¿Existe una evolución en el rock colombiano?

Breve repaso por la historia del rock colombiano y algunos de sus principales referentes, desde los años 60 hasta la última versión de Rock al Parque.

Génesis, una de las bandas más trascendentes de los años 60 y 70 en la escena del rock colombiano. Cortesía

Después del pasado Festival de Rock al Parque que llegó a su edición 25 en el pasado mes de junio y se cataloga como el más importante en Latinoamérica, vale la pena reflexionar sobre la evolución del rock colombiano, desde que el rock and roll hiciera su aparición en la escena a principios de los 50, luego de beber en diferentes fuentes como el rhythm & blues, el country, el  folk, el jazz, consolidándose en USA y en el Reino Unido, y expandiéndose también por Latinoamérica, un género que hace varias décadas perdió su carácter local para convertirse en uno de los fenómenos universales más importantes de la historia de la música, con esos sonidos extraños y estridentes que en los años 60s acompañaron a la juventud rebelde y contestataria que hizo del género su expresión más sincera y auténtica. 

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Hacia 1964 se iniciarían las primeras grabaciones discográficas, que eran en su mayoría “covers”, con bandas como “Los Pelukas”,  “Los Daro boys”(Bogotá), “Los Tornados”, “Los Ampex”, “Los Streaks” (Barranquilla), “Los Teen agers”,que se dedicaban a copiar y traducir temas de bandas británicas y americanas (The Beatles, The Animals, The Trashmen o Los Rolling Stones, etc.), mientras se cambiaban las costumbres de la época con su ritmo a Go-Go  al estilo de “Los Dinámicos” de Venezuela.  Pero, como es natural, las propuestas originales empezaron a llegar con bandas como “The Speakers" (La casa del sol naciente),  “Los Flippers” (Mi parque), o “Génesis” (El paso de los andes), con su fusión de elementos del folk rock con aires folclóricos colombianos de la zona andina, “La Columna de Fuego” (Cumbia, La Joricamba), una banda que incursionaba con ritmos latinos del Caribe y Pacífico. 

Pero el panorama se abre más en la década del 70, una época de furor del movimiento hippie y de los festivales al aire libre. No sólo el Festival de la Vida en el Parque Nacional o los conciertos en Lijacá atraían a los jóvenes sino también cerca a Medellín, el Festival de Ancón (1971), al que asistieron más de 70.000 personas. Aquí encontramos bandas como “Malanga”, con Augusto Martelo y Chucho Merchán, y otras bandas que nutrieron la escena rockera desde los años 60: “Los Playboys”, “Los 2+2”, “Terrón de Sueños”, “Fuente de Soda”, “Hope” y “La Planta”, con ese estilo de Santana que tuvo mucha resonancia.  La calidad de la interpretación es excelente, al igual que las líricas. Una banda como “Crash”, con Ernesto (Erni) Becerra, tiene muy buenos cantantes. 

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Ya en los 80 hay que destacar la figura de Chucho Merchán, un músico (guitarrista, bajista, compositor, arreglista) que por sus propios medios se va a estudiar en Cambridge, siendo alumno de John Marshall (innovador en el rock británico con fusión de jazz), que llegó a acumular una experiencia envidiable. En el reconocidísimo bar Ronnie Scott’s Jazz Club del rock, alterna con las mejores músicos del rock británico. Con integrantes de “The Who” o la banda de Thomas Dolby, pionero de la corriente New Wave (Flat Earth), y organizaba conciertos en Londres en pro de causas sociales como la erupción del volcán Nevado del Ruíz, en el que participaron David Gilmour, de “Pink Floyd”, Annie Lennox, de “Eurythmics”, el mismo Pete Townshend, de “The Who”, Mike Oldfield y otros artistas, siendo también muy cercano a George Harrison.  Sobre su música, desde el inicio refleja una creatividad y madurez increíbles, partiendo de su primer álbum, Malanga, “Sonata N. 7 a la revolución” (1973). Tocaría con bandas como “The Pretenders” (1986), dirigió la Orquesta Filarmónica de Londres para grabar el disco “Iron Man”, de Pete Townshend, además de ser productor de grandes figuras como Ex-3, Los de Adentro y Cabas, siendo un activista y convencido de la causa animalista.  “Los olvidados” o “Vivir sin crueldad”, “No llores más”, son álbumes que ha producido de manera independiente desde que se radicó en Bogotá en 2003.   

El surgimiento del movimiento Punk en USA e Inglaterra (con su sonido enérgico y rápido), como alternativa al Glam rock, al Hard rock o al  rock progresivo, marcaría una pauta importante en las nuevas generaciones a finales de los 80 y 90. Aquí se darían manifestaciones como el Hard core (“La pestilencia”, “Flema”, “Desorden Total”, “Cizañosas”), Thrash metal (“Agony”, “Neurosis”, “Undertreak”, “Masacre”, etc.) con influencias de Death metal. Es interesante constatar la virulencia de aquellas bandas, que reflejan el inconformismo y falta de esperanza de toda una generación sumida en la violencia y el narcotráfico, con su humor negro y doble sentido.  Grupos como “I.R.A.”, “BSN”, “Libra”, “Raxis”, “Mutantex” y “Restos de Tragedia”, “P-Ne”, “Amén”, “Ekrion”, “Profanación”, “Pestes”, “Blasfemia” y “Pestes” (Medellín) presentan propuestas muy diversas, que se darían a conocer por la banda sonora del film de Víctor Gaviria, “Rodrigo D. No futuro”.  

El rock latinoamericano empezaba a difundirse entre nosotros desde España (“Hombres G”) y Argentina (“Soda Stereo”, “Sui Generis”, Charly García, Pedro y Pablo, Víctor Heredia o Fito Páez, “Los Gatos”, “Manal” y “Almendra”), y dejaría  huella en el imaginario de bandas más urbanas como “Ekhymosis ”, “Cascabel”, “Zigma” , “Oxygeno”, “Iván y Lucía”, “La Derecha”, “Monóxido”, “Aterciopelados”, “Tránsito Libre”,  “Lunes 12”, etc. También merecen destacarse los trabajos de Ernesto Che Rozo (compositor de más de 100 temas), un estudioso de la guitarra que en los 80 formaba parte del grupo “Traphico” y  “EX-3” (una de las bandas más importantes  de los 90, que ha grabado un total de ocho álbumes), “The Ciberclicks”, “Bravo”, que lideró un proyecto de rock en fusión con el bambuco, llamado “BAMBUROCK”. 

Desde 1995, los Festivales de Rock al Parque han visibilizado el rock más joven. Esto dio a conocer nuevas fusiones: bandas de black metal con melodía sinfónica, como “Enebrabum”, “Maleficarum” o “Belcebú”, que aparte de sus mensajes subliminales tienen una propuesta muy interesante. En el género de gotic metal encontramos  fusiones de doon con black, como “Ethereal” y “Gaias pendulum”. El género gore metal, con “Purlent”, “Lesmaniasis”, “Curupira” o los los “Rolling ruanas”, presenta un panorama, que sin querer excluir a nadie, más o menos presenta un panorama actual del rock colombiano. Entonces cabe la presunta: ¿Qué tanto ha evolucionado nuestro rock?  Para lo cual preguntamos a algunos conocedores del género. 

Miguel Muñoz, guitarrista del grupo “Génesis”, respondió: “El rock colombiano, a decir verdad, no ha evolucionado mucho. Aunque hoy en día los jóvenes tienen mejores buenos instrumentos o incluso cada cual puede tener su estudio de grabación (en los 60s. hacer un disco era toda una odisea), aún falta mucho en relación con lo que sucede en otros países. En general se mantiene el mismo esquema armónico o se sigue notando la falta de estudio en las bandas. Aunque hay muchísimos géneros de ritmos por la variedad de nuestra música tropical y folclórica con sonidos diferentes, diría que aún falta desarrollar muchísimo más el talento y dejar de lado la improvisación. Yo considero que la mejor época del rock está por venir”. 

Douglas Ceballos (músico colombo-estadounidense que nació en N.Y), cantante de NYC 4SKINS, una banda de punk/new wave, “I am Mad”,  “White Neighborhooh y “Mr. Solo”, fue muy enfático al decir que no se sabe cómo llegan a escoger a estas bandas que participan en Rock al Parque. Y que han excluido a verdaderas leyendas como Chucho Merchán, porque además le exigen casting. Por otro lado, considera que no hay un mercado para la música original y muchas de ellas se presentan con “cover”. Según el músico, conocedor del ambiente neoyorkino en sus mejores épocas, no ha habido un verdadero éxito comercial desde los 90 en Colombia.    

Finalmente, el rockero underground, Felipe Szarruz, asegura que el rock nacional está pasando por un momento crítico, debido en parte a  las políticas culturales del momento, que desde hace décadas adolecen del conocimiento del contexto y reconfiguración de los géneros musicales populares conocidos como pop, folclórico, popular y sus fusiones.  De acuerdo con su estudio “Distorsiones: reconfigurando el rock colombiano” (2017), la ausencia de las características del género como el riff, la forma, el estilo, el compás o la misma jerarquía musical dentro de una fusión, está produciendo una crisis de identidad que no le permite avanzar al rock como industria creativa y profesional, al ser reemplazarlo por expresiones folclóricas, modernizadoras o simples adaptaciones de viejas músicas que hoy en día se presentan como el “nuevo rock”.  

 

Bueno, es evidente que no conozco la existencia de muchas bandas del país y sólo he querido cuestionar la realidad del rock en Colombia. Pero me quedo con la admiración de aquellas primeras grabaciones en estudios analógicos y de bandas que han logrado posicionarse dentro de la industria musical: “Aterciopelados”, “Diamante eléctrico”,  "1280 Almas" , "Bajo Tierra", “Equimosis”, “Porno motora”, “Kraken”, “Ethereal”, “Tenebrarum”, “Revolver plateado”, “La pestilencia”. Muchas fusiones siguen siendo válidas: “Río abajo” (rock urbano y punk); “Oh Laville”(indie-rock); “Sutmaat trio”(hip-hop, electri-rock); “Telebit”(indie-rock-electrirock); “The kitsch” (alternativo); “Los pettifellas” (rock, rap, jazz y softjazz); “Superlitio” (salsa, electrónica, reggae); “Chimó” (punk, rock, psicodélico y joropo llanero), “Consulado popular” (rock con folclore), “Doctor krápula”(ska con reggae, rock, punk , rocksteady, merengue, la salsa), lo que nos hacen creer que existe mucha creatividad en el rock colombiano, pero de pronto, por falta de formación o improvisación, se puede caer en una “desconfiguración” del género como tal, lo que seguramente perjudicará su propia evolución. NELLY ROCÍO AMAYA MÉNDEZ. Periodista cultural.    

 

 

 

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Nelly Rocio Amaya Méndez

Cultura

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