Las entreviñetas de un festival de cómic

Por segundo año los diseñadores y amantes de las historietas se reúnen en un espacio donde sus dibujos cobran vida. Esta vez la cita fue en Armenia.

“¿Qué es la novela gráfica?”. Con esa pregunta comenzó el debate que me llevó a Armenia, en calidad de moderador, y que de entrada prometía una conclusión sobre el tapete incluso antes de que nos sentáramos a conversar. La respuesta de Clara Lagos, historietista argentina, no pudo ser más contundente: “No hago novela gráfica, no quiero hacer novela gráfica y espero que el año entrante no estemos hablando de novela gráfica”. Y de esta manera se precipitaba la conclusión, a menos de cinco minutos de comenzar la charla, dejando al moderador en problemas.

Días antes, Entreviñetas, el festival de cómic que hacía apenas un año había dado sus primeros pasos en la ciudad de Armenia, había extendido sus tentáculos cual monstruo marino, hacia otras regiones del país, dispuesto a conquistar las mentes de conocedores e incautos. Bogotá, Medellín, Ibagué, Pereira y Manizales habían acogido a una serie de invitados nacionales y extranjeros con ganas de manchar papeles con sus bolígrafos y conversar sobre lo que más les apasiona: el noveno arte, o sea, el cómic. Pero luego del periplo, era hora del evento central. La troupe extranjera, compuesta por Liniers, Matt Madden, Ernán Ciriani, Clara Lagos, Camila Torre Notari, Marcos Vergara y Renso Gonzales, y que quedó maravillada por el aguardiente y los lulos, se dirigía a Armenia a atacar, junto a su contraparte nacional, el meollo del asunto.

El año pasado el festival había sido pequeño pero con visiones grandes y la pregunta que me asaltaba al llegar a Armenia era si se lograrían hacer realidad los planes que se habían trazado. Desde luego, al notar los eventos en otras ciudades, las cosas estaban cambiando, y para bien. Y lo primero que me sorprendió fue la respuesta del público. En el Museo del Oro Quimbaya había una notable afluencia de personas atendiendo a la exposición Llegando Enteros, con tiras cómicas creadas expresamente para la ocasión por parte de sus invitados. La primera charla a la que asistí, con Liniers al frente, nos mostró a un dibujante que nunca creyó poder ganarse la vida como tal, habiendo elegido primero el derecho y el diseño como carreras para intentarlo, hasta que a fuerza de perseverancia consiguió su meta. Una charla entretenida que en ningún momento se tornó meramente didáctica o académica, sino que acercó a un creador a la gente común y corriente para mostrarlo en su faceta humana. Esa que muchas veces no conocemos por enfrentarnos sólo a la obra y la figura mediática.

A diferencia de otra clase de festivales, en los que el contenido académico se puede volver pesado , Entreviñetas hace caso a los orígenes etimológicos de la palabra. En lugar de reunir a un puñado de experimentados artistas a conversar de sus puntos de vista sobre el oficio, acá asistíamos a una verdadera fiesta. Una excusa para conversar y dejar volar la imaginación. Es cierto, en las charlas se habló de temas realmente importantes y que dejaron tareas para pensar durante todo un año: el uso del cómic para incentivar la lectura, y si está siendo usado apenas como una herramienta-puente para llevar a los niños a la literatura, o si por el contrario el cómic se convierte en una expresión igualmente válida para que exploren; los fanzines y su reivindicación punk del do it yourself, un campo de experimentación en donde todo se vale y del que nacen las propuestas más arriesgadas, que no esperan a ser apoyadas por otros; el ya mencionado asunto de la novela gráfica y cierto sentimiento de molestia hacia el término, pues pareciera ser apenas una creación de las editoriales para alejar ciertas obras de un mundo supuestamente infantil y acercarlas más a la literatura, cuando esto no ha sido necesario ni en el cine ni en otras artes; las propuestas formalistas y experimentales con que nos iluminaba Matt Madden, a la vez tremendamente lúdicas, que demostraban las posibilidades del cómic a través de una simple historia repetida 99 veces en diversas formas y formatos; o las mujeres y sus cómics, a través de la charla Chicks on Comics, en la que se debatió si sus temáticas y sensibilidades eran exclusivamente femeninas. Y claro, cabe destacar además la exposición dedicada a Joni b y Powerpaola, en la que se hizo repaso a su obra, publicada en otros países.

Aquella era la cara que el público asistente veía, aderezada por una mesa de publicaciones en la que cada creador tenía sus obras a la venta, y que se convertía en el mejor escaparate para entender lo que en la tarima se decía entre charla y charla. Si allá se hablaba de diversidad de géneros y creaciones, acá estaba todo convertido en tinta y papel. Tiras de toda clase, color y temática, en tamaños disímiles, pero construidas con una pasión en la que se cree con fervor y de la que no se podía escapar ni ser medianamente ajeno: entre cada debate nos veíamos siempre arrastrados a la mesa para antojarnos de más, y aunque ya hubiéramos visto aquellas viñetas un par de horas antes, teníamos que sucumbir de nuevo al embrujo de algo a lo que normalmente no teníamos acceso, como si hubiéramos entrado en una tienda de dulces, repleta tonalidades con hipnóticas formas.

Era aquí donde la fiesta empezaba de verdad. Cuando el día llegaba a su fin y las reuniones al calor de unos tragos daban comienzo, siempre aparecían hojas y pliegos de papel, bolígrafos e ideas, y se echaba a correr la imaginación. Todos tenían que aportar a un cadáver exquisito en forma de cómic, hablando de Condorito o de los invitados. Incluso este que escribe estas líneas y que nunca aprendió a dibujar más que monigotes de palitos, tuvo que hacer un máximo esfuerzo para no quedarse atrás. ¿Serán tan divertidas las reuniones en los festivales de escritores o directores de cine o pintores? ¿Se reunirán los escritores a contar sus vivencias sobre el festival mientras intercambian notas con otros? La fiesta se sentía en cada viñeta, en el papel coloreado por las figuras, y los sucesos que ocurrían no se conversaban, se dibujaban.

Tres días que dieron para todo y que nos muestran que Entreviñetas se consolida como un festival que aspira a mostrar la cara del cómic que el público no está percibiendo. Un evento cultural de primera como pocos se ven en el país, alejado de refritos. Pero más que eso, un festival que se convierte en una fraternidad que por unos días se mudó a un mundo paralelo en el que el cómic era lo que se respiraba, se comía, se vivía. En el que las viñetas encapsulaban la manera de ver el mundo.

ENTREVIÑETAS SE CONSOLIDA COMO UN FESTIVAL QUE ASPIRA A MOSTRAR LA CARA DEL CÓMIC QUE EL PÚBLICO NORMALMENTE NO PERCIBE. UN EVENTO CULTURAL DE PRIMERA, ALEJADO DE REFRITOS.

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