Por capítulos

Este viernes es la presentación del libro “Hugo Chávez, caudillo”

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La transmisión será a las 7p.m. por el Facebook de la editorial Ediciones del Lirio. Presentamos un capítulo del libro.

Hugo Chávez fue una figura carismática que utilizó las instituciones del orden democrático para apoderarse de ellas, pervertirlas y, finalmente, destruirlas. Se convirtió en la figura política más importante de la última década del siglo XX y la primera del XXI. Su liderazgo autoritario modificó el curso del país, sentando las bases sobre las que, más tarde, se montó Nicolás Maduro para continuar las labores de demolición del sistema de libertades. A lo largo de estas páginas he presentado una historia condensada de los episodios culminantes de su trayectoria: su aparición en el escenario nacional, su ascenso y caída temporal, las coyunturas en las cuales se tambaleó por la enorme resistencia y tenacidad de los ciudadanos, para luego recuperarse y consolidarse en el poder, hasta finalmente caer fulminado por el cáncer que lo minó. Su relación con la mayoría del país casi siempre fue tensa. Luego de un breve coqueteo con el caudillo, gran parte de las clases medias jamás volvieron a dejarse seducir. Su vocación hegemónica y estilo egocéntrico, las alejó. Se le condenó por sus propensiones dictatoriales, su concepción neocomunista y su abismal incompetencia para gobernar el país. Bajo su dirección, Venezuela desaprovechó el gigantesco volumen de recursos que ingresó a la Hacienda pública durante el período de alza de los precios del petróleo, en la primera década del presente siglo. Esa riqueza sirvió para exaltar su figura en el plano internacional y proyectar su alocado plan socialista, pero no para sentar las bases del desarrollo sustentable e integral de la nación. Al final, dejó un país arruinado en el plano económico, con una democracia acorralada, en plena decadencia, y una sociedad fracturada por el odio y el resentimiento.

Aunque el populismo es muy diverso, conviene preguntarse hasta dónde Hugo Chávez entra en esta categoría. El modelo dejado en herencia por el comandante no calza en ningún esquema político conocido. El autócrata no representa al populista convencional. No puede ubicársele como una derivación del peronismo argentino.

A pesar de los aspectos similares que ambas corrientes muestran, existe un abismo entre el peronismo y el chavismo. Populismos como el de Perón en Argentina, el de Rafael Correa en Ecuador o el de Evo Morales en Bolivia, conservaron un espacio democrático mucho mayor que el permitido por el caudillo venezolano en su paso por el Gobierno. Las rendijas dejadas por esos gobernantes permitieron la alternancia en el poder. El esquema chavista, no. El caudillo venezolano armó una dictadura. Su autocracia se parece más al impenetrable diseño piramidal impuesto por Fidel Castro en Cuba, aunque nunca llegó a poseer un dominio absoluto de la nación como sí lo alcanzó el déspota antillano.

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Muchas fueron las iniciativas adoptadas por Chávez para construir el Estado autoritario y la sociedad sometida. Algunas de ellas típicas de los modelos de su clase: el dominio del Poder Judicial, la destrucción de las organizaciones autónomas de la sociedad civil, entre ellas los partidos opositores, la hegemonía comunicacional y el dominio cultural. Sin embargo, la clave de su sistema reside en el cambio de la doctrina militar y en la transformación radical de los valores tradicionales de las Fuerzas Armadas mediante su politización, ideologización y complicidad con el entramado del enriquecimiento ilícito y la corrupción. En este ámbito siguió las enseñanzas de Fidel Castro, quien aniquiló al corrompido ejército cubano, sustituyéndolo por una poderosa maquinaria totalmente subordinada a sus intereses. Algo parecido hicieron décadas más tarde los clérigos iraníes, luego de la revolución islámica, con las Fuerzas Armadas persas; aunque la vía adoptada fue la fanatización religiosa de ese órgano, que debería ser laico.

En Venezuela, el proceso fue diferente al seguido por Cuba e Irán. La democracia contaba con unas Fuerzas Armadas institucionales, republicanas. Chávez se apoderó de ellas. Las prostituyó hasta llevarlas al nivel de postración en el que encuentran en la actualidad. Ahora son una caricatura del pasado. Representan la prolongación armada de un régimen perforado por la descomposición. En el contubernio entre Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV)y los militares, reside la razón fundamental por la cual la casta gobernante se encuentra atornillada al poder. Allí se explica por qué el cambio político a través del diálogo y los acuerdos negociados resulta tan improbable, a pesar del estado de ruina en el que se encuentra Venezuela y del aislamiento y presión internacional que se ha ejercido sobre esa claque. Los oficiales se convirtieron en cómplices de un régimen decadente. El envilecimiento de las Fuerzas Armadas es, tal vez, el mayor daño causado por Chávez a la democracia y su aporte más notable a la teoría y la práctica del populismo revolucionario, de acuerdo con la noción —que yo comparto— propuesta por Andrés Benavante y Julio Alberto Cirino en el libro La democracia defraudada.

La democracia en el plano mundial vivió un período de esplendor tras la caída del Muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética. Ese ciclo se prolongó por alrededor de quince años, entre 1990 y 2005. Tras esa etapa, el sistema de libertades comenzó a perder terreno en sociedades que se habían librado del comunismo en Europa central y del este. En la actualidad, ejemplifican ese retroceso la Hungría de Viktor Orbán y la Polonia de Andrzej Duda. En esas dos naciones se han establecido regímenes populistas de derecha que desprecian la autonomía de los poderes públicos, la libertad de prensa y los valores democráticos. Algo similar ocurre un poco más hacia oriente, en Turquía, Eurasia, donde el gobierno de Recep Tay yip Erdogán ha conculcado numerosas libertades e involucionado, en alianza con los clérigos musulmanes, hacia un esquema teocrático parecido al de países musulmanes más ortodoxos, en directa oposición al proyecto laico implantado a comienzos del siglo XX por Kemal Atatürk, fundador de la República en Turquía.

En América Latina también se erosionó la democracia con los gobiernos de Daniel Ortega en Nicaragua, Rafael Correa en Ecuador y la dupla de los esposos Kirchner en Argentina, todos firmes aliados de Hugo Chávez.

Los sistemas autoritarios de izquierda más antiguos —Rusia, China y Corea de Norte— no han dado muestras de tolerar cambios que abran la sociedad hacia formas más incluyentes, en las cuales se acepten la disidencia, la diversidad de organizaciones y opciones o políticas, la alternancia en el poder a través de la convocatoria a elecciones libres, y derechos esenciales como la libertad de pensamiento, expresión e información. En Rusia, después de la breve primavera vivida tras el colapso de la Unión Soviética, Vladimir Putin impuso un patrón vertical que excluye sin atenuantes a sus adversarios.

El ocaso de la democracia en buena parte del planeta ha sido analizado en un extenso grupo de obras, algunas las menciono en la bibliografía. Del tema también se ocupan instituciones internacionales que comparan diferentes naciones y regímenes políticos. Reporteros sin Fronteras, Freedom House y la Unidad de Inteligencia de The Economist (EIU, por sus siglas en inglés) son algunas de las más importantes. Freedom House elabora cada año el Índice de Democracia. En su más reciente informe, Libertad en el mundo 2019, se presenta un panorama muy desalentador de la situación global de la democracia. Venezuela aparece con una puntuación muy baja. En el mismo sentido es descrito el panorama mundial en el Índice de Democracia (Democracy Index) confeccionado por la Unidad de Inteligencia de The Economist. Con esta medida, los investigadores de la prestigiosa publicación tratan de establecer el estado de la democracia en 167 países del mundo. En el más reciente informe, 2019, se señala que 50% de los países viven bajo alguna forma de democracia, pero solo 5.7% tienen democracia total. Entre 2008 y 2010, cuando Chávez se encuentra en la cima del poder, trece países cambiaron su estatus con respecto al modelo político. De ellos, once retrocedieron en sus condiciones democráticas. Venezuela fue uno de esos. En la actualidad, el régimen venezolano es considerado autoritario por la Unidad de Inteligencia.

Hugo Chávez fue un precursor de la operación encaminada a acorralar y extinguir las libertades, cuando ya había sido superada la Guerra Fría y parecía que la democracia liberal se extendería por el orbe. En su caso, ese asedio no estuvo acompañado por la aplicación de reformas económicas de mercado, tal como ocurrió en China y, más tarde, en Vietnam, Laos y Camboya, países comunistas donde se introducen cambios económicos modernizantes, aunque reservando el modelo político fundado en el partido único centralizado, sin rastros de democracia. Para referirse a este fenómeno, la Unidad de Inteligencia de The Economist habla de grandes ingresos, pocos derechos. Con Chávez, al contrario, la economía relativamente abierta que existe hasta 1999, comienza a cerrarse, a tornarse cada vez más controlada, planificada y estatizada. Desde esa perspectiva, Chávez representa un anacronismo, incluso entre los regímenes autoritarios de izquierda. La mayoría de estos fueron adoptando gradualmente el modelo chino: dictadura política con economía de mercado. Este sistema, por cierto, ya no lo siguen solo los gobiernos izquierdistas, sino los dictadores y autócratas, en general. Chávez configura un caso atípico: combina la destrucción de la democracia con la ruina de la economía, algo que solo Fidel Castro había logrado con la próspera economía cubana de finales de los años cincuenta del siglo XX. Maestro y alumno vuelven a fundirse.

La dolorosa experiencia venezolana debe servir de ejemplo y alerta a las generaciones por venir y a los países de América Latina y el mundo. La democracia jamás está a salvo de personajes providenciales y de líderes autoritarios movidos por el interés de eternizarse en el poder. Para alcanzar esa meta, socavan y someten a todas las instituciones del Estado y la sociedad.

La democracia hay que vigilarla, protegerla y cultivarla de forma permanente. La tragedia venezolana no debería volver a ocurrir jamás en el continente, ni en el planeta.

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Ediciones del Lirio presentará el libro electrónico Hugo Chávez, caudillo. Cómo el populismo destruyó la democracia venezolana del sociólogo venezolano Trino Márquez.

La presentación estará liderada por Alfonso Molina, periodista venezolano radicado en Bogotá y director del sitio web Ideas de Babel en Caracas; la historiadora venezolana Inés Mercedes Quintero Montiel; Miguel Ángel Flórez Góngora, periodista e investigador colombiano; Gerver Torres, economista y consultor del Banco Mundial; y el autor, que escribió el libro durante el confinamiento por la Covid-19.

La transmisión se realizará por el Facebook de Ediciones del Lirio y de Trasnocho Cultural.

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