COVID-19: ¿Cuáles son las acciones adelantadas por el Gobierno para enfrentar la pandemia?

hace 2 horas
contenido-exclusivo

Entre la memoria histórica y la memoria colectiva

Aunque los dos conceptos refieren al estudio de la historia de una nación, entre ambos hay diferencias que ayudan a entender la importancia de la memoria para un Estado y una sociedad. Pierre Nora, Maurice Halbwachs, Manuel Cruz, Walter Benjamin, entre otros pensadores ayudan a comprender el ejercicio del recuerdo.

Walter Benjamin (izquierda), filósofo alemán y Maurice Halbwachs, sociólogo francés.Archivo particular

Al hablar de memoria se piensa inmediatamente de manera causal que la memoria hace referencia a la historia y en especial a recordar un evento del pasado. Sin embargo, más allá del acto de recordar y de enlazar hechos en la historia, la memoria lo que permite es generar una reconstrucción de la historia, la política y la cultura. Esto, en el sentido de que lo que sucedió o pudo suceder en el pasado trae algunas consecuencias que tienen que ver con el hecho de rememorar dicho suceso para el presente y el fin que tiene esto para un eventual futuro.

La noción de memoria ha sido tratada desde los pensadores de la antigüedad y de la era medieval. Desde la antigüedad la memoria era entendida como un sentimiento y a su vez como una categoría que permitía conservar la tradición con el fin de hacer del presente una fiel reproducción del pasado. Más adelante, para los pensadores modernos, quienes daban prelación a un uso de la razón y de una serie de categorías universales, la memoria pasó a ser un elemento innecesario para la sociedad occidental, y por ende su noción durante esta era de la historia estuvo en contra de los ideales del sujeto moderno y de la pretensión por el progreso. Ahora, es en la época contemporánea donde la noción de memoria recobra su sentido y con él se construirán diversos modos de darle una utilidad para la historia y para los demás ámbitos que forman la identidad del hombre y la sociedad en general.

Le puede interesar: Filosofía y memoria: el doble asesinato de los muertos

Si de algo se caracterizó la contemporaneidad y específicamente el siglo XX, fue por la gran cantidad de conflictos y guerras que hubo a lo largo y ancho del hemisferio occidental. Ahora bien, fue a partir del holocausto Nazi y de las violaciones a los derechos humanos que allí surgieron, que las humanidades y  los gobiernos en general se dieran a la tarea de construir una alternativa que evitará a toda costa que se repitieran casos como los de la segunda guerra. Para ello, varios académicos del mundo se dieron a la tarea de impulsar la noción de memoria y empezar a hablar de memoria histórica y memoria colectiva. A partir de ambos conceptos es que Manuel Cruz, filósofo español, nos habla en su ensayo Tierra y huesos de un deber de memoria que necesita ser respaldado por el Estado y que debe acogerse en la sociedad.

La noción de memoria recobró fuerza durante la segunda mitad del siglo XX. A partir del Profesor e historiador francés Pierre Nora, la memoria se define como: "el recuerdo de un pasado vivido o imaginado. Por esa razón, la memoria siempre es portada por grupos de seres vivos que experimentaron los hechos o creen haberlo hecho. La memoria, por naturaleza, es afectiva, emotiva, abierta a todas las transformaciones, inconsciente de sus sucesivas transformaciones, vulnerable a toda manipulación, susceptible de permanecer latente durante largos períodos y de bruscos despertares. La memoria es siempre un fenómeno colectivo, aunque sea psicológicamente vivida como individual".

De la misma forma, el pensador francés definía la historia como: "una construcción siempre problemática e incompleta de aquello que ha dejado de existir, pero que dejó rastros. A partir de esos rastros, controlados, entrecruzados, comparados, el historiador trata de reconstituir lo que pudo pasar y, sobre todo, integrar esos hechos en un conjunto explicativo. La memoria depende en gran parte de lo mágico y sólo acepta las informaciones que le convienen. La historia, por el contrario, es una operación puramente intelectual, laica, que exige un análisis y un discurso críticos. La historia permanece; la memoria va demasiado rápido. La historia reúne; la memoria divide".

La memoria histórica a la idea o discurso adoptado por una sociedad –o en palabras de Nora- por un grupo de seres vivos que busca reunir todos los hechos que ocurrieron en un pasado y a su vez los que han ocurrido en un presente con el fin de generar consciencia crítica frente a la realidad en la cual se desarrollan y así poder obtener una identidad como colectivo.

Por otra parte, citando a Maurice Halbwachs, sociólogo francés, se afirma en La memoria colectiva que esta: "se distingue de la historia al menos en dos aspectos. Es una corriente de pensamiento continua, con una continuidad  que no tiene nada de artificial, puesto que retiene del pasado sólo lo que aún está vivo o es capaz de vivir en la conciencia del grupo que la mantiene. Por definición, no excede los límites de ese grupo. Cuando un período deja de interesar al periodo que sigue, no es un mismo grupo el que olvida una parte de su pasado (...) Toda memoria colectiva tiene por soporte un grupo limitado en el espacio y en el tiempo. Sólo se puede juntar en un único cuadro la totalidad de los hechos del pasado si se desprenden de la memoria de los grupos que conservaban su recuerdo, si se cortan las amarras por las que estaban unidos a la vida psicológica de los medios sociales donde se produjeron, si se retiene sólo el esquema cronológico y espacial".

La memoria colectiva dista un poco de la memoria histórica en el sentido que la primera es más estricta en cuanto a su campo de estudio debido a que sólo trata hechos que se encuentren vigentes tanto en el colectivo como en el tiempo en el que éste se encuentra. La segunda, es decir, la memoria histórica, es un poco más amplia debido a que ésta no posee esa serie de restricciones o limitaciones y por el contrario ella lo que busca es reunir o atribuir a la sociedad la capacidad de reconstruir su identidad a partir de los hechos que enmarcaron su pasado y que enmarcan su presente.

"Memoria e historia son dos miradas distintas dirigidas sobre el pasado al principio: mirada interna, la primera, y mirada externa, la segunda. La historia más centrada en la reconstrucción de los hechos, y, la memoria, en la construcción del sentido presente; la una trabaja con testimonios y la otra con archivos.(…) Con el método de la historia podemos conocer el número de crímenes; con el segundo, la experiencia de las víctimas. No es lo mismo hablar de crímenes sin víctimas que de las víctimas sin crimen", afirmaba Cruz. 

En el sentido histórico, la memoria nos permitirá, como dice el texto, construir sentido en el presente a partir de lo que sucedió en el pasado. Además de ello, el ejercicio de la memoria también implicaría el hecho de mantener para un futuro aquello que se construyó en el presente. En el ámbito político, podremos entender cómo a partir de la idea del reconocimiento y del perdón (amnistía) es que la memoria juega un papel primordial en la construcción de políticas de Estado. Ahora, de lo político se desprende un problema por el resentimiento y el olvido y es aquí donde la memoria también hará parte de un ámbito moral y en cierto modo cultural.

Memoria y política: 

A partir de la crítica de Benjamin hacia la tendencia que tienen las teorías de la historia por un ideal de progreso, es que se puede empezar a hablar de lo político en la memoria debido a dos razones que expone el filósofo alemán para rechazar toda pretensión de progreso: La primera razón se basa en el hecho de que el ser humano ha venido confundiendo, desde el siglo XIX, la idea de progreso técnico con progreso moral. Esto hace referencia a que para la sociedad contemporánea el  dominio de todo lo existente en el mundo es un bien para la humanidad misma debido a que posee el control y las herramientas suficientes para generar bienestar. La segunda razón, que no dista mucho de la primera, hace referencia a lo que Benjamin denomina un carácter inagotable, perfectible e invencible del progreso. Esto se entiende al afirmar que el hombre y su desarrollo siempre será positivo, a que este y la naturaleza actúan de acuerdo a unas leyes que lo determinan y bajo una idea que permite creer que el tiempo y los recursos naturales son infinitos.

“El marco social está compuesto de necesidades, valores y experiencias del presente. Si a ese marco le llamamos memoria colectiva es porque se ha ido construyendo con memorias individuales del olvido”, escribió Cruz.

Hasta hace unos años en Colombia estamos apostándole a ejercer el uso de la memoria histórica como un deber social y político para repensar no solo nuestro papel como individuos en la construcción de una nueva sociedad y de una cultura de paz sino también para añadir a este discurso a eso que Cruz llama los sin-nombre, los no-sujetos­ y todos aquellos que deben ser reconocidos como víctimas y victimarios dentro de una guerra o conflicto.

Por ejemplo, para el Centro Nacional de Memoria Histórica el discurso sobre este propósito está definido de la siguiente manera: "el equipo de investigación parte del reconocimiento de que la memoria histórica participa de los procesos de democratización en situaciones de conflicto. Desde esa perspectiva, trabajar la memoria histórica implica incluir voces que han sido continuamente excluidas y suprimidas de los procesos de elaboración de la historia, sobre todo de aquella versión que se selecciona para ser oficializada en textos escolares, discursos públicos, monumentos o museos".

Si se habla de la memoria como herramienta para fomentar un tipo de política o para sostener un proceso de gobierno, pues entendemos que esta hace parte de la esfera pública dado que esta emite un juicio o una participación directa en un ejercicio del gobierno por fomentar un imaginario que abarque a toda la sociedad contemporánea.  Ahora, si se habla de memoria en un ámbito subjetivo y privado, se entiende que esta crea una serie de sentimientos e ideales que llevan al individuo a repensar nociones como el olvido, la justicia y el resentimiento.

Cuando hablamos de justicia nos referimos a dos ideas: Por un lado, está el argumento de Horkheimer utilizado por Cruz y que explica la relación entre justicia y memoria: “Justicia y memoria son indisociables porque sin memoria de la injusticia no hay justicia posible…”. Aquí lo que se quiere explicar es que la memoria es indispensable para la transparencia de un Estado ya que esta permite que se haga justicia y se evite de cierta la manera la impunidad al recordar aquellos crímenes que por alguna razón no fueron resueltos anteriormente. Sin embargo, debe hacerse la aclaración de que la memoria no imparte la justicia sino que simplemente está es garante para que se hable de aquello que no fue resuelto por la legislatura de una nación.

En Colombia se habló de amnistía en el proceso de paz con la guerrilla de las Farc, y se habló de que como prioridad en el posconflicto debía haber un proceso claro y comprometido con la reconciliación y reparación de las víctimas. No obstante, en esta idea de reconciliación hay un problema pertinente si lo relacionamos directamente con la memoria: “(…) el anhelo de “superación” y “cierre” que la idea de reconciliación pone en juego sugiere una lógica del tratamiento del daño y una forma de temporalidad que me parece crean obstáculos para la construcción de la paz. (…) En efecto, la noción de ‘superación’ supone que las fisuras, tensiones, heridas de un pasado desgarrador han de ser sanadas, cerradas, reparadas, y con ello dejadas atrás, para posibilitar, en el cierre de la reparación, la restauración de los lazos que se fracturaron y rompieron. Me parece, sin embargo, que esta lógica del daño no permite reconocer que las heridas dejan huellas y fantasmas que no se pueden simplemente cerrar y dejar atrás, aunque esto no significa dejar sin suelo a la posibilidad de actuar de nuevo. Al contrario. Precisamente, es la idea de cierre y superación la que apunta a fijar un daño ya dado e irreparable, y lo que alimenta formas de resentimiento y de reacción pues éstas, como bien lo entrevió Nietzsche, tienen que ver con la sensación de que lo que fue fue y sólo cabe llevarlo a cuestas o enterrarlo", afirmó la filósofa colombiana Laura Quintana en su ensayo ¿El tiempo de la reconciliación?

Hablar de la memoria y no de las memorias es un debate que debe traerse a colación ya que hablar de memoria solamente representa la aceptación de una idea bajo la cual el pasado pertenece a una sola verdad y a una unificación de sucesos, identidades y recuerdo. Elizabeth Jelin, socióloga argentina, afirmó en Los trabajos de la memoria que: “(…) hay una tensión entre preguntarse sobre lo que la memoria es y proponer pensar en procesos de construcción de memorias, de memorias en plural, y de disputas sociales acerca de las memorias, su legitimidad social y su pretensión de verdad".

Hablar de memorias no necesariamente excluye la subjetividad de cada uno. Es decir, cada sujeto perteneciente a una comunidad posee su propio recuerdo y este  a pesar de que pueda tener vivencias en común, se aparta de las demás memorias ya que cada sujeto siente y ve diferente. Ahora, el hecho de reconstruir los escenarios de guerra e intentar re-habitar los espacios que fueron afectados, trae consigo el deber de hacer comunidad, de hacer de esta reconstrucción un ejercicio común donde todos, como individuos que han legado una cultura y un territorio, participen activamente en alternativas que configuren el presente a través de la narrativa de cada individuo y que genere una visión más amplia sobre lo que como comunidad vivieron y ahora piensan vivir. Esto llevaría entonces a promover y promulgar valores democráticos donde se respete la pluralida de voces, o en este caso, de memorias para la reconstrucción de un tejido social.

La pluralidad de la memoria lo que permite aquí es cuestionar precisamente nuestra identidad en tanto que se deben reconstruir nuestras costumbres y nuestra convivencia como sociedad. Así, el acto de rememorar colectivamente configura una nueva apuesta cultural, social y política. Y esta, a pesar de tener el riesgo de entrar en crisis en el momento en que se da una reconciliación, debe velar para que la sociedad sea capaz de volver a ese período de calma donde se vea precisamente ese sentimiento de unión y esa intención de identidad que pretende generar el discurso de memoria.

 

 

 

906061

2020-02-24T10:39:00-05:00

article

2020-02-24T10:39:36-05:00

aosorio_262373

none

Andrés Osorio Guillott

Cultura

Entre la memoria histórica y la memoria colectiva

50

14976

15026

1