El mundo sobre un caballo

‘Enlazando querencias’, el documental de Talía Osorio, recorre los Llanos Orientales.

El documental como testimonio y registro de una época preserva en las imágenes de la pantalla los rastros de la memoria; el trazo de un tiempo que de otra manera podría estar condenado a desaparecer. Su legado visual fue una norma para los exhibidores que durante los últimos cinco años del siglo XIX hicieron de la cámara una máquina para filmar lo que vería el futuro. Artificio o evocación de fantasmas, el espejismo es útil cuando el paisaje de un viaje, de sus personajes y sus circunstancias son la evidencia de un mundo que se desvanece.

Enlazando querencias (2011), ópera prima de Talía Osorio Cardona —antropóloga y docente de la Facultad de Cine y Televisión de la Universidad Nacional—, basada en la investigación de Francisca Reyes Díaz, retrasa el olvido que impone el presente ante un pasado en el que era habitual recorrer las sabanas del Llano con el vigor de un western, arreando ganado, domando potros, celebrando el privilegio de la aventura entre compañeros que se encontraban cada año para trabajar varios días en un estado semejante al que permitía una libertad plena como el horizonte.

Los vaqueros como personajes dignos de la leyenda o el mito, sometidos por la crudeza de una realidad que amenaza con hacer de ellos piezas de arqueología, sobreviven en la encrucijada de un lugar común: el pasado vs. el presente; la tradición vs. la modernidad. Una situación descrita por el documental sin la carga emocional del sentimentalismo o de una trampa aún más riesgosa, la nostalgia y su melancolía.

La crónica de los hechos registrados por la cámara evidencia la admiración implícita en cada imagen por un mundo que es visto con el tono legendario que refleja a los vaqueros del Llano en el espejo donde podríamos ver a sus compadres de oficio: un gaucho, un charro, un cowboy. Personajes todavía auténticos, con el riesgo de ser considerados como “exóticos” o “pintorescos”, los vaqueros de la Orinoquia expresan sus dudas ante el futuro que avanza y los puede relegar a lo que fueron alguna vez: los protagonistas de un estilo y un folclor relacionado con el paisaje; jinetes que ahora parecen siluetas perdidas en una niebla romántica.

La vida al aire libre se opone al tiempo marcado por los relojes de las petroleras donde trabajan los que cambiaron el rumbo. Reconocen la distancia con su pasado, cuando fueron “hombres a caballo”, y construyeron sus vidas y la de una región con el ritmo que permite mirar el mundo al galope.

Una condición en la que no es imposible rotular al vaquero con el aviso del caos: “Especie en extinción”. Los versos que definen el tema del documental ilustran de una manera elocuente el aire de historia final que amenaza la aventura: “Que no muera la raza de los hombres a caballo / o que muera yo primero pa no tener que llorarla”.

El documental insiste en una idea heredada a los giros que marcaron el cruce del siglo XIX al XX: la bondad del campo opuesta al campo de batalla que amenaza en la ciudad. Una visión entusiasta y generosa. Interesada en mostrar las virtudes que deciden el destino del Llano y su paisaje sin fin como un espacio ideal. El drama está en el futuro. Mientras que dure el presente, los vaqueros aprovechan la vitalidad que exige vencer a los animales y llevarlos en un viaje que puede ser prolongado.

Al final, la despedida concluye con un adiós a otra parte y la esperanza de estar juntos un año después para volver a empezar. Algunos vaqueros dicen que no confían demasiado en continuar trabajando. Otros sienten el vacío que deja en la hacienda el silencio. La geografía permanece y se escuchan los rumores de los que estuvieron antes. Cuando el olvido amenace no será definitivo. En este documental regresará la memoria a recordarnos la historia.

El primer largometraje de una realizadora que empieza así su futuro en la pantalla, a disposición del público en www.taliaosoriocardona.com; [email protected]; [email protected] y en los teléfonos 317 854 5516 y 320 344 3775.

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