Epístolas de amor de Frida Kahlo a su amante, subastadas por 137.000 dólares

Un coleccionista anónimo adquiere las 25 ardientes cartas que la artista mexicana envió a su pasión secreta. Las misivas descubren claves inéditas
de la mítica pintora, revela El País de España.

 Un supuesto coleccionista de arte, cuya identidad permanece en el anonimato, pagó 137.000 dólares a la casa de subastas Doyle de Nueva York, por 25 cartas manuscritas que la célebre pintora mexicana Frida Kahlo envió a su amante español Josep Bartolí, un republicano que sobrevivió a las garras del nazismo. En ellas, la artista transmite su amor volcánico y su pasión intensa por ese hombre, pero también deja notar la sensación de soledad que la caracterizó a lo largo de su vida.
Las cartas fueron guardadas amorosamente por Bartolí dentro de sus sobres, junto con los pequeños objetos y fotos que jalonaron tres años de relación (1946-1949). Las respuestas del republicano español no han sido halladas y se especula que la pintora las habría destruido.

Se trata de 100 páginas de un archivo inédito que muestra en toda su dimensión el profundo amor, casi adolescente, que la artista mexicana, un icono transgresor y feminista, sintió por Bartolí, quien tras escapar de un destino incierto en el campo de concentración de Dachau, comenzó un largo periplo por África y México, para recalar en Nueva York, donde sobrevivió como pintor y dibujante.

"Te escribiré horas y horas, aprenderé historias para contarte, inventaré nuevas palabras para decirte en todas: te quiero como a nadie", dice una de las misivas que la artista firmaba con el seudónimo de Mara (posible diminutivo del apelativo cariñoso Maravillosa) y las enviaba a la casa de Brooklyn de Bertram Wolfe, biógrafo de Rivera y cuya esposa era su confidente y amiga. Como medida de seguridad, Kahlo le pidió a su amado que firmase como Sonja. La estratagema iba destinada a evitar los celos de su segundo esposo, el muralista mexicano Diego Rivera, sólo tolerante con las aventuras lésbicas de Frida.

Quiso el destino que en un hospital de la metrópolis estadounidense, en junio de 1946, Bartolí conociera a la inagotable pintora mexicana, de la mano de Cristina, la hermana menor de Kahlo.

Otra carta consigna insinuaciones íntimas de Khalo hacia su amante: "¿De qué color quieres que me hagan una enagua para cuándo tú regreses?".

Al conocer a su nuevo amor Kahlo tenía 39 años y disfrutaba de un punto alto en su vida, quizá como recompensa a las enormes dificultades sufridas en su juventud. De niña, una poliomielitis le dejó la pierna derecha más delgada que la izquierda. El sino trágico la hizo presa de nuevo a los 18 años, cuando en un accidente de autobús su columna vertebral se rompió y un hierro le atravesó la vagina. Fue en este entorno de dolor que surgió un idilio sin límites entre Bartolí y Kahlo, que acudía al centro médico neoyorquino para unas de sus habituales operaciones (sufrió 32 a los largo de su vida).

"Como no puedo ir a todos los lugares que tú vas, yo te espero a diario en el sillón o en la cama. Guárdame siempre en tu corazón, que yo no te olvido nunca", dice otro de los mensajes escrito con ímpetu de adolescente. En otra misiva, llega a soñar, tras un retraso en el periodo, en un posible embarazo ("¿podrías imaginarte un pequeño Bartolí o una Marita"). Todo ello combinado con ataques de realismo que la hacen reírse de sí misma: "Ya mi otra carta será menos idiota, te lo prometo".
La artista, con una pierna amputada e incontables intentos de suicidio, murió el 13 de julio de 1954, a los 47 años.

Vea artícilo completo: Frida Kahlo a su amante español: “Por ti he vuelto a pintar, a vivir, a soñar”

 

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