El volumen de la sinfonía ‘glocal’

La música en Colombia superó el escalón de las fusiones entre el folclor y las manifestaciones universales. Ahora entra en sintonía con los circuitos mundiales en los que las fronteras se rebasan con talento, procesos y decibeles.

Ilustración. Heidy Amaya
Ilustración. Heidy Amaya

La transmodernidad es la batuta que mueve la música colombiana en la actualidad. Esa expresión incluye el empleo de manifestaciones autóctonas, la utilización de procesos experimentales y permite el diálogo entre la modernidad y las épocas posteriores. Las dinámicas musicales contemporáneas se mueven por dos grandes fenómenos. El primero son las migraciones y el segundo es la influencia de las tecnologías de la información y comunicación. Gracias a esos dos aspectos ha habido un cambio en el espectro y ahora se puede encontrar una nueva manera de relacionar los territorios con los circuitos culturales. Este tiempo se caracteriza por una comprensión que, para utilizar la jerga particular, es polifónica.

“La mirada hacia el pasado ha sido importante. Sin embargo, en un momento se elaboró un discurso en el que se hacía referencia a que ese era el único camino válido. El hecho de que tengan más visibilidad propuestas que combinan electrónica con tambores, no quiere decir que eso era el foco, sino que simplemente tuvo más relevancia”, comenta el productor musical Iván Benavides, quien resalta el trabajo de aquellos músicos que emplean el sonido como materia prima sin necesidad de transformarlo en un discurso purista o identitario sobre la colombianidad.

Por encima de haber un foco, hay diferentes tendencias, diversos nichos y procesos distintos. En la música no todo tiene una velocidad, ni intenciones idénticas. La vanguardia, un término que está bastante desgastado, le cedió su importancia a la diacronía, una expresión en la que conviven armónicamente muchas estéticas.

“El fortalecimiento del tema digital ha cambiado el panorama. Ya no hay artistas con grandes capacidades de convocatoria. Lo que crece en la rutina, en el día a día, son artistas con propuestas personales, íntimas, que no tienen tantos seguidores pero sí muy fieles, y eso les da vigencia y autonomía. No es un tema de buscar por fuera, sino de encontrar audiencias propias, porque las fronteras no existen”, argumenta Liliana Andrade, fundadora del portal Parlante Amarillo, una plataforma especializada en contenidos musicales.

Lo que pasaba antes era que el país tenía referentes puntuales. En la actualidad hay infinitas posibilidades de mostrar a Colombia. Por eso es que grandes documentalista, expertos en indagaciones musicales y productores de renombre están mirando a la nación y son ellos quienes están registrando la movida contemporánea nacional.

 “Las regiones en Colombia están empezando a tejer lazos en todo el continente. Sonidos del Pacífico le entrega su esencia al mundo, lo mismo pasa con la champeta, de nuestro Caribe. Hay una explosión impresionante que se ha extendido a todo lado. Colombia se ha vuelto protagonista en los grandes festivales internacionales. Estamos haciendo un rescate de raíces muy valioso y que no se limita al folclor tradicional”, expone Mariángela Rubini, directora de la revista Shock.

La música se está viviendo en ciudades y municipios. Hace parte del sentir y del latir de la gente. Con facilidad se encuentran manifestaciones que se conjugan con apuestas especiales. Sin duda, hay un movimiento activo en el que lo menos importante es definir las nacionalidades de los proyectos.

“En las redes la música se pierde y en la radio la música perdura. Lo que no ha cambiado mucho es que el medio radial sigue siendo el primer punto de referencia para los artistas y la posibilidad de escuchar su canción. La radio obliga a los artistas a esforzarse para que sean buenos productos. En soundcloud, en cambio, uno puede poner la maqueta de una canción y listo. El fenómeno está muy tangible en la actualidad y necesita de muchos canales de difusión y por eso la radio es una plataforma importante”, dice Luisa Piñeros, realizadora de la Radio Nacional de Colombia.

 Una de las particularidades de la música en la actualidad es que depende de los retos creativos que se fijan los compositores, pero también se tienen en cuenta las demandas sociales y las condiciones del mercado. Es difícil hacer mención a temáticas específicas, pero sí se puede hablar de referentes musicales relevantes.

“Es importante considerar vanguardias a toda tendencia de innovación o transformación. Uno podría encontrar vanguardias en distintos lenguajes en la medida en que se estén rompiendo cánones y planteando rupturas con lo anterior. Me parece que la música electroacústica y académica contemporánea está a la vanguardia. En lugar de lo urbano, prefiero hablar de ‘glocal’, un juego de palabras interesantes. Existe un diálogo mucho más activo con lo global sin perder de vista el bagaje de las músicas tradicionales”, opina Alejandro Mantilla, coordinador del Plan Nacional de Música para la Convivencia del Ministerio de Cultura.

La labor institucional tiene mucha relevancia en la consolidación de la vanguardia o de la diaconía, porque requiere del ofrecimiento de muchos estímulos y es necesario garantizar los portafolios. Un país tan diverso debe tener plataformas de circulación y diálogo. En los procesos creativos resulta indispensable promover la formación, con el fin de revalidar el talento existente.

 “Los esfuerzos que diversas instituciones musicales del país iniciaron en la última etapa del siglo XX han dado frutos que han cambiado el panorama de la llamada música clásica o académica en el país en los primeros años del siglo XXI. Muestra de ello es la proliferación de escuelas profesionales, la creación de orquestas jóvenes y la labor de orquestas y escenarios en la formación de públicos. La perspectiva de la interpretación ha evolucionado. Los ensambles de jóvenes intérpretes se arriesgan con obras contemporáneas y buscan a los nuevos creadores”, argumenta Carolina Conti, realizadora radial de la emisora HJUT, de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

Aunque no son muchos, los compositores de este repertorio han mostrado una inmensa diversidad. Compositores como Rodolfo Acosta, Juan Pablo Carreño, Ricardo Gallo, Johann Hassler, Jorge Humberto Pinzón o Alba Fernanda Triana, con la formación académica como base, abren un amplio panorama que incluye las propuestas más vanguardistas, o la exploración y reinterpretación de la tradición colombiana tanto en lo musical como en lo temático, de maneras muy personales.

“Lo que veo con ojos más interesantes es que la música en Colombia está dejando de vivir en esas dicotomías entre lo que es música clásica, jazz y folclor. Ahí es donde el país tiene mucho potencial. Un personaje como Antonio Arnedo, quien ha traducido los sonidos autóctonos al lenguaje del jazz, ha sido determinante para lo que escuchamos en la actualidad”, comenta David García, director general de la Orquesta Filarmónica de Bogotá.

Se ha dicho que la música está en crisis. Sin embargo, el problema ha sido exclusivo de la industria discográfica, que está pasando por la escasez de formas de difundir sus productos de largo alcance. Colombia disfruta de la abundancia de propuestas y de canales alternos de divulgación. Hoy suena la diversidad.

Temas relacionados