olvido

Personas como Danilo y Araceli lamentan la situación a la que ha llegado el teatro San Jorge, que dentro de él lleva muchas historias de amor, diversión, amistad, alegrías, tristezas, entre muchas otras que lo hacían un lugar tan caluroso como fraternal. Pero para el año 1950 los desplazados por la violencia empezaron a llegar a este sector aumentando la población del barrio Santa Fe y de Los Mártires notoria y alarmantemente produciendo que empezaran a convertirse en zonas de tolerancia y como “una de las zonas más calientes de Bogotá” como dice Aura María López, una madre comunitaria habitante del barrio Santa Fe y quien ha vivenciado la decaída de estas zonas causa de las personas desplazadas, “hay mujeres que llegan del monte a vivir acá junto a sus familias – dice – pero al no conseguir un trabajo estable, deciden prostituirse para su sostenimiento y así ha pasado con mucha gente”, afirma al relatar que la zona se volvió no solo peligrosa sino que se destaca por su alto nivel de prostitución.

Así fue entonces como el teatro San Jorge con cine y café, empezó a cambiar, ahora su estatus ya no era tan alto y comenzó a hacer parte de una población menos adinerada, lo cual lo llevó a transmitir películas mexicanas durante un tiempo, esta serie de películas prolongaron aún más la difícil situación y para el año de 1992 se vendió el teatro a la compañía Royal Films quienes aislaron la parte sensible que tenía el lugar y lo utilizaron como un teatro para transmitir películas. Eso no varió, seguía siendo cine, pero en ese momento sus películas se alteraron por completo, se comenzó inicialmente con la proyección de pornografía, que al poco tiempo las putas estaban presentes en el lugar para quien lo solicitara, convirtiendo así el café caliente en cerveza fría y la inocencia en una ambición y servicio sexual.

Así fue durante cinco años y tal vez fracasó nuevamente porque para el año 1997 fue vendido a un comerciante que se interesó en el terreno y empezó a reconstruir partes del teatro bajo la ignorancia de saber que esta edificación es un patrimonio cultural de la ciudad, al enterarse de ello, las obras se detuvieron y desde ese momento el lugar fue cerrado permanentemente.

Prontamente lo único que quedó del teatro fue un recuerdo de los años 40 cargado de historias, lo demás está en el olvido y la indiferencia, ya no existe ese aire teatral limpio y puro de antes, sino un aire maloliente causa de las heces humanas que han llegado allí consecuencia de los indigentes que buscan refugio o buscan un espacio dónde vagar, uno de los habitantes de la calle tras realizarle la pregunta ¿qué pasaría si se restaurara el teatro? Respondió, “ojalá no lo arreglen, porque ese es el metedero de los vagabundos y ja ja ja… se puede consumir”, y con una sonrisa un poco tenebrosa terminó su frase y se marchó, desplegando en el ambiente un olor de calle y suciedad. Ya no se encuentran artistas en el teatro San Jorge, ahora los protagonistas del lugar son los escombros, la marihuana y quien sabe cuántos psicoactivos más.

“No hay cuidado ni de mi hijo ni de mi”

La evolución del espacio público en Bogotá se dio gracias a la construcción de los teatros y la proyección de cine al interior de ellos, convirtiéndose según dice el director de la Dirección de Patrimonio del Ministerio de Cultura, Alberto Escovar, en una muy buena alternativa para invertir el tiempo libre.

Bogotá tuvo esa época gloriosa de arte, donde no únicamente se conquistaba o se iba con amigos, también se dejaban los niños al cuidado del teatro, así es, como el caso de una vecina del sector quien contó su experiencia pero prefirió no decir su nombre por razones que no supo explicar, simplemente no quería, así que la llamaremos Gloria, lo menos relevante será su nombre, lo interesante es su historia, una historia más que sumar a los años 40 en el teatro San Jorge.

Gloria, ha trabajado por más de treinta y ocho años en una ferretería ubicada en la calle 14 con carrera 15, justo al frente del teatro, allí ha presenciado todo lo que ha ocurrido, desde ver cómo fue su época de furor con la clase alta bogotana, ver cómo llegaban esos amigos de lo ajeno para llevarse los implementos del teatro como rejas, sillas u objetos que pudieran vender o cambiar por cualquier peso, hasta ver las visitas de hombres misteriosos en busca de mujeres que los complacieran y demás situaciones que ya se ha contado a lo largo del relato, todo esto lo ha visto ella.

Su afectación trasluce en sus ojos, el ser habitante del sector y haber residido allí por tanto tiempo demuestra el apego que Gloria emprendió con el teatro y quienes lo visitaban en los años 40, porque era este lugar el encargado de cuidar su hijo no mayor de diez años. Esta mujer llegaba temprano a su trabajo y siempre acompañada de su hijo, pero no para que él trabajara, era para que entrara al teatro y viera las películas que fueran necesarias durante el día mientras su madre salía de trabajar y volverían juntos a casa. “Fue triste ver cómo fue acabándose el teatro”, dijo Gloria con una mirada fija en la edificación acabada y caída, demostraba que no lograba entender cómo un sitio tan humano se convirtió en el desperdicio que hoy en día es, pero a su vez con unas miradas cortas y sonrisa entre dientes contaba la historia de que el teatro era quien cuidaba de su hijo durante el día y que para el niño nunca fue un problema, porque siempre le encantó ver cine y llegar a casa a contarle a su mamá la experiencia.

Cuando la zona dejó de ser visitada por gente adinerada y elegante, y comenzó ese proceso de cambio que llevó el teatro a la decadencia, Gloria ya no pudo volver a llevar a su hijo porque no había manera de que un niño de tan corta edad viera ese tipo de películas, ni las mexicanas y menos las pornográficas, así que no tuvo otra opción a pesar de las circunstancias, que llevarlo a su trabajo diariamente mientras el pequeño se aburría y anhelaba con volver a su pasatiempo y así fue como Gloria empezó a sentir una desesperanza en el barrio, al ver que ya el teatro que le daba vida a Lo Mártires no estaba y que ahora ya no solo no tenía quién cuidara de su hijo sino quien cuidara de ella y de su negocio, porque la delincuencia llegó a tal nivel que ya no había manera de confiar y de tener tranquilidad, expresó Gloria.

Historias como esta hay muchas, tristezas como la de Gloria y su hijo hay miles, se siente en el ambiente del teatro, la frialdad de sus paredes se convierten en la soledad y desconsuelo que ha dejado el tiempo, la pintura caída y la madera desgastada de los escalones que llevaban al segundo piso donde se disfrutaba ese espeso y caliente café, ahora ya no están, le pertenecen al agua que cae del cielo como lágrimas que derramaría Jorge Enrique Pardo el creador, empresario y dueño inicial de este patrimonio cultural al observar cómo diariamente se rompe un pedazo más del teatro San Jorge, un pedazo más de su alma.

Al final del camino hay una esperanza

Gloria utiliza nuevamente su maquillaje y tacones, de gancho con su hijo quien también lució con un estilo elegante volvieron a ingresar al teatro, esta vez no para ver cine, pero sí para recopilar imágenes que aún viven dentro del escenario y para participar del Sexto Encuentro Nacional de Patrimonio realizado por apasionados por el arte y personas que hacen parte de una reconstrucción del patrimonio nacional. Philippe Legler ha sido el gestor de que el teatro San Jorge reabriera sus puertas y esto con un solo fin, la memoria, haciendo parte del programa de recuperación de espacios culturales, Philippe junto a Alberto Saldarriaga y Tadeo Lab dieron vida al teatro durante tres días de septiembre de 2015, permitiendo que comerciantes, vendedores ambulantes, indigentes y particulares, se dieran la oportunidad de entrar a uno de los teatros más emblemáticos de la capital que aunque haya quedado en el olvido por mucho tiempo, nunca es tarde para querer recuperar una obra tan importante como lo es tan emblemático teatro.

Catalina Quijano una de las profesoras encargadas de Tadeo Lab manifestó que fue increíble la experiencia, “es hermoso ver cómo con disfraces y pinturas retomamos un poco el teatro”, expresó el último día del encuentro con una gran sonrisa y satisfacción reflejada al ver que todo el programa se desarrolló tal como se esperaba “un evento de investigación que se toma desde lo cultural”, decía orgullosa mientras comentaba la idea y la experiencia de este encuentro cultural. De igual manera Mauricio Díaz Granados director científico del Jardín Botánico, aportó su grano de arena para el encuentro, ellos se encargaron de limpiar aquella maleza producto de humedad y heces humanas y decoraron con plantas durante estos tres días dando un poco de vida y naturalidad a un espacio totalmente perdido en las penumbras del teatro y logrando que el ambiente cambiara dejando de ser paredes húmedas y malolientes para convertirse en un pequeño sector lleno de naturaleza y vida, cosa que se quiere tener nuevamente en el cine del teatro San Jorge.

La ministra de cultura Mariana Garcés Córdoba y el director del Instituto Distrital De Las Artes Santiago Trujillo permitieron que el proyecto fuera desarrollado en este lugar puesto que el Teatro San Jorge empezará a denotar el inicio de lo que se espera para su restauración. “Es una puesta a la paz del país” exclamó la ministra. Se escuchan sonidos de aplausos nuevamente. Para diciembre del 2014 la Alcaldía Mayor de Bogotá a través del Instituto Distrital de las Artes compró esta edificación cultural, con el ideal de restaurar el teatro San Jorge en un plazo a corto plazo, pensando a plenitud en cada rincón del teatro y de la zona, pues para recuperarlo se requiere no solo infraestructura sino también incrementar seguridad social para mantener el trabajo a realizar.

¿Volverá el sombrero y el abrigo?

Tal vez para algunas personas no es reconfortante ni agradable la idea de que el teatro San Jorge sea restaurado, probablemente les afecte su vida comercial, a otras personas, como los indigentes quedarán sin un techo del cual cubrirse en las noches lluviosas de Bogotá, sin embargo en un extenso proceso que se llevará para su recuperación, se tendrá en cuenta no solo la seguridad y recuperar las paredes de cemento, sino también la estabilidad de las personas que se vean afectadas por este programa de recuperación de espacios culturales, pues no se puede pretender arreglar un monumento patrimonial y dejar a las personas desamparadas, que indirectamente se habían apropiado del lugar y de un momento a otro se le arrebatará de sus manos.

Por otro lado están las personas como Danilo Londoño y su esposa Araceli Reyes quienes descubrieron el amor verdadero en el teatro, el cine y el café caliente, o como Gloria la madre y trabajadora entregada a su negocio y a su familia, o como el hijo de esta mujer, quien se ha apasionado por el cine desde antes de los diez años que su madre le dejaba con su niñera favorita, el teatro, o como la nueva generación de artistas que están con la esperanza a viva voz de que el teatro San Jorge vuelva a recuperar su alma, su esencia, su vida, y que se recupere de alguna manera esos sombreros y abrigos que hace más de cincuenta décadas adornaban la localidad de Los Mártires.

La esperanza sigue viva, los escombros, la tristeza y la frialdad del teatro no son una buena imagen para la cultura de la ciudad capital, pero no es solo imagen, son todas esas historias que no pueden quedarse en el olvido, tienen que revivir de alguna manera para que tal vez los nietos de Gloria o los tataranietos de Danilo y Araceli tengan la grandiosa oportunidad de lucir un traje de gala, ir con una hermosa dama de la mano y ver una película a la antigua, a revivir la era del romance, de las cartas, los chocolates y el amor, o simplemente sólo tengan la oportunidad de más allá de sus trajes, participar del cine en el teatro San Jorge, monumento cultural que ahora está en el olvido pero con el alma viva en muchos y es preferible que ahora pase al olvido el momento en que comenzó a decaer y recrear escenarios nuevos e historias nuevas para contar a futuras generaciones.

*Estudiante de la Universidad Jorge Tadeo Lozano

 

 

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