Entre dos aguas

El guitarrista flamenco, considerado el mejor del mundo, se presentará en Medellín y en Bogotá.

El guitarrista gaditano Paco de Lucía vuelve a Colombia exhibiendo su música en formato de sexteto. / Berry Producciones

Hace algunos años, acaso con ocasión de su dignidad como depositario del Premio Príncipe de Asturias, el titulador de un noticiero de televisión —no quiero pensar que alguien que cubre esa fuente pueda vivir tan aislado del mundo— decidió bautizar en créditos al más importante guitarrista del mundo de esta manera: “Paco de Lucía, cantante”.

Al margen de la airada indignación del momento, el hombre tras el generador de caracteres o el periodista no erraban del todo. En 1998, el tocaor gaditano ofrecía al mundo Luzía, otro de esos trabajos sonoros con los que sabe hacernos esperar lapsos no menores a seis años entre la expectativa y el sufrimiento. En él dos de sus recuerdos más preciados, su madre y su amigo, obran el milagro de permitirnos oír a Paco de Lucía, sí señor, cantando.

La Bajadilla es el barrio de Algeciras que vio al pequeño Francisco Sánchez Gómez ejecutar sus primeras falsetas en la guitarra. Maestros no le faltaban en ese crisol de gitanos y payos en el que se había criado, y los más cercanos estaban en el seno de su propia familia: su padre, Antonio Sánchez Pecino, que tomaba el encordado en las noches luego de dedicarse a la venta ambulante (luego sería su productor discográfico de cabecera), y su hermano mayor, Ramón, quien hacia futuro prefirió copilotar el legendario Sexteto de Paco en desmedro de una nunca buscada popularidad como solista.

La madre del clan, Luzía Gomes Gonçalves, La Portuguesa, oriunda de la población lusa de Monte Gordo, era la más atenta al jaleo cuando los tres hermanos, Ramón y Paco en las guitarras, Pepe en el cante, animaban las fiestas de La Bajadilla. La temprana habilidad de Francisco indicaba que haberlo dejado navegar a su aire, sin otra academia que la impuesta por su familia y por las grabaciones de los grandes tocaores Niño Ricardo y Agustín Castellón “Sabicas”, había sido lo correcto para su formación.

Tendría 15 ó 16 años cuando su guitarra pudo ser escuchada por primera vez en un disco. Al lado de Pepe en cante, los imberbes Chiquitos de Algeciras hicieron su debut en el sello Hispavox en 1963. En ese momento los tres hermanos habían decidido honrar a su patria chica al asumir el apellido artístico De Algeciras, y de hecho bajo esa rúbrica aparece la participación de Paco en el pionero y experimental Flamenco-Jazz, disco del saxofonista Pedro Iturralde. Pero pudo más la evocación materna, y el único que se quedó algecireño para el resto de vida fue Ramón. Pepe y Paco fueron, en lo sucesivo, De Lucía.

“Con lo mucho que yo lo quería,/ se fue de mi vera./ Se fue pa siempre,/ pa toíta la vida” (Camarón, cante por rondeñas)

Se conocieron en los billares de la Puerta del Sol de Madrid. El joven José Monge Cruz buscaba un escudero en la guitarra, y De Lucía podía darse a demostrar que también era un acompañante de calidad, mientras llegaba aquel exitazo de 1973 que fue la rumba Entre dos aguas, del revolucionario disco Fuente y caudal. Camarón de la Isla, aquel cantaor a quien había conocido apenas entrando a la mayoría de edad, iba a hacer con su voz lo mismo que su eterno amigo en las seis cuerdas.

Fueron 10 discos, uno tras otro, entre 1969 y 1977. En ellos, el cantaor de la isla de San Fernando de Cádiz dejaba planteado un manifiesto jondo, desgarrado, tierno y virtuoso, que apenas daba algunos visos de su revolución posterior y su ingreso en la oscuridad de la timidez patológica y las drogas. La ruptura de relaciones momentáneas impidió que Paco participara de La leyenda del tiempo, álbum de Camarón de 1979 que marca un parteaguas en la historia del flamenco. En los 80, cantaor y guitarrista fueron y vinieron, se amigaron, se enemistaron, y podían dejar de verse tres, cuatro años tras la última pelea, y solucionarlo todo con un “qué pasa, maricón”, y de vuelta al estudio para dejar como testimonio álbumes de consistencia inenarrable: Como el agua (1981), Viviré (1984) y el colofón camaronero Potro de rabia y miel (1992). Muchas veces De Lucía ha manifestado que pocas ausencias le siguen golpeando con la fuerza de José, fallecido a sus muy breves y veloces 41 años.

Y entre el recuerdo de la madre que lleva cosida en su nombre artístico, y el del frágil y genio amigo que se fue tan pronto, Francisco Sánchez Gómez ha andado todos los caminos divulgando la verdad de la bulería, las soleares y la rumba. En 1981 lanzó su disco Solo quiero caminar, y en él presentó en sociedad su formato de sexteto, convocando a sus hermanos Pepe de Lucía en cante y Ramón de Algeciras en segunda guitarra, junto con Carles Benavent en bajo eléctrico y dos exintegrantes de la banda de rock Dolores, Jorge Pardo en saxo y flauta, y el brasileño Rubem Dantas en percusión, incluyendo en ese formato un cajón peruano, elemento por cuya entrada en el mundo gitano andaluz también hay que agradecerle al señor Paco.

Hoy, de nuevo en modo sexteto pero con cambios bien interesantes en las texturas sonoras, Paco de Lucía regresa por estos pagos. Nombres determinantes en el mundo del flamenco actual como los del percusionista Israel Suárez “Piraña” y el bajista cubano Alaín Perez se suman a los de Antonio Serrano, que con su armónica hace las veces de un Jorge Pardo atravesado por el blues; Antonio Fernández “Er Farru”, que pone el elemento de danza y zapateao que anteriormente proveyeron a su grupo Juan Ramírez y Joaquín Grilo; y la imperdible cuota de sangre, ahora en la segunda guitarra de su sobrino, Antonio Sánchez Palomo.

Varias veces los melómanos colombianos hemos podido disfrutar del prodigio de Paco de Lucía. Los de vieja data pudimos verlo junto a sus dos hermanos en el Sexteto. Un par de años después, en otro retorno, ante nuestros ojos ocupaban sus lugares los no menos virtuosos José Jiménez “Er Viejín” en guitarra y Juan Cortés “Duquende” en cante. También nos maravillamos a mediados de los 90, todavía sin creernos del todo que en un mismo escenario, en plena Bogotá, el guitarrista compartía escenario con sus colegas en las seis cuerdas John McLaughlin, de Inglaterra, y Al Di Meola, de Estados Unidos, integrando ese fugaz conjunto de virtuosos llamado Guitar Trio.

Ante todo ello, siempre cabe preguntarse si veremos a un músico aún en plenitud. Y la respuesta siempre será que todo tiempo es el mejor para Paco de Lucía.

 

 

 Jefe musical de Señal Radio Colombia.*

 

últimas noticias

El movimiento constante

“Mi éxito será mi venganza”: Martha Senn