La eterna polémica del Salón de la Fama del Rock and Roll

El Salón de la Fama del Rock and Roll reconoce a Lou Reed y Green Day, entre otros, como las nuevas inclusiones al museo estadounidense. Ocho nuevas inclusiones en total que, sin embargo, dejan de lado muchos nombres de alto vuelo.

Lou Reed y Green Day. /AFP

Las nominaciones y elecciones del Salón de la Fama del Rock and Roll siempre serán asuntos plagados de cierta polémica, justa e injusta, pero tan necesaria como importante. Claro, lo que sucede con este museo en Cleveland (EE.UU.) no es muy diferente de lo que también experimentan galardones como los Emmy, los Óscar, los Nobel o cualquier distinción que se entrega en nombre de unos, pero desechando a otros, tantos otros.

Pero el Salón de la Fama se ha caracterizado por quizá tener uno de los registros de desagrado público más grande del amplio universo de los premios y reconocimientos y esto puede explicarse, tal vez, porque la materia sobre la cual decide es tan volátil como íntima: agrupaciones y artistas de un género profundamente popular y que despierta pasiones en millones de personas.

Este año, las distinciones fueron para Ringo Starr, The '5' Royales, The Paul Butterfield Blues Band, Joan Jett & the Blackhearts, Stevie Ray Vaughan & Double Trouble, Bill Withers, Lou Reed y Green Day.

Ocho elegidos de una lista de 15 nominados que fueron anunciados en octubre. En su momento, los candidatos incluyeron nombres como Nine Inch Nails, The Smiths, Sting (quien ya ingresó en el museo por cuenta de The Police) y Kraftwerk, entre otros.

Si hay algo que molesta de las acciones del Salón de la Fama es un tufillo a oportunismo e incluso a cierta condescendencia que poco o nada tiene que ver con el mérito artístico. En redes sociales circulaba un comentario que decía: "Claro, como se murió Lou Reed entonces ahora sí mejor honrar al muerto que al artista vivo"; cabe aclarar que Reed ya se encontraba en el museo por cuenta de The Velvet Underground, la banda con la que hizo un nombre, que terminó por cimentar después por su cuenta en una carrera en solitario tan amplia y grandiosa como en su antigua banda.

Y por ese callejón, el de las consideraciones de mercadeo, también entra Green Day, una banda de punk (con el perdón de quienes apenas la ven como un accidente en el horizonte del género) que, claro, tuvo su propio musical y ha vendido millones de discos, pero que quizá no es el material más contundente a la hora de reconocer la labor del punk.

Todo esto es muy discutible, por cierto, pero los hechos son los hechos: el Salón de la Fama tiene el potencial de revitalizar las ventas de casi cualquier artista. Por ejemplo, los Bee Gees pasaron de largo más de 10 veces en su entrada al museo de Cleveland y cuando lo hicieron sus álbumes comenzaron a venderse a un ritmo cinco veces mayor que el usual.

Los nominados al Salón de la Fama del Rock and Roll, los 15 nombres, son seleccionados por cerca de 40 personas, apenas 40 personas. Este año, la votación se realizó entre 700 personas vinculadas a la industria musical, entre artistas, productores, ejecutivos y anteriores ganadores de la distinción; también hubo un lugar para la votación del público (quienes compran los discos, al fin y al cabo). El comité que selecciona los Premios Nobel, por ejemplo, se compone de algo más de 20 miembros, casi todos suecos y por lo general bordeando los 60 años.

La ceremonia de inducción al Salón de la Fama, la número 30 en la historia de una institución que abrió sus puertas con Elvis Presley y Chuck Berry, se realizará el 18 de abril, día en el que brillarán por su ausencia nombres como Iron Maiden, Judas Priest o Megadeth, sólo por mencionar algunas de las bandas más taquilleras y populares, aunque quizá no las más comerciales. Una diferencia que, tal vez, el Salón de la Fama no esté dispuesto a ver.

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