“Estoy en un estado de perplejidad”

El reciente ganador del premio Rómulo Gallegos por su novela “Tríptico de la infamia” dice que tiene en mente escribir una historia sobre sus años en Tunja, cuando estudiaba música.

Pablo Montoya se encontraba en la ciudad de La Plata cuando recibió la noticia de que había ganado el Rómulo Gallegos. /Archivo particular
Autores como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y William Ospina han ganado este premio en ediciones anteriores. ¿Qué significa para usted ganar el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos por su “Tríptico de la infamia”?
 
Estoy en un estado de perplejidad y de felicidad. Se siente un poco de susto, de miedo por lo que se viene encima, por la visibilidad que mi nombre y mi obra están adquiriendo, e igualmente me siento muy honrado, muy orgulloso de estar ahí entre los ganadores de ese premio. Agradezco mucho al jurado del Premio Rómulo Gallegos que se haya detenido ahí y haya considerado que merecía este reconocimiento.
 
¿Qué se encontraba haciendo cuando se enteró de la noticia?
 
Ahora estoy en La Plata, Argentina, como profesor invitado a un conversatorio. Me disponía a irme a la universidad y me llegó la noticia. Me escribió mi editor, Gabriel Iriarte, de Random House, a decirme que había ganado el premio; entonces se me movió el piso, como se dice. Desde entonces no he podido salir del hotel, porque he estado recibiendo llamadas y respondiendo mensajes. No pude asistir al congreso.
 
Entre los finalistas se encontraban tres colombianos más: Piedad Bonnett, con su obra “Lo que no tiene nombre”; Héctor Abad Faciolince, con “La Oculta”, y el fallecido Óscar Collazos con “Tierra quemada”. ¿Qué se siente dar un paso adelante?
 
Considero que soy un escritor maduro, con varios libros publicados. Tengo una obra más o menos construida, por ende siento que, a pesar de mi invisibilidad, he estado en el medio de la literatura colombiana. Sé que estaba compitiendo con figuras más reconocidas, como lo fue el escritor Óscar Collazos, pero debo admitir que no conozco las novelas de quienes estaban compitiendo. Todo sucedió en una total incertidumbre.
 
Pero en 2004 realizó algunas entrevistas a escritores antioqueños para un programa de televisión de la Universidad de Antioquia y en ese proceso leyó algunas obras de quienes hoy estaban como finalistas. ¿Qué opina sobre sus obras?
 
Son escritores profesionales, son escritores que han impactado fuertemente en el ámbito literario desde sus obras. Personalmente El olvido que seremos, de Héctor Abad, y creo que Lo que no tiene nombre, de Piedad Bonnett, son libros muy conmovedores que han despertado la simpatía de los lectores. Son los escritores que a toda hora están presentes, son columnistas, son muy visibles, digámoslo así, y representan de alguna manera el statu quo del escritor colombiano en la actualidad.
 
¿Cuál cree que fue el secreto para que su obra fuese premiada?
 
No sé todavía por qué premiaron mi novela, pero sospecho que apoyaron y aprobaron su originalidad, el tema del que trata, esa unión entre la pintura, la literatura y la poesía que la refresca. Eso por un lado. Por el otro, aprobaron la apuesta estilística, que en mi caso está fundada en la poesía, en lo poético, y también creo que les interesó mucho y valoraron el trabajo de investigación, el trabajo que hay. Es una novela que significó estudiar, viajar mucho, y creo que la manera como se articuló toda esta información en la narración llamó la atención del jurado.
 
“Tríptico de la infamia” trata sobre los infortunios y las encrucijadas que tuvieron que pasar tres pintores en la Europa del siglo XVI. ¿Qué encrucijadas pasó usted al escribir la novela?
 
En realidad, a esos pintores los había ubicado desde hacía mucho tiempo. Estaba tras su rastro desde hacía años, entonces, cuando uno tiene tanta información recogida, uno de los retos que se presenta es qué poner, finalmente, en el texto literario, qué terreno dejar a la invención y qué terreno dejar a la información histórica. Esos son algunos de los escollos por los que uno pasa y que en mi caso tuve que resolver, porque claramente no podía dejar que mi texto fuese invadido por la erudición y la información mamotrética que te ofrece la historia del pasado.
 
¿Realizó varias versiones de esta obra?
 
No, este libro fue bien pensado, muy bien estudiado. Cuando me senté a escribir, en 2012, hice la primera versión en cuatro meses, luego la amplié y después vino el proceso de quitar y agregar algunos detalles, pero en general el libro no fue modificado desde la primera versión.
 
De los tres pintores que son protagonistas de su obra, Jacques Lemoine, François Dubois y Théodore de Bry, ¿con cuál se identifica?
 
Con François Dubois, que nació en Francia, que vivió las persecuciones religiosas y de quien se sabe muy poco. Entonces, lo que hice para representar al personaje fue introducirme en él, o sea, me vi como un pasado, una historia, una familia que tiene que ver mucho conmigo. Es un pintor que tiene en clave un montón de características de mi propia vida.
 
A propósito de su paso por la Escuela Superior de Música de Tunja y de leer tanto sobre ella, ¿qué música escucha?
 
Ahora estoy inclinado por la música renacentista, la música barroca. En algún momento escuché jazz, música cubana, música clásica. Han sido etapas.
 
Y ese gusto está muy reflejado en sus obras…
 
Sí, por un lado está la preocupación por el estilo, la musicalidad o la sonoridad de la frase, porque todos los escritores tenemos un ritmo muy particular cuando escribimos y, en mi caso, me preocupa mucho más, por eso leo y releo y creo que tengo en la mente ciertas musicalidades de ciertas obras y melodías que he escuchado, y en ese sentido hay una influencia de la música. Lo otro es que algunos de mis libros se ocupan de músicos, de realidades musicales, entonces la música está presente tanto en la escritura como en el tema que se recrea.
 
Y así como lee y escribe sobre música, ¿qué no le gusta leer?
 
Los libros de autoayuda, no me conectan en absoluto. Tampoco me gustan las historias de paraliteratura y narcoliteratura, y no es que no me interesen, sino que cuando las abordo termino muy decepcionado y las abandono rápidamente.
 
Entonces, tampoco ve televisión...
 
No, no me gusta verla. De hecho, las noticias las sigo por internet, porque la publicidad me abruma.
 
¿Y le gustaría llevar a la pantalla grande alguna de sus novelas?
 
No lo había pensado, pero creo que sería un gran reto para el guionista, porque algunas novelas son muy singulares. De pronto algunos de los cuentos de Medellín, como los que están en mi obra Réquiem por un fantasma.
 
¿Qué viene después de este reconocimiento? ¿Hay alguna obra que esté en proceso de publicar?
 
Creo que enfrentar este aguacero que se viene encima. Por otro lado, hay otros proyectos que están ligados a la música, a la escritura. Escribir relatos sobre músicos o una novela sobre mi período de estudiante de música en Tunja, en la que me parece que hay relatos y circunstancias muy atractivas.
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