El abrazo y la reconciliación en “Granada: relato de un perdón”

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El documental “Granada: relato de un perdón" narra la cronología, 18 años después, de la toma del municipio antioqueño por parte de las Farc. Hoy se presentará este filme vía streaming en el Festival Internacional de Cine por los Derechos Humanos a las 2:30 p.m.

El documental lleva de nombre el concepto y la esencia que describe al municipio de Granada, Antioquia, que, a un mes de cumplirse los 20 años del atentado por parte del Bloque 47 de las Farc, celebra la vida y el perdón con el “Salón del Nunca más”. El filme, grabado en 2018 y presentado en 2019, cuenta la historia del reencuentro del cuerpo policial que presenció y luchó contra el ataque de la guerrilla el 6 y 7 de diciembre del 2000. En este espacio participó, entre otras víctimas del suceso, Ruby Agudelo, esposa del Subcomisario Adolfo Blandón, quien falleció en la madrugada del 7 de diciembre.

Mientras los policías y Ruby Agudelo recorren las calles que tienen de base la búsqueda de la paz y la resistencia ante cualquier acto bélico, van conociendo y reconociendo los nuevos locales y las nuevas viviendas. Con cada paso van llegando a su memoria los momentos más críticos de aquella noche eterna. Cada una de las voces enaltece su orgullo de ver cómo este pueblo se ha edificado con el paso del tiempo, y que sin saberlo, reafirman lo que comentó Jesus Abad Colorado para la revista Arcadia: “Beatriz García y Oscar Giraldo se casaron ese mismo día en medio de la tragedia a las 5:00 p.m. Una hora antes se había realizado el sepelio de dos campesinos en la misma iglesia. Los murmullos y lágrimas en el pueblo no paraban. Había gente prendiendo velas de día en el parque como símbolo de resistencia, porque la toma guerrillera no permitió prenderlas en la noche del 7 de diciembre. También cantaban a toda voz las canciones de Mercedes Sosa. Diez meses después, en octubre del 2001 documenté una marcha de más de mil personas con ladrillos al hombro para reconstruir el pueblo. Fui una y otra vez a marchas y sepelios y en el 2005 volví a encontrarme con la pareja del matrimonio y les llevé las fotos de su boda, porque entendí que la vida continuaba y ellos son una prueba de la fuerza del amor por encima de la guerra. Esa es la resistencia".

El abrazo entre alias Karina y Edward Niño que se evidencia en el documental es quizá la imagen icónica y la victoria de quienes hicieron este filme. Lograr un acto de reconciliación entre víctimas y victimarios en tiempos donde la venganza es la bandera que ondea en los cielos es una forma de vencer a los escépticos de la paz, a los que sin pena ni gloria se apropian del perdón que no les corresponde y del dolor que no vivieron.

El Espectador habló con Óscar Durán Ibatá, periodista a cargo de la investigación del documental Granada: relato de un perdón, producido por Armadillo: New Media & Films, en convenio con el semillero de creación CrossmediaLab de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, sobre la realización del filme que hace parte de la séptima edición del Festival Internacional de Cine por los Derechos Humanos y la problematización alrededor de los actos de perdón y de memorias en medio de un tiempo en el que no se han terminado de esclarecer las verdades de la guerra en Colombia.

¿Cómo, en general, se habla de los diferentes escenarios del perdón sin querer universalizarlo?

El documental tiene inscrito dentro de su nombre el concepto del perdón, pero a través del desarrollo de la historia este es un concepto que en la tragedia de Granada se hace de manera individual. Cada quien es dueño de sus propios procesos de perdón. Creemos que lo que se muestra allí es sincero por parte de alias ‘Karina’, por parte del excoronel Edward Niño también es honesto. También es cierto que no todos perdonan de igual manera. Sigue habiendo rencor, rabia, frustración por lo que consideran no debió pasar y la manera cómo después se intentó resarcir un ejercicio que para ellos no ha sido sensato. Recuerdo que en algún momento algunos pobladores del municipio consideraron que las personas que fueron de las FARC a pedir perdón hace tres años no incidieron abierta y profundamente en esa región. Las personas que están detrás del “Salón del nunca más” reconocen que no ha habido un compromiso serio por parte de los victimarios, así como tampoco del Estado por su abandono. Este espacio fue creado por las víctimas de la guerra y ahora en época de pandemia tuvieron que lanzar un S.O.S para que no se cerrara este espacio de memoria que está en el municipio.

El relato de Karina de su paso por las Farc recuerda la idea de banalidad del mal de Hanna Arendt, ¿cómo se puede entender la violencia desde esta idea?

Conocer su relato y entender cómo se dio su ingreso a la guerra subversiva fue comprender el fenómeno que por tantos años ha alimentado la guerra y la violencia que es el abandono del Estado y las pocas oportunidades para las personas que nacen y conviven en situaciones extremas y de poca participación del gobierno. Son regiones pobres, que no tienen acceso a la salud, educación, cultura. Que por el contrario han sido testigos de la desidia y de la poca capacidad de impacto de la presencia del Estado. Muchos de los jóvenes que se involucraron en la guerra no lo hicieron bajo una convicción política o un convencimiento teórico, sino como un ejercicio de descarte. Y como esta historia esa ha sido un poco la constante. Para hacer parte de las fuerzas armadas, legales o ilegales, siempre es un proceso de descarte. No hay quien ofrezca empleo o extienda una mano, y en esos casos las personas que hacen parte de la guerra terminan inclinándose por esta opción que les abre las puertas. Queda la sensación de que si no es la Policía o el Ejército optan por enrolarse en un grupo criminal porque es el único espacio donde puede obtenerse alguna especie de beneficio económico, de sustento.

¿Hay antecedentes del encuentro entre Karina y el comandante Edward niño, o fue por medio del documental que se dio este acto de perdón?

Este es un proyecto que fue financiado e ideado por una unidad creada a partir del Acuerdo con las Farc en La Habana en la Policía Nacional que se llama UNIPEP. Ellos y el grupo de memoria histórica en cabeza del coronel Pantoja lideraron un proceso de reconstrucción de memorias de lo que han sido los antecedentes de la violencia y del conflicto armado. En este caso lo que se hace es que se cuenta neutralmente y sin ningún tipo de sesgo cuál es la visión y la versión de lo que ha sido la guerra en el país en cabeza de la Policía. Lo que hicimos fue crear un equipo interdisciplinario entre investigadores, productores audiovisuales de Armadillo: New Media & Films para la realización del documental. Yo doy fe de que ninguna manera se condicionó el discurso o se intentó orientar lo que debía hacerse. Ellos financian el proyecto, pero nosotros como académicos e investigadores tuvimos libertad y autonomía de revelar lo que se mostró en el filme. No hubo ningún caso en términos mediáticos que haya logrado sentar después de la firma a una víctima y un victimario. Este documental es un poco pionero en este ejercicio.

¿El perdón pierde genuidad cuando está asociado a un discurso político?

El perdón es un proceso individual. Llegar a considerar que este llegue a perder genuidad cuando está asociado a un discurso político depende en gran parte de quien reciba el perdón. La señora Gloria, que es una de las que sale como víctima del conflicto y que hace parte de la organización social que administra el “Salón del nunca más” tiene una frase allí que dice “no es que vengan a pedirnos perdón, sino cuánto estamos nosotros en disposición y condiciones de perdonar”. Muchas veces hay alguna especie de espectadores o de tribuna que reclaman o consideran cómo debe o no debe ser el perdón, actuando como un faro de la moral, o como dueños de este concepto para establecer cuando este acto es sincero o hace parte de una estrategia política. En el caso de lo que se ve dentro del documental todos los actos fueron genuinos y honestos de reconciliación entre miembros de la Policía y una de las líderes de las FARC que más sangre y dolor sembró en el país. De igual manera, vimos un proceso de reconciliación entre la comunidad de Granada y la Policía. Las fotografías, los objetos de las personas que murieron o desaparecieron después de la toma y que están en el salón hacen parte de ese símbolo de memoria. Recuerdo que en uno de esos espacios está el chasis del carrobomba de los 400 kilos que detonó la guerrilla al mando de alias Karina. En este documental logramos un ejercicio de reconciliación en tanto que el salón le abrió las puertas a las fotografías de los policías que fallecieron en la toma del 6 y 7 de diciembre del año 2000. Eso no había pasado. Este espacio era muy exclusivo de los civiles, de los habitantes del municipio, y a partir del documental se abrió esa oportunidad para incluir las imágenes de los policías y así contar con la posibilidad de ser recordados.

En un mes se estará cumpliendo el aniversario número 20 del atentado, ¿cómo la población sigue narrando y recordando este suceso?

Hace dos meses Granada puso el grito en el cielo porque sus paredes se estaban cayendo. El salón había dejado de recibir atención y financiación de los gobiernos local y regional. Si se pierde la memoria se pierde todo en un municipio tan golpeado por la guerra. La población sigue esperando otra vez la presencia del Estado. Sé también que ese acto de reconciliación de hace dos años largos no fue suficiente por lo que no fueron los que habían sembrado el terror en el territorio sino que fueron otros en representación. Iniciativas como estas son necesarias. Todavía hay muchas verdades que son importantes contar, que a veces duelen y cuesta mucho entender y digerir por parte de quienes administran las ideas en este país. Alcanzar un cese de hostigamientos y de operativos de lado y lado permite que en lugar de matarnos podamos sentarnos a charlar e indagar por qué ocurrieron estas cosas, y a partir de allí intentar sanar la herida y bueno, eso es lo que dice la teoría, pero no es lo que estamos viendo, desafortunadamente.

¿Cómo evitar la revictimización en un relato de memoria?

La revictimización se hace en la medida en que no se exhiba el dolor. Nuestra intención nunca fue a partir del diálogo de los protagonistas pensar o centrarnos en qué sintió durante ese día o qué tan fuerte fue el sufrimiento. Fue un ejercicio honesto de escuchar. A veces el periodista peca por pensar en su trabajo, o en el contenido audiovisual y deja a un lado la condición humana que implica poner el oído y la escucha a una persona que experimentó un dolor profundo. Nunca el proceso fue incisivo, de la cámara metida ante sus ojos intentado ser intimidante. La entrevista más retadora, y no podría uno revictimizarla, pero sí entenderla, fue la de Karina. Fue un diálogo muy humano, que fluyó y permitió extraer buenos testimonios de lo que fue su experiencia en la guerra, de lo que fue la toma y de lo que aspiraba sobre los procesos de reconciliación.

¿Cómo la fotografía y el cine documental nos aproxima a una idea sobre la verdad o verdades de un hecho histórico?

El producto audiovisual es una buena manera de acercarse a estos relatos. Desafortunadamente los medios de comunicación en general han caído en el juego de la polarización, y hoy hay medios oficialistas y medios que responden a intereses políticos. A veces estos ejercicios de documental van por una línea más neutral, pues no están afiliados a un partido político o a un medio de comunicación tradicional, al contrario, intentan acercarse lo que más se pueda de una versión descontaminada y genuina de lo que ocurrió. El hecho de que las universidades y los docentes participemos de estos procesos le imparte un poco de tranquilidad a quienes participaron en la guerra para poder hablar con las víctimas de Granada, la Policía Nacional y Karina, en este caso. Siempre el acercamiento se hizo desde el ángulo de la Jorge Tadeo Lozano y esto facilitó establecer la confianza con cada uno de ellos. Los protagonistas sabían que la versión de su historia no iba a ser tergiversada por los periodistas a cargo. Los proyectos que son apoyados por el claustro educativo permiten que el relato de quien habla esté blindado.

Los medios de comunicación en Colombia cumplieron un rol en lo que fue la construcción de la narrativa de la violencia y del conflicto armado. Estos tienen la responsabilidad por omisión o por simple falta de rigurosidad en el discurso de la violencia. Creo que la mejor forma de poder acercarnos a la verdad es el lenguaje audiovisual y el lenguaje documental en el que quedan registradas las diferentes versiones, así podemos entender por medio de este un poco de nuestra historia y de cómo somos como sociedad.

El periodismo mismo se ha encargado de crear una imagen negativa, la cual ha causado que los diferentes grupos armados no permitan el acercamiento de quienes quieren contar su historia. Desafortunadamente lo que también hemos visto a partir de esta experiencia es que muchos de quienes ostentan todavía el poder de las armas y de la clandestinidad no están viendo con buenos ojos a quienes nos acercamos a los territorios con una cámara. Muchos de los líderes sociales que quieren construir memoria y salvaguardar los hechos han sido amenazados y otros asesinados. Conozco dos productores audiovisuales que mataron a principio de este año, y esto demuestra que todavía el país sigue en medio de las balas.

¿Qué fue lo más difícil del encuentro con las víctimas?

Cuando exhibimos el documental el año pasado en Fragmentos hubo críticas de algún sector de la población que consideró que la Policía fue de alguna manera victimario de la población. Hace poco se celebraron 20 años de una toma paramilitar en Granada. Muchos lo explican, pero no tengo evidencia de ello, de la complicidad o apatía de la Policía con respecto a este suceso que dejó un poco más de 17 víctimas. El informe de Basta Ya, del Centro Nacional de Memoria Histórica, considera que esta toma es la razón por la que las FARC dos meses después atacaron el municipio. Hablando con Karina -primero por un tema de justicia y paz, por unos delitos que ya había aceptado, niega su participación en el documental, pero hay unos testimonios que la contradicen en el documental. Al final termina contando ciertas cosas que dejan la sensación de que sí participó. Los sobrevivientes dan fe de haber escuchado su voz y de guerrilleros que celebraban su presencia en el lugar. Cuando cae en su error de que se estaba contradiciendo aceptó que fue un tema de línea de mando, de la orden que le dieron sus superiores-, no deja entrever que la toma haya sido la respuesta a la incursión de los paramilitares. Lo más difícil es levantar las piezas y ver lo que ocurrió. Nuestro trabajo no tiene la intención de calificar de buenos y malos, o de héroes y villanos. Por el contrario, la intención es mostrar las versiones y opiniones que hay alrededor de un hecho. Y eso es muy complejo. El trabajo periodístico no busca actuar de juez. En estos temas de verdad, y en medio de la polarización, y de la politización del proceso de paz, cuesta mucho que la gente reconozca en el otro alguna condición humana.

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