Entre tintas y pingüinos

El caricaturista argentino evoca con sus dibujos la inocencia de los niños que inventan amigos imaginarios.

Fue a los 14 años cuando Ricardo Siri conoció a los pingüinos. Desde la primera vez que los vio sintió una enorme fascinación hacia estos animales tan elegantes y torpes a la vez. “Me recordaban a Chaplin por sus movimientos”. Fue amor a primera helada.

Desde niño, antes de esa visita a la Antártida por cuestiones colegiales, Ricardo ya tenía una enorme imaginación. Siri, más conocido como Liniers, el creador de historietas, se imaginaba todo tipo de cosas en su casa de Buenos Aires. Cuando tenía unos cuatro años y apagaban en las noches las luces de su cuarto, él imaginaba que el techo salía volando y un tigre de Bengala descendía en espiral hacia su cama. De ahí surgió su primera incursión en el mundo de las historietas, con una tira de veinte páginas llamada Lo que hay antes de que haya algo, que contaba precisamente esta experiencia.

Muchas de sus tiras evocan la inocencia y creatividad de los niños que inventan amigos imaginarios y ven monstruos en todos los rincones. Por “cierto grado de imaginación”, como dice, por una serie de referentes, y simplemente “porque salen bichos raros”, Liniers ha creado personajes mostruosos y fascinantes.

Olga, el amigo imaginario de Martincito, por ejemplo. Este monstruo gigante y azul tiene elementos de un muñequito llamado Han Solo que Liniers guardaba en el bolsillo de su camisa cuando iba al colegio; de Maurice Sendak, el creador de Donde viven los monstruos; de Monsters Inc., y mil referentes más. Cuando Olga nació, a Liniers no se le ocurrió otro diálogo que “Olga”, única palabra que dice el personaje. “Nunca pensé que fuera a darme muchos chistes , pero llevo más de 100 y la cuerda no se ha acabado”.

Compara la creación de personajes con la acción de coser. Algunos continúan evolucionando hasta que se acaba el hilo y a veces el hilo se acaba rápido. Lo importante para Liniers es que los lectores de cómics o, en ese sentido, también los espectadores de cine, comprendan realmente el chiste. “La gente hace una disociación entre la historieta y el autor, entran en el juego. Es como las personas que van a ver Jurassic Park y hablan de lo bien que están los efectos especiales y las personas que dicen: ‘¡Ay, un dinosaurio! Los primeros pueden parecer más inteligentes, pero a la larga son más bobos”.

Ricardo Siri, antes de ser Liniers, de publicar sus cómics en los grandes periódicos de Latinoamérica (La Folha de São Paulo y La Nación de Argentina), antes de que sus libros se tradujeran al portugués, italiano y checo, antes de girar por el mundo, era un amante de las historietas y del arte en general. Sus referentes van desde el cine comercial hasta Mafalda y Tintín, pasando por Picasso y el arte contemporáneo.

“Me gusta sorprender y tener diferentes registros de humor con Macanudo (una de sus tiras)”. Por eso tiene personajes elaborados como Enriqueta, una niña que habla con su gato Fellini, y personajes grupales, como sus famosos duendes y pingüinos.

“Antes me retrataba como soy, con mis rulitos, pero me daba tanta vergüenza, todo el tiempo me maltrataba y terminaba llorando”, dice en tono de chiste. En un viaje de trabajo a Berlín se encontraba con varios artistas y pensó que sería “más artístico” dibujarse como algo raro. “Un conejo, eso lo puedo hacer fácilmente, y así surgió”.

Años después, y por cosas de la vida, Matt Groening, creador de Los Simpsons, lo buscó. El caricaturista gringo también se dibuja a sí mismo como conejo y quería conocerlo, “me agrada estar en la misma lista que Groening”, dice Liniers.

El conejo estuvo este lunes dictando una conferencia en la Biblioteca Luis Ángel Arango y estará dando talleres de dibujo en Armenia en el marco del Festival Entreviñetas, organizado por el Banco de la República y la revista Larva. Seguramente, de su viaje surgirán más historietas, habrá que esperar a ver qué esperpentos e historias surgen de su paso por el país.

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