El teclado del mundo yoruba

El pianista cubano, que trabajó al lado de figuras del Buena Vista Social Club, participará en la edición número 23 del Festival Internacional de Jazz del Teatro Libre.

Sus composiciones son pequeños cuentos o pasajes de películas. Por lo menos así es como se las imagina Roberto Fonseca, el pianista cubano que durante el último trayecto de existencia del cantante Ibrahim Ferrer fue el comisionado de producir sus trabajos discográficos y cuando murió Rubén González hizo lo posible para mitigar su ausencia dentro del proyecto del Buena Vista Social Club.

Con un sabor similar, con la misma herencia pero con varias décadas menos, asumió la función de acompañar a los veteranos durante sus giras por América y Europa y de ellos ratificó que estaba en lo cierto y que al arte sonoro es indispensable adjudicarle un carácter visual. Por eso vio su sueño consolidado cuando fue invitado a hacer parte de la banda sonora de la película Hancock, un filme dirigido por Peter Berg en el que un superhéroe es duramente cuestionado por su adicción al alcohol y por su manera poco ortodoxa de resolver los crímenes causando más destrucción que los mismos bandidos. Al ver las imágenes en la pantalla grande y escuchar sus composiciones marcando el ritmo de la edición, sintió que otros habían complementado su labor y que por fin, después de varios lustros dedicados a componer y tocar el piano, había logrado lo que se había propuesto desde el comienzo: hacer que su arte sea, también, visual.

Por influencia de su hermano se sintió en principio atraído por la batería. Verlo tocar y ser testigo de todos esos movimientos enérgicos, más el sonido de los tambores, lo llevaron a caminar sus primeros pasos en el sendero de la percusión. Sin embargo, sus padres le explicaron que el piano era un instrumento más completo y gracias a ese comentario se inclinó por éste y se dedicó a su estudio en el Instituto Superior de Arte de La Habana. “Realmente el paso por la escuela de arte es lo que me ha ayudado a ser quien soy en la actualidad. Agradezco mucho a las escuelas de arte de Cuba por el alto nivel de enseñanza que tenemos y soy de los que piensa que la música clásica es esencial para la formación artística. Esta enseñanza no me ha quitado nada, todo lo contrario, me ha aportado muchísimo y siempre estaré agradecido de haber pisado la academia”, asegura Roberto Fonseca, quien debutó en el Festival de Jazz de la Plaza cuando tenía quince años. Antes de salir a escena para su concierto estaba muy nervioso, pero fueron más contundentes las ganas de mostrar su mundo a través de la música.

“Desde entonces mi sentimiento hacia la música ha cambiado mucho, ya que primero estaba interesado en demostrar mis cualidades como pianista y puede que fuese un poco más agresivo a la hora de tocar, pero ahora intento que las personas disfruten mi música, no intento demostrar que soy el mejor intérprete, tan solo trato de que todos viajen a través de mi música hacia un lugar donde reinen las buenas vibraciones”, dice el pianista, quien debutó en el mercado discográfico con el álbum En el comienzo, en el que contó con el respaldo de la agrupación Temperamento y con el que fue galardonado. Para él, el nivel musical no era predominante y lo que se hizo evidente durante la realización del registro fue la complicidad artística que había entre los integrantes de la banda y de ahí los buenos resultados.

Roberto Fonseca siempre ha deseado que su música suene como algo universal, que no la encasillen, y desde muy pequeño en la casa lo motivaron para que escuchara todo tipo de manifestación sonora, desde los más clásicos hasta los experimentos más vanguardistas. Él, nuevamente, les hizo caso a los mayores y amplió su panorama de tal manera que incluyó manifestaciones de la tradición yoruba dentro de su propuesta. “En el álbum Akokan sentí la necesidad de expresar mi universo más íntimo, de ahí es que prevalece mucho mi mundo yoruba. Para que todo el que lo escuche conozca un poco de dónde vengo y mi filosofía de la vida a través de lo que hago. Soy de los que cree que según como uno piense, de la misma manera compone e interpreta”, comenta Fonseca, quien ha tenido la oportunidad de grabar en Cuba, Japón y Brasil.

De su estrecha relación con las figuras del Buena Vista Social Club como Ibrahim Ferrer, Omara Portuondo y Rubén González quedan varios registros y uno de los más significativos para él fue Mi sueño. Bolero songbook, del que fue productor. “Hacer ese disco fue increíble y muy emotivo. Ver el deseo de Ibrahim hecho realidad fue algo que me mantendrá contento siempre, se le veía muy feliz y eso para mí fue suficiente”.

Hace poco realizó un proyecto con el dj inglés Gilles Peterson con la intención de demostrarle al mundo la evolución de las sonoridades urbanas de la Cuba contemporánea y sigue empeñado en cambiar su entorno con la música, esas pequeñas historias sonoras y visuales.

Martes 6 de septiembre, 8 p.m. Teatro León de Greiff. Información y boletería: 593 6300 y www.tuboleta.com.

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